El capricho y la obstinación de un ex gobernador lo llevaron a tomar la lamentable decisión de trasladar el Siprosa al edificio destinado al funcionamiento del Instituto Cardiovascular. A tal punto, que no le importó desaprovechar (y arruinar) una moderna y excelente infraestructura y al mismo tiempo violar las condiciones de la donación a la Provincia del edificio de Mendoza y Rivadavia, que fijaba que se hacía con el fin específico de ser utilizado por el sistema de salud. La realidad no se puede soslayar: los numerosos hechos delictivos dirigidos hacia quienes trabajan en el lugar (el brutal ataque del 14/6 a la empleada Torrente ya colmó la medida) demuestran que las cosas deben ser cambiadas y que tienen que volver a instalar el Siprosa en su local original. Las autoridades actuales, demostrando amplitud de criterio y de justicia, tienen la oportunidad de hacerlo.
Alfredo Arnaldo Albertus
Pje Japón 1.433
S.M. de Tucumán
EL FMI
¡Extraordinario! El FMI nos está visitando una vez más, y van... ¿Es que realmente se sienten sumamente cómodos o descubrieron que en un país de "cuarta" se vive mejor que en ninguna otra parte del mundo, con restaurantes que compiten con los mejores del globo terráqueo en calidad, exquisiteces, y todo por dos pesos? O es que en las condiciones que debieron establecer se olvidan de algunas, como no haberse dado cuenta de que el presidente debía vetar el artículo 4º de la Ley de Subversión Económica, procediendo como aquel mozo que olvida la bebida, la sal y cuántas cosas más, y cansado manifiesta: "qué se le va hacer, el que no tiene cabeza debe tener pies". Considero que las públicas manifestaciones del país del Norte indican que quieren ayudarnos desde siempre, pero debemos hacer bien los deberes. Por ejemplo, miremos a Brasil: antes de que pidieran nada ya le otorgaron $10.000 millones. Pero a no desesperar, el doctor Menem fue a Washington y con su ayuda pronto resolveremos todos los problemas.
José Victorio Barbieri
Federico Rossi 119
Yerba Buena-Tucumán
MONODROGA
La tremenda crisis de pobreza ocasiona la muerte de mucha gente por faltas de medicamentos. Como monodroga, un medicamento puede costar 4 o 5 pesos. La misma droga genérica fabricada con un nombre fantasía cuesta 20 o 30 pesos. Algunos médicos, por desconocimiento, no recetan las monodrogas. Mientras tanto, se está perdiendo la posibilidad de contar con un elemento masivo para abaratar costos. En Tucumán, en la ex Quinta Agronómica de la UNT, la Facultad de Bioquímica fabrica estos productos. En un gesto de solidaridad, quizás más cercano al de compasión -porque implicaría ponerse en el lugar del que sufre una enfermedad y no se puede curar por no tener $30-, ¿no podría la comunidad médica, más allá de la relación con el visitador médico, interiorizarse sobre estos productos para prescribir su uso? A los funcionarios del Gobierno provincial, los que queden honrados y sensibles, ¿no les interesaría comprar estos medicamentos para entregarlos gratuitamente a los indigentes?
Carlos Alberto del Pino
Laprida 642
S.M. de Tucumán
LOS CHALCHALEROS
Los Chalchaleros nos dijeron adiós. Dejan la actividad profesional e inician un merecido tiempo de descanso. ¿Qué nos dejan? El gran ejemplo de que se puede trabajar y crecer siendo fieles al estilo originalmente escogido, con esforzada dedicación, honradez, sin venderse "al mejor postor". Y todo esto con exquisita perseverancia por más de cincuenta años. Imitemos a estos sencillos y a la vez grandes compatriotas para crear un futuro libre y digno para que las próximas generaciones no se avergüencen de la clase dirigente, y no tengan que aceptar el desarraigo a cambio de un empleo o ver a los mayores buscar su seguridad en monedas extranjeras y a extranjeros robarse su seguridad.
Julio E. M. Marteau
Salas y Valdés 1.037
Yerba Buena-Tucumán
INJUSTICIA
La reciente Segunda Cumbre contra el Hambre y el Subdesarrollo que se efectuó en Roma, con la participación de representantes de más de 130 países, produjo una declaración que contenía un compromiso: erradicar el hambre hasta el año 2015 en el planeta. Y un agregado: para el 50% de la población que lo padece. La pregunta necesaria: y el otro 50%, ¿qué? Y otra pregunta más, también necesaria, para poder comprender cómo desde los países desarrollados, poderosos, se diseña la vida, el futuro, de los demás: ¿recién en 2015? Si los países poderosos desarrollados de la Tierra aportaran sólo una parte de sus gastos un armamento para resolver el hambre y el subdesarrollo en gran parte de la humanidad, no sería necesario, como dicen, esperar hasta 2015 y no se condenaría a ese otro 50% a la indigna condición de ser un sector humano en extinción. Nada menos que por hambre. Esta es la verdadera ecuación de la injusticia: en el mundo se gasta en la preparación para la guerra casi 2 millones de dólares por minuto. Darnos cuenta de esta situación y trabajar en todos los ámbitos por revertirla es una tarea de todos, en todo el mundo. Ese es el sentido del desarme. Es el modo de prepararnos para la paz.
Carlos Duguech
25 de Mayo 736
S.M. de Tucumán
LA EFICIENCIA
Para arreglar una diferencia de facturación de $6,75, una compañía multinacional de informática necesitó 3 días, dos e-mails, cuatro llamadas telefónicas y 30 minutos de conversación. Dos compañías de telefonía fija no pudieron darme el teléfono de un abonado en Bogotá en dos días, pero yo lo obtuve en 3 horas. Una institución financiera extranjera y dos redes internacionales de cajeros automáticos no pueden, después de 21 días, informar la tasa de cambio que usan para sus operaciones en cuenta corriente. Jeff Hylden, de Washington DC, sostiene (Atlantic Monthly, enero 2002) que el programa para aterrizar en Marte fracasó debido a problema de ingeniería causado por distracciones impuestas al personal científico de la NASA para preparar informes sobre comercialización, contabilidad y acoso sexual. A la luz de esta evidencia empírica, ofrezco a la comunidad científica un nuevo corolario a las leyes de Murphy: "la eficiencia de un servicio es inversamente proporcional a los medios disponibles para prestarlo".
Daniel C. Lecuona
lecuonalaw@sinectis.com.ar







