Manzur y Jaldo ensayan una transversalidad a la tucumana

Manzur y Jaldo ensayan una transversalidad a la tucumana

Juan Manzur y Osvaldo Jaldo han inaugurado la etapa de transversalidad de su gestión de gobierno. La designación del radical Fabián Soria como ministro de Obras y de Servicios Públicos, además de profundizar los recelos y las quejas en el peronismo tucumano, ha confirmado que el jefe de Gabinete y el gobernador interino, más allá de las cuestiones ideológicas, de las diferencias, de los compromisos asumidos y de la pertenencia partidaria, priorizan lo pragmático.

Algunas muestras ya había dado Manzur al inicio de su primer mandato, cuando vaticinó por televisión el sepulcro político de Cristina Fernández de Kirchner. Luego, con ella como gran electora y hacedora del triunfo en los comicios de 2019, debió esforzarse para enmendar aquel ataque de ansiedad. También exhibió sus dotes acomodaticias –y aquí se suma Jaldo- el año pasado, cuando después de una interna brutal, que superó límites en cuanto al tenor de los ataques y de los reproches mutuos, ambos hicieron de cuenta que nada había pasado y se organizaron para instaurar el primer gobierno colegiado en Tucumán.

La elección de Soria como ministro coordinador de las obras públicas provinciales supone, además, una ratificación de cómo se reparte el poder en la provincia. La idea de condensar en una cartera todas las áreas ejecutivas surgió en el seno del jaldismo a fines del año pasado, pero el elegido para conducirla habló primero con el jefe de Gabinete. Resultan reveladoras las palabras del propio Soria en declaraciones que formuló a inicios de esta semana en el piso de LG Play. Aunque el decano de la Tecnológica local se esforzó por ser ecuánime en los agradecimientos a la dupla gobernantes, en dos pasajes de la entrevista dejó en evidencia el orden. “Los dos; estaban juntos y Manzur me llamó por teléfono apenas se fue el Presidente”, respondió cuando la periodista Gabriela Baigorrí le preguntó quién lo había convocado. Luego, a la hora de agradecer el llamado, se sinceró aún más: “Enormemente agradecido con el doctor Manzur, igualmente con el contador Jaldo”.

Lógicamente, en la teatralidad que impone la política tanto Manzur como Jaldo se adjudican a Soria en cuanta ocasión tienen. Hay que decir, en su favor, que supo en estos años desde la Universidad Tecnológica sembrar buenas relaciones con el gobernador en licencia y con el vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo. Mediante convenios con Jaldo y gestiones para instalar un campus en Banda del Río Salí (bastión electoral del tranqueño) y mediante su mención permanente como posible ministro de Educación del manzurismo durante los tiroteos legislativos a Juan Pablo Lichtmajer. Sí, vale mencionar, la creación de este nuevo Ministerio estuvo en pausa durante unos meses hasta que el jefe de Gabinete y el mandatario interino lograron encontrar un nombre que les sirviera de tapón político-electoral mutuo. ¿Quién podrá capitalizar los eventuales logros que pueda conseguir el nuevo funcionario? Antes que idoneidad en el cargo -y sin dudar de la capacidad técnica y de la trayectoria de Soria-, está claro que Manzur y Jaldo priorizaron no sacarse una ventajita con vistas a 2023.

Esta semana, en una entrevista con Jorge Fontevecchia en Perfil, Sergio Massa se refirió a la coalición de gobierno que imagina para las elecciones del próximo año. Y dejó una concepción muy interesante respecto de la transversalidad en la política. “Estamos aprendiendo los gobiernos y las oposiciones frentistas cómo es una coalición”, dijo. Y amplió: “Claro, que la construcción de la coalición tenga, además, verticalidad y no transversalidad”. A lo que apunta el presidente de la Cámara de Diputados, en pleno desafío del cristinismo al albertismo, es a que cualquier acuerdo político electoral incluya reglas de respeto a la autoridad. Bajado al plano tucumano, ese razonamiento resulta absolutamente aplicable a la radiografía que hoy muestra el peronismo a partir de la nueva sociedad Manzur-Jaldo.

La gestualidad suele decir mucho sobre cómo se estructuran las relaciones. Y la imagen de ayer en el despacho de la Gobernación sirve de síntesis: para recibir al canciller Santiago Cafiero no estuvo Jaldo sentado en el sillón cabecera de la sala, sino Manzur. En paralelo, la secuencia para que dos áreas vinculadas a las obras públicas de menor escala queden afuera de la órbita del ministro Soria también sugiere esa dinámica. Cuentan que desde la Secretaría General de la Gobernación, que conduce la manzurista Silvia Pérez, se encargaron de avisarles a Christian Rodríguez (Ente de Infraestructura Comunitaria) y a Carlos Assán (Secretaría de Saneamiento y Servicios Públicos) que desde Buenos Aires habían llamado para que ambas estructuras se reporten directamente allí y no estén en el nuevo organigrama. ¿El motivo? Claramente político y electoral. Rodríguez diseñó un equipo con ex concejales y dirigentes capitalinos (aparecen Luis Marcuzzi, José María Franco, Esteban Dumit y ahora el ex alfarista Damián Márquez) y gestiona las obras directamente ante la Jefatura de Gabinete de la Nación. Y Assán conduce uno de los acoples más fuertes de San Miguel de Tucumán.

El desembarco de Soria, finalmente, muestra otra particularidad. Fue celebrado por la oposición, en especial proveniente del radicalismo (donde milita la mayoría de sus amigos y su hijo), y objetada en charlas informales por los peronistas. Muchos funcionarios que estarán bajo su dependencia alzaron la voz en estos días y hasta avisaron que podrían dar un paso al costado. Hay quienes interpretan en la Casa de Gobierno que sólo fue un pataleo porque, el nuevo ministro, podría exponer las demoras en la ejecución de muchas obras que ya podrían presentar mayores avances. En ese caso, en el jaldismo desempleado se frotan las manos porque imaginan que si se producen vacantes, ellos tendrán una oportunidad de hacer pie en el Gobierno. Aunque pierdan las ilusiones, vale advertir que los antecedentes de coberturas en este último tiempo no son demasiado alentadores para los dirigentes de este espacio.

La gran pregunta que se hacen manzuristas y jaldistas es a cuál de los dos “jefes” sirve más esta transversalidad, que no sólo es externa sino también –y principalmente- interna. Porque de uno y de otro sector aseguran que Manzur y que Jaldo representan espacios y proyectos diferentes que quedarán expuestos en 2023. Por un lado, el jefe de Gabinete está expectante a lo que suceda a nivel nacional: si el Frente de Todos no presenta una oferta competitiva y es derrotado en las urnas, Manzur debería afianzarse en la provincia para resistir desde aquí a un eventual gobierno nacional opositor. ¿Cuál sería la estrategia? Primero, definir si el gobernador interino será el postulante a la Gobernación, para lo cual deberá sortear antes el rechazo de un sector importante de su entorno que no digiere ni vislumbra como tal esa alternativa. Luego, rodear a Jaldo con gente de su círculo más íntimo para mantener el poder. Por el otro, Jaldo parece estar dispuesto a deponer las armas mientras dure esta tregua: ha llegado a la conclusión de que es más factible tener esa chance estando sentado en el sillón de Lucas Córdoba que tirando piedras nuevamente desde la Legislatura.

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