“Hace tres años, un miércoles, cumplía 40 semanas de embarazo. Ese jueves me levanté con contracciones. Estaba en trabajo de parto. Siempre tuve miedo de no darme cuenta cuando empezara el parto. Pero no. Se sentía súper claro. Llamamos a la partera. Me dice que vayamos a las 10 a la clínica si seguía así. Nos encontrábamos allá.

Y ahí arrancamos: -“Espero que no me hayas hecho venir en vano porque estaba por salir a correr”. Fue lo primero que me dijo. Yo pidiéndole disculpas por el trabajo de parto que se había desencadenado justo cuando ella tenía que salir a correr. -“¿Seguro que te vas a animar al parto vaginal? Sos médica. Te vas a re asustar. Andá a cesárea mejor”. Yo preguntando: -“¿Pasa algo con L.? ¿Tengo que ir a cesárea?”. -“No, pero sos médica. Te vas a asustar. Andá a cesárea que es más fácil para todos”. -“No, gracias. Intentaré no asustarme”. -“Te voy a romper la bolsa así hacemos todo más rápido”, dijo la obstetra mientras yo insistía que por favor no lo hiciera. “Y me rompieron la bolsa nomás. Episiotomía sin contarme, avisarme, decirme, anticiparme. Nada. ¿Qué me pasaron por la vía que me pusieron apenas entre? No lo sé, jamás me dijeron. Partera y obstetra revolearon los ojos todo el parto: -“¿Así vas a pujar? ¡No va a salir nunca!”. En un momento éramos 15 personas en la sala donde estaba pariendo. ¿Quiénes eran? No lo sé. Nadie me explicó quiénes eran o que hacían ahí. Nació mi hija por parto vaginal. La pusieron encima de mí. Estaban muy apurados. Se la llevaron porque “se va a enfriar”. -“Ponele más anestesia que está muy nerviosa y no para de preguntar todo”, dijeron mientras me drogaban tanto que yo quedaba medio adormecida. -“No podes agarrar a tu hija así. Se te va a caer. En la habitación, en unas horas, la agarrás”, me dijeron. Así fue mi primer parto”, contó la pediatra Jimena Le Bellot, quien brinda consejos permanentemente a través de las redes sociales y tiene más de 624.000 seguidores en Instagram.

“Les deseo a todas un parto respetado. Donde te expliquen. Donde no te asusten. Donde no te apuren. Donde te respeten. A vos y a tus hijos. Que la palabra ‘parto’ y ‘respetado’ no tengan que ir una al lado de la otra. Que lo obvio sea que todos los partos sean respetados”, concluyó su mensaje que, como muchos, se comenzaron a reproducir en esta semana.

Desde el 16 al 22 de mayo se lleva a cabo mundialmente la semana del Parto Respetado bajo el lema “El respeto por las necesidades de la madre y su bebé en cualquier situación” que busca promover la importancia de contemplar en las medidas de cuidado para covid-19 los derechos de las personas gestantes y sus bebés.

¿Por qué llegamos a este punto de pedir que se respeten los deseos y la salud de los protagonistas de ese momento crucial? A principios del siglo XX los partos comenzaron a realizarse en los hospitales para disminuir la mortalidad materno-neonatal y tener la asistencia necesaria ante cualquier situación que se produjese. Los profesionales de la salud se volcaron lentamente a utilizar tecnología y procedimientos destinados a los embarazos de riesgo en todos los casos. Esto fue alejando a las madres del parto natural sin que se lograse una mejora en los resultados perinatales. Hasta hace no mucho tiempo a las protagonistas de los partos, las mujeres y sus parejas, se les brindaba poca o ninguna información sobre los procedimientos que se le iban a realizar. En 1985, la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una reunión en la ciudad brasileña de Fortaleza y de ese encuentro surgió la declaración “El nacimiento no es una enfermedad”, que inició el proceso de transformación del modelo de atención. “A esto se sumó un marco legal internacional y local que procura rescatar el papel activo que debe tomar la mujer y su familia en el cuidado del embarazo y del/la recién nacido”, explicó la OMS.

En Argentina, la Ley Nacional Nº 25.929 de Parto Respetado que fue aprobada el 26 de agosto de 2004, estableció la implementación de una campaña destinada a concientizar a la sociedad, sobre la importancia del acompañamiento de la mujer en el parto por una persona de su elección, y de los beneficios que significa para la salud del binomio madre-hijo.

En un parto respetado o humanizado se priorizan los derechos de las madres, los niños, las niñas y sus familias en el momento del nacimiento, acompañándola a través de la toma de decisiones seguras e informadas. Es hacer que la persona gestante siga su propio pulso de parto evitando todo tipo de intervenciones innecesarias y pueda decidir la forma de controlar el dolor durante el parto. ¿Cómo se llega a esto? Hablando durante el embarazo y el parto con los médicos obstetras que acompañarán. Solicitar que en la clínica y el hospital alguien nos informe sobre cómo será el parto y la asistencia previa y posterior al mismo ya que dentro de cada institución varía todo.

Los derechos de la persona gestante y de los bebés están establecidos por Ley, por eso también hoy es imperativo brindar y solicitar información al respecto. Durante la pandemia, especialmente en los primeros meses de aislamiento cuando se conocía muy poco sobre la covid-19, quienes parieron sufrieron numerosas violaciones a sus derechos –los controles durante el embarazo y muchos partos se hicieron en total soledad para la embarazada-. Sin embargo, prevalecían los derechos ya mencionados con algunas recomendaciones generales que había que seguir para evitar contagios.

En nuestro país hay un teléfono en el cual se puede solicitar información o denunciar maltrato o violencia obstétrica. El número 0800-222-3444 funciona de lunes a viernes de 9 a 21 hs. Sábados, domingos y feriados: 9 a 18 hs. También se pueden comunicar por mail: [email protected]

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