Imagen ilustrativa

La teoría económica señala que los impuestos no deben distorsionar las decisiones ligadas al trabajo, la inversión y la producción. En este aspecto, los impuestos no deberían aplicarse antes o durante el proceso productivo.
¿Con qué objeto?
Sencillamente, para que este sea hecho de la manera más eficiente posible desde el punto de la asignación de factores productivos (maximización de la producción).
¿Cuáles son los impuestos que cumplen con esta condición?
El impuesto al valor agregado (IVA) que se aplica cuando el proceso productivo de cada eslabón de la cadena termina y se ejecuta la venta, como así también el conocido impuesto a las Ganancias que también se ejecuta cuando termina el proceso productivo y a la propiedad (en Argentina son Bienes Personales e Inmobiliario y Automotor). Cabe destacar que estos son los impuestos preponderantes en países desarrollados con sistemas productivos que funcionan verdaderamente de manera eficiente.
¿Qué ocurre en nuestro país más allá de esto?
De manera superpuesta se aplican impuestos que distorsionan las decisiones en el proceso productivo. Se aplica impuestos al empleo (cargas sociales), a las transacciones financieras (impuesto al cheque), al comercio exterior (aranceles a las importaciones y derechos de exportación), a la energía y otros productos (impuestos internos). Por su parte, las provincias aplican el impuesto a los contratos (sellos) y un impuesto a las ventas superpuesto con el IVA (Ingresos Brutos). Mientras que los municipios, aplican tasas de comercio e industria que originalmente eran de monto fijo, pero devinieron en porcentajes de las ventas. De esta forma, las ventas en nuestro país tienen tres impuestos (IVA, Ingresos Brutos y tasas de comercio e industria). Es este “circuito” el que distorsiona las decisiones económicas.
¿Y qué generan?
Las cargas sociales inducen a los empleadores a huir a la toma de asalariados registrados. El impuesto al cheque, asimismo, induce al pago en efectivo. Los aranceles encarecen a los insumos importados y los derechos desalientan las exportaciones. Con tres impuestos a las ventas, la informalidad es moneda corriente. También, es el impuesto al cheque más impuesto a los sellos, entre otras, lo que encarece el crédito para el productor tanto cuando abre una cuenta corriente bancaria para capital de trabajo como cuando vende con tarjeta de crédito.
En la actualidad estos impuestos distorsivos representan la mitad de la presión impositiva nacional y provincial. Causa por la cual se estima que cerca de la mitad de las ventas se hacen en la informalidad, al igual que las relaciones comerciales entre proveedores y comerciantes o las relaciones laborales. Si la informalidad es la norma no es raro enfrentar un estancamiento económico constante como corolario.
Esta situación exige reducir los impuestos distorsivos. Y es por tal motivo que en 2017, se firmó el Consenso Fiscal, para hacerlo gradualmente. Ese esquema (el supuesto subyacente era que la economía crecería y así los Estados provinciales podían ir compensando la reducción de sus impuestos distorsivos, especialmente Ingresos Brutos) fracasó porque era inconsistente.
Naturalmente, si dichos impuestos son los que impiden crecer, partir del supuesto que la economía crecerá para bajar los “impuestos distorsivos” es ilógico. Y de esta manera se llegó a otro acuerdo: detener las reducciones de Ingresos Brutos comprometidas en el Consenso 2017. Lo que cambió respecto al 2017 es que no existe el compromiso a hacerlo.
Recientemente, se optó por una nueva suspensión de la baja de impuestos provinciales prevista. Esto marca, el fracaso de la estrategia de reducción gradual de impuestos distorsivos y la necesidad de un replanteo del impuesto a los Ingresos Brutos. El eje del cambio debería ser que el IVA absorba Ingresos Brutos.
¿Por qué?
Según datos del Ministerio de Economía, la presión impositiva total (nacional más provincial) pasó de 24% en el 2004 a 29% del PBI en el 2020. Siendo que el IVA en el 2004 representaba el 26% de la recaudación total y bajó al 24% en el 2020. Ingresos Brutos aumentó del 10% al 13% de la recaudación en el mismo período. Este último tiene una alta y creciente participación en la recaudación total cuando lo recomendable es fortalecer el IVA. Estar a favor de un sistema tributario más neutral y progresivo no es coherente con apelar a un impuesto altamente distorsivo.
¿Qué sucede?
Ingresos Brutos es más fácil de recaudar. En sí, la última agenda firmada es el reconocimiento del fracaso de esta estrategia del gradualismo. Esto debe motorizar la búsqueda de estrategias alternativas para salir de la trampa de los impuestos distorsivos y generar crecimiento económico. Al final del día, la vía más interesante es unificar impuestos tendiendo hacia un sistema con menos impuestos y que sean menos distorsivos.
En el caso de los impuestos a las ventas, claramente el IVA es superior a Ingresos Brutos. Es por esto que se podría eliminar Ingresos Brutos y compensar la pérdida de recaudación con una alícuota más elevada en el IVA. Aunque la alícuota del IVA ya es alta, unificando no se aumenta la presión impositiva sobre las ventas, sino que se transparenta y se aplica con un solo impuesto menos distorsivos. En el caso de los impuestos distorsivos nacionales, habría que tender a hacerlos parte de pago de Ganancias para que queden absorbidos por el otro impuesto no distorsivo.







