Inflación, la preocupante herencia que dejó 2021

La suba de alquileres, el aumento en los alimentos imprescindibles y en la indumentaria motorizan el costo de vida en Tucumán.

ALIMENTOS. El Gobierno intenta frenar la subas con acuerdos de precios.  ALIMENTOS. El Gobierno intenta frenar la subas con acuerdos de precios.
Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 16 Enero 2022

El dato de inflación de 2021 no sólo es preocupante por el incremento sostenido de los precios que se ha dado en Tucumán, con una inflación anual del 49,55%, sino porque en diciembre pasado el precio de los alimentos ha experimentado una suba del 5,4% (la inflación de ese mes había sido del 4,1%, según los datos de la Dirección de Estadística de la Provincia). La evolución de esos precios deja un arrastre estadístico para este 2022 que impactará de lleno en la Canasta Básica Total (CBT) y, por ende, en la tasa de pobreza del Gran Tucumán-Tafí Viejo del año que se fue.

De acuerdo con los datos oficiales, durante 2021 se ha encarecido los precios de la categoría “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles”, con un reajuste interanual del 59,8%, poco más de 10 puntos porcentuales respecto del índice general. Esto se ha dado por los reajustes observados a lo largo de 2021 en el precio de los alquileres y, además, a los incrementos de valores y de consumo observados en las tarifas de los servicios (en la primera mitad de 2021) y en la nafta y el GNC. Otro de los rubros que registró mayores subas de precios ha sido el de “Prendas de vestir y calzado”, con un alza del 57,47% durante el año pasado. En tanto, el rubro “Alimentos y Bebidas no alcohólicas” cerró 2021 en torno del 51%.

Si bien el cálculo de la CBT, la canasta que marca los ingresos mensuales mínimos para no ser considerado pobre, se difundirá el próximo miércoles, el dato de inflación de diciembre permite inferir que aquel valor rondará los $ 68.000 por mes para un matrimonio con dos hijos, lo que a su vez marcará un encarecimiento interanual de esa canasta de unos $ 22.000.

Durante la semana, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) había difundido que la inflación en el país había sido del 50,9% durante 2021, lo que representa un incremento de 14,8 puntos respecto de 2020. Además ha sido levemente menor a la de 2019 (53,8%) este es el segundo mayor registro anual en tres décadas. El registro de inflación para diciembre fue de 3,8% a nivel nacional. Sin embargo, la inflación núcleo (que desafecta los bienes y servicios estacionales y regulados por el gobierno), se ubicó en torno a 4,4%.

Respecto de los rubros, el podio de mayores alzas de precios a lo largo del año fue ocupado por el segmento de Restaurantes y Hoteles con una suba del 65,4%, a partir de la recomposición de márgenes tras lo perdido en toda la pandemia y a raíz de la recomposición del turismo.

Diagnósticos errados

Según advierte Invecq Consulting en su último reporte, el régimen inflacionario de la Argentina ya ha cambiado. “Hace 15 meses consecutivos que la inflación núcleo no baja del 3% y en un tercio del tiempo se ubicó por encima de 4%, con un promedio total de 3,8%, lo que significa una inflación del orden del 56% si esto se replicara durante 12 meses”, remarca. “Es claro entonces que los diagnósticos errados o que las medidas laxas tendrán poco efecto en una economía que cuenta con un alto desorden de precios relativos y sobre todo de expectativas de los agentes, que la falta de un programa económico acrecienta de cara a 2022”, acota.

De acuerdo con el análisis de la consultora, son tres las claves fundamentales que nos permitirían reducir la inflación.

-La primera es la necesidad de cerrar el déficit fiscal.

-La segunda es la desindexación de los contratos de toda la economía que dejen de poner presión a la inflación futura.

-La tercera pasa por estabilizar el tipo de cambio.

“Todas deben suceder con un buen poder comunicacional que permita transmitir credibilidad al programa. Podríamos pensar que el gobierno está solamente intentando cumplir una, pero a costa de un cepo cambiario y con expectativas de devaluación cada vez más acrecentadas. Es por ello que, tal como lo prevé el mercado, pensar en una inflación para 2022 por debajo de la actual es solamente una expresión de deseo, pero el escenario no está dado para que ello ocurra”, señala el reporte de la firma que dirige el economista Esteban Domecq.

Con los números de cierre de 2021, es posible dividir el período de financiamiento del déficit en dos. El primer tramo, hasta junio, permitió que el mismo fuera financiado 52% a través de la colocación de instrumentos de deuda local, mientras que el restante 48% correspondió a la emisión monetaria. Desde entonces, a partir de que el déficit dejó de ser moderado y el gobierno aumentó sus erogaciones, el porcentaje de roll-over comenzó a descender y en el acumulado solamente el 24% del déficit fue financiado con deuda local. Es decir que tuvieron que emitirse cerca de 4,6% del PBI para financiar el déficit del Tesoro, un récord histórico si no se tiene en cuenta 2020 que debió ser solamente atípico.

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