Se nos fue el "Griego" y la cultura tucumana está de luto

A los 67 falleció Miguel “El Griego” Frangoulis, creador de una librería que fue (y seguirá siendo) mucho más que eso.

13 Nov 2021 Por Claudia Nicolini
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Se nos fue el Griego. Se llamaba Miguel Frangoulis, pero era (es y seguirá siendo) el Griego, el creador de ese lugar mágico donde convivieron (por primera vez en Tucumán) una librería y un bar, y que rápidamente fue ampliando horizontes. Y entonces, fue (es y seguirá siendo, como Miguel) también centro cultural y espacio de debate, de buena música, de encuentro, de militancia, de refugio, de abrazos...

El lugar donde -frecuentemente con un pocillo de café y un “pucho” en la mano- sus consejos eran la mejor receta para los indecisos; donde sus carcajadas estallaban sonoras; donde su humor y sus ironías podían estar a la orden del día, y -también- donde se podía recibir alguno de sus gruñidos, tipo “yo de eso no vendo”. Es que él sabía muy bien qué era lo que quería acercarle a la gente, y entre “eso que quería” resaltaban la poesía, la política...

“No se trata de poner libros en una góndola, como en un supermercado; aunque no puedo olvidar, sin embargo, que la librería es un comercio, que sirve para que alguien pueda leer lo que otro escribió, y que ese autor pueda vivir de ello”, destacó en 2007, al recibir el Premio a la Trayectoria de la Fundación El Libro.

Un hogar para la cultura

Tampoco era cualquier libro. Es más, no era sólo libros... Porque aunque su profesión fue la de librero, Miguel se dedicó casi 50 años a la promoción cultural.

Ese lugar mágico de la calle Muñecas al 200, donde además armó la Sala Paco Urondo, no fue su primera librería, pero -indican los resultados- fue la que resumía su sueño, compartido por su familia: un sitio donde los tucumanos tuvieran contacto directo con la cultura.

Así, albergó presentaciones de libros, teatro, cine (como el ciclo “Cine de la memoria”), música (entre otros, el Primer Festival Nacional de Jazz Fusión)... Por allí pasaron escritores de la talla del uruguayo Eduardo Galeano, o del cubano Roberto Fernández Retamar; el dibujante REP, Horacio Verbitsky y Juan Gelman.

Dolor (y honores) a la tucumana

Se nos fue El Griego; hacía tiempo estaba enfermo, pero no tenía intención de bajar los brazos. Tenía 67 años, una esposa, dos hijos, una nieta... y miles y miles de amigos/compañeros.

“Somos muchos los que estábamos unidos a él por el entrañable lazo de los sueños y de las utopías -dice con la voz quebrada Rosana Herrera de Forgas-. Estoy muy triste; se nos va otro luchador, uno empedernido, ‘el más tierno de los cascarrabias’, como decía Ignacio Copani”. “Nos habíamos conocido de muy jóvenes, por la militancia; y nos reencontramos ya de viejos, para, empuñando los sueños, intentar dejarles un mundo mejor a los nietos, a su Joaquina que él adoraba tanto”, agrega.

“Se ha muerto mi segundo papá”, resume María Lacroix, hija de Jorge Lacroix, su “amigo hermano” (según describe Rosana).

“Desde que nací hay un Griego en mi vida, me crié en ese lugar. Desde que tengo recuerdos y desde que la librería existe, mi papá (fallecido hace algunos años) iba todos los sábados a desayunar, y yo también iba muchas veces”, añade. “Miguel siempre se encargó de que yo sintiera y supiera que él estaba ahí, incondicionalmente para mí”, agrega.

“En el velorio -añade, un poquito más serena- vi a las personas que llegaban, y me da la sensación de que, de alguna manera, todos sienten al Griego como propio; y esto es, justamente, lo que él ha logrado construir a lo largo de su vida. Todos sentimos que hemos perdido una parte nuestra”.

“Debo de haber tenido unos 15; el Griego debía ser un treintañero; en esa época era un gordo barbudo sentado tras la caja de la librería que quedaba en la Córdoba, al lado del Correo -rememora Sebastián Nofal, psicólogo y escritor-. Cuando descubrí la librería quedé alucinado. Al fondo, a la derecha y abajo, en la sección de poesía, tenía esos libros que -pensaba- no iba a encontrar nunca. Entonces, elegía, y demoraba horas en elegir”.

El relato, emocionado, sigue así: ‘¿Que vas a llevar algo, o qué?’, me dijo Miguel con la peor onda. ‘Poca guita, tengo que elegir’, contesté con el mismo tono y levanté la cabeza para ver si venía a echarme. Pero no; bajo todo ese pelo y toda esa barba vi por primera vez que los ojos le brillaban un montón y me sonreía. Cuando finalmente encontré el equilibrio entre lo que quería y la plata que tenía, me acerqué a la caja. Revisó lo que había elegido, y en vez de mirar los precios (anotados con lápiz en la primera página), puso los libros en una mano y, mirando el techo -como quien calcula el peso-, me dio un precio ridículo. Lo miré sin entender. ‘Y... te tiene que quedar plata para los cafés que tenés que tomar para leer’, me dijo”.

Cerca de 30 años pasaron, y Sebastián elige despedirlo así: “el Griego era leyenda donde fuera. Pero para muchos fue nuestro librero, el poeta, el hermano mayor, una parte hermosa de nuestra vida. El guía para ser menos gil, mucho más sensible y entender que lo político está siempre en nuestra vida. Y que siempre vamos hasta la victoria. Ni un poquito menos”.

“Los grandes se quedan”

¿Se nos fue el Griego? Ayer se llevaron su cuerpo a un cementerio de Yerba Buena, pero...

“El Griego no se fue, seguirá en cada uno de los que tuvimos el privilegio de actuar, pensar y soñar con él. Porque, desde la humildad de un grande, trabajó sin descanso por la cultura de Tucumán, con el compromiso al extremo, con la alegría de la tarea realizada... -dice Raúl Armisén, presidente del Teatro Mercedes Sosa-. No se va, porque los hermanos no lo hacen, y era mi hermano. No se va porque está en dos hermosas semillas, Carolina y Juan Manuel, y en su incondicional compañera, Silvia. Los grandes se quedan en nosotros; Miguel está”.

“Él nunca se va a ir, porque ya es una parte de todos nosotros, y es una parte fundamental de Tucumán”, asegura María... y somos (sí, perdonen la primera persona) muchos los que estamos de acuerdo con Raúl y con María.

Y entonces, la respuesta es no. Miguel no se fue. Vive y vivirá en el corazón de (un montón de) los tucumanos.

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