21 Junio 2002 Seguir en 
"Más allá del rostro cotidiano de las cosas, captar lo entrañable, lo profundo que con un amplio latido estremece el universo, creo que es, en definitiva, lo que intentamos expresar cuando escribimos un poema. El poeta es como un instrumento que indaga en la entraña revulsiva de los días. Más allá de su solidaria ternura, su testimonio es revelación, denuncia de la crisis contemporánea que ha arrinconado al hombre entre el miedo y la desesperanza, y pretende comunicar a través de su palabra lo que merece ser rescatado. Entonces recoge solitario y maduro; en su sagrada intimidad es su planetaria aventura lo que convoca su expresión.
Este tiempo caracterizado por el facilismo y la propaganda ruidosa, donde la ambición y el poder se atrinchera tras armas sofisticadas, va insensiblemente envolviendo al hombre en el estupor y el miedo.En ese escenario conflictuado y polémico y polémico, patético reflejo actual transita, a lo largo de toda mi obra, El Protagonista. Es como un tímpano abocado a todas las estridencias, al latido en que gravita el ritmo de una humanidad confusa. El largo monólogo que sostiene consigo mismo es sólo un pleito que hace suyo, ante todo conflicto humano. Inquirir, escudriñar hasta acercarse a la certeza, es el origen de sus impulsos.Palpitante, comunicativo, solidario se alza al mismo tiempo desafiante y rebelde. El se rebela contra un presente y un porvenir circunstanciado contra el desorden, el hambre, el descreimiento. Deambula desvelado, dolorido, sintiéndose casi prisionero de un presente caótico, del sombrío interrogante que abre pausadamente las puertas de un nuevo siglo, manteniendo la inquietante incógnita del futuro.El Protagonista reniega de lo que mansilla el manso curso del agua, el tibio pulmón del nido, la semilla tan dulcemente grávida... porque ama la vida. En la mirada de un niño, en la estación delirante de los frutos, en el pan que inaugura su jornada, en el grillo que se obstina sin razón aparente. Más allá del principio elemental, ha penetrado en el asombro; pero le arrastra, le conmociona, le fatiga un tiempo entorpecido en permanente estado de alerta.
Entonces, más allá de un planteo personal, eleva su voz de protesta sin solemnidades, intenta traducir el desfile incesante de ambientes, de personajes de acuciantes circunstancias que constituyen la crónica del hombre actual. El ámbito en que está sumergido, la cifra incambiable a la que está ligado su destino, es lo que transparentan las distintas etapas que atraviesa como un viajero absorto en un ahondamiento vertical.La ausencia de señales positivas, a veces, carga su acento de pesimismo. La certidumbre de su impotencia tiene la medida de su protesta, que revela la clausura de su propio grito.
Si bien en sus pasos iniciales quiso y pudo salir al encuentro de la aurora, de la brisa, del follaje, del color y de la música de un trino; si su pupila accedió al encantamiento... de pronto, abruptamente, un día de innumerables caminos lo arrastró a él también en su caótica corriente: un soplo siniestro oscurecía el horizonte, caía el árbol con sus nidos fusilados y la tarde rendida se tendió hacia la lluvia lavando sus heridas. Entonces, frente a un paisaje desconcertante, agresivo, El Protagonista desentraña su confusión y su tristeza.
La comedia humana ha cambiado de escenario pero no de hechos a través de los siglos. El poeta es depositario de una esperanza, y cree que cuando la comprensión, la fe, la solidaridad guíen los actos humanos, se revertirá sin dolor, sin conmociones, la fisonomía del paisaje".
Este tiempo caracterizado por el facilismo y la propaganda ruidosa, donde la ambición y el poder se atrinchera tras armas sofisticadas, va insensiblemente envolviendo al hombre en el estupor y el miedo.En ese escenario conflictuado y polémico y polémico, patético reflejo actual transita, a lo largo de toda mi obra, El Protagonista. Es como un tímpano abocado a todas las estridencias, al latido en que gravita el ritmo de una humanidad confusa. El largo monólogo que sostiene consigo mismo es sólo un pleito que hace suyo, ante todo conflicto humano. Inquirir, escudriñar hasta acercarse a la certeza, es el origen de sus impulsos.Palpitante, comunicativo, solidario se alza al mismo tiempo desafiante y rebelde. El se rebela contra un presente y un porvenir circunstanciado contra el desorden, el hambre, el descreimiento. Deambula desvelado, dolorido, sintiéndose casi prisionero de un presente caótico, del sombrío interrogante que abre pausadamente las puertas de un nuevo siglo, manteniendo la inquietante incógnita del futuro.El Protagonista reniega de lo que mansilla el manso curso del agua, el tibio pulmón del nido, la semilla tan dulcemente grávida... porque ama la vida. En la mirada de un niño, en la estación delirante de los frutos, en el pan que inaugura su jornada, en el grillo que se obstina sin razón aparente. Más allá del principio elemental, ha penetrado en el asombro; pero le arrastra, le conmociona, le fatiga un tiempo entorpecido en permanente estado de alerta.
Entonces, más allá de un planteo personal, eleva su voz de protesta sin solemnidades, intenta traducir el desfile incesante de ambientes, de personajes de acuciantes circunstancias que constituyen la crónica del hombre actual. El ámbito en que está sumergido, la cifra incambiable a la que está ligado su destino, es lo que transparentan las distintas etapas que atraviesa como un viajero absorto en un ahondamiento vertical.La ausencia de señales positivas, a veces, carga su acento de pesimismo. La certidumbre de su impotencia tiene la medida de su protesta, que revela la clausura de su propio grito.
Si bien en sus pasos iniciales quiso y pudo salir al encuentro de la aurora, de la brisa, del follaje, del color y de la música de un trino; si su pupila accedió al encantamiento... de pronto, abruptamente, un día de innumerables caminos lo arrastró a él también en su caótica corriente: un soplo siniestro oscurecía el horizonte, caía el árbol con sus nidos fusilados y la tarde rendida se tendió hacia la lluvia lavando sus heridas. Entonces, frente a un paisaje desconcertante, agresivo, El Protagonista desentraña su confusión y su tristeza.
La comedia humana ha cambiado de escenario pero no de hechos a través de los siglos. El poeta es depositario de una esperanza, y cree que cuando la comprensión, la fe, la solidaridad guíen los actos humanos, se revertirá sin dolor, sin conmociones, la fisonomía del paisaje".







