Alberto vuelve a las fuentes, y “vende” a la Argentina como potencial granero del mundo

Sin pisar Moscú ni Kiev, el Presidente ofreció comida y energía a la Europa en guerra. A diferencia de lo que ocurría hace un siglo, el país importa ciertos bienes críticos que pretende exportar. Durante la gira, Fernández dijo que no había guerra cuando se encontró con Putin en enero y se decantó por un orden “multipolar”

PRESENTACIÓN. Ante los líderes europeos, Alberto describió al país como “proveedor estable y seguro” y como “un socio fiable en América latina”. PRESENTACIÓN. Ante los líderes europeos, Alberto describió al país como “proveedor estable y seguro” y como “un socio fiable en América latina”. REUTERS

La guerra en Ucrania “europeizó” a Alberto Fernández, quien durante su última gira por España, Alemania y Francia exaltó los vínculos que unen a esas naciones con la Argentina, y recordó a sus respectivos líderes que el país dispone de los productos que se tornaron escasos. El mensaje remite al mito de la Argentina como granero del mundo de la Segunda Guerra Mundial: la semejanza concluye en el punto en el que se advierte que el Presidente pidió inversiones para producir los bienes estratégicos que pretende exportar, y que, en el caso del gas, hoy se ve obligado a importar tal y como lo hacen los posibles socios y clientes que visitó. La Argentina sólo tiene para ofrecer un potencial inmenso como el de Vaca Muerta, promesa que por el momento no alcanza para sustituir la usina de Rusia.

Acuciado por las dificultades económicas domésticas y con una crisis en su coalición política, el Presidente aseguró que su viaje a Europa estaba motivado por la guerra y su repercusión planetaria, aunque no pisó Moscú ni Kiev. Y si bien dijo que nadie podía sacar beneficios de esta crisis porque, por ejemplo, el alza de los alimentos afectaba globalmente, sus discursos públicos reflejaron la vocación por aprovechar la oportunidad. Ante el jefe de Estado español, Pedro Sánchez, Fernández presentó al país como un “proveedor estable y seguro” de comida y energía. En presencia del canciller alemán Olaf Scholz, el mandatario definió al país “como un socio fiable en América Latina”. En el Elíseo y con el presidente francés Emmanuel Macron, el inquilino de la Casa Rosada se puso a disposición de la paz, y refirió que el planeta necesita más alimentos y más proteínas, no más misiles.

La gira por Madrid, Berlín y París contrasta con el periplo de enero, que había incluido escalas en Moscú y Pekín. En una comparecencia con el autócrata Vladimir Putin en el Kremlin, Fernández había postulado a la Argentina como puerta de entrada de Rusia en Latinoamérica, y cuestionado a los Estados Unidos y al Fondo Monetario Internacional (FMI). La semana pasada, tanto Scholz como Macron felicitaron públicamente a Fernández por haber renegociado la deuda externa, y por haberse sumado al bloque de los países que, con Estados Unidos a la cabeza, condenaron la invasión rusa.

Sin remordimientos

El planteo de Fernández respecto de cuál debe ser el papel argentino en la conflagración no despejó el fantasma de Putin. El interrogante surgió en las entrevistas exclusivas que el Presidente concedió a algunos medios europeos. “¿Dónde está la Argentina en el mundo con esta guerra? ¿Se arrepiente de haber ido a Moscú a ver a Putin dos semanas antes de la guerra? Fue muy criticado…”, le preguntaron en El País. Fernández respondió: “no, ¿cómo me voy a arrepentir? Yo no fui a ver a Putin por la guerra, lo fui a ver porque la Argentina necesita inversiones y Rusia expresaba interés de invertir. No fui a hablar con Putin de la guerra, días después también hablé con el chino Xi Jinping. Algunos medios argentinos, con posiciones dominantes en el mercado, quisieron convertir esto en un alineamiento ideológico que no es. Somos firmes defensores del multilateralismo, creemos que la Argentina debe conectarse con el mundo sin alineamientos automáticos y respetar las reglas del derecho internacional. No me arrepiento. Si lo hubiera hecho a sabiendas o me hubieran invitado a hablar de la guerra o a involucrar a la Argentina en eso, no habría ido”, respondió.

Los acercamientos con China también pasaron a un segundo plano, y resurgió en la escena el accidentado acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur que había promovido con énfasis la administración del ex presidente Mauricio Macri. “Hablamos sobre este entendimiento y creemos que hace al interés de ambas regiones alcanzar progresos: estamos dispuestos a apostar por ellos. En este contexto quisiera subrayar que desde nuestro punto de vista son necesarios compromisos vinculantes acerca de normas medioambientales, sociales y de protección de los derechos humanos, sobre todo, medidas para preservar las superficies forestales existentes”, manifestó Scholz en la conferencia de prensa conjunta. “Creo mucho en el vínculo entre el Mercosur y Europa”, refirió por su parte Fernández, quien atribuyó la falta de avances más al proteccionismo de sectores económicos europeos y a las desigualdades entre ambos bloques que a la imposibilidad de acordar una política ambiental común.

Alemania es uno de los países más dependientes del gas barato de Putin y uno de los más afectados por los efectos colaterales de la guerra. Fue allí donde Fernández vendió con mayor énfasis las reservas naturales nacionales. “Estoy convencido que tenemos mucho para dar. Argentina es hoy un reservorio de lo que el mundo está demandando en el presente. Somos grandes productores de alimentos, somos grandes productores de energía. Tenemos la segunda reserva de gas no convencional, que nosotros queremos que sirva para proveer gas licuado al planeta. Allí tenemos una gran oportunidad para trabajar junto a Alemania, que tiene una historia de inversión en la Argentina y puede confiar en nosotros”, aseguró.

Intenciones

La gira terminó sin anuncios más allá de que el jefe de Estado argentino confirmó que, en su adhesión del multilateralismo, mantiene la intención de acercarse al grupo de las economías emergentes donde están Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (Brics), y descartó la moción de expulsar a Putin del G-20. Fernández asimismo cuestionó las sanciones impuestas a Moscú por parte de las potencias de Occidente y precisó que la Argentina “objetivamente no tiene muchas sanciones económicas para aplicar a Rusia” porque su vínculo comercial y económico es “casi nulo”. En contrapartida, Fernández subrayó que con Europa había todo un pasado conjunto, y un futuro igualmente grande y promisorio por compartir.

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