Cómo salir de la crisis y encaminarse hacia una estabilización económica

El economista Jorge Vasconcelos plantea que la Argentina tendrá que mezclar gradualismo con shock, para evitar un "Rodrigazo".

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Las crisis son cada vez más recurrentes en la economía argentina. La incertidumbre forma parte del lenguaje común entre los agentes económicos a partir de la falta de resolución de problemas estructurales como la inflación, el tipo de cambio, la falta de inversión, el desempleo y la pobreza. A este escenario se suma las particulares características de un año electoral que pone más nervioso al mercado. Y vuelve la clásica pregunta acerca de qué es lo que más le conviene a la Argentina: ¿shock o gradualismo?

Hoy no existen las condiciones previas que permitieron lanzar el plan Austral, ni tampoco podría recrearse la Convertibilidad. A su vez, con gradualismo será extremadamente difícil salir del andarivel de una inflación instalada en el 50% anual, con riesgos ciertos de seguir escalando. Sin margen para programas elaborados en secreto y reformas aprobadas en 24 horas, la salida habría que buscarla en una reforma monetaria que permita desindexar la economía, preanunciada pero a ser completada en un lapso de un año y medio/dos años, período que debería utilizarse para avanzar en todas las reformas necesarias para alejar el riesgo de un “Rodrigazo” en una primera instancia, creando las condiciones para una estabilidad sustentable el “día después”, plantea el economista Jorge Vasconcelos, del  Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral).

A diferencia del Austral y de la Convertibilidad, que fueron anunciados “por sorpresa”, explica el experto, existe un antecedente de plan de estabilización de shock pero “secuenciado”, que es del Plan Real, anunciado a fin de 1993, aprobado en el Congreso brasileño e implementado meses después. De hecho el “Real” recién entró en circulación el 1 de julio de 1994, posibilitando que la tasa de inflación pasara del andarivel del 40% mensual a menos del 3% en unas pocas semanas. Los contratos se desindexaron, pero lo que dio credibilidad inicial al plan fue una política fiscal que duplicó el superávit primario del sector público, de 2,3% del Producto Bruto Interno (PBI) en 1992 a 4,3% en 1994, con un cambio en las expectativas que derivó en una duplicación de las reservas netas del Banco Central, de U$S 32.200 millones a U$S 60.100 millones entre 1993 y 1996.

No es posible anticipar en qué momento habrán madurado las condiciones políticas en la Argentina para este tipo de debates, pero puede inferirse que aceleraciones adicionales de la tasa de inflación, que de ningún modo pueden descartarse, habrán de comenzar a hacer mella en la coraza de una parte de la dirigencia política, todavía abrazada al “statu quo”. "El taxi de la deuda pública, asociada a los déficits fiscales, habrá de dejar cada vez menos espacio a los argumentos “escapistas”. Cuando se mide correctamente la evolución de la deuda pública, excluyendo los compromisos intra-sector público e incluyendo los pasivos del Banco Central, todo esto neto de las reservas liquidas del Banco Central (BCRA), se tiene un asombroso paralelismo entre el 2015/19 y el 2019/21: en el primer período la deuda pública aumentó a un ritmo anual acumulativo de 19.500 millones de dólares (tipo de cambio oficial) mientras que, desde fin de 2019 hasta el presente, el incremento ocurre a razón de 20.500 millones por año", puntualiza.

¿Qué propone Vasconcelos para comenzar el camino hacia una normalización económica en la Argentina?

-Para proponerse estabilizar la economía lo primero es atarse a una política fiscal que permita proyectar un descenso gradual pero sostenido del ratio deuda pública/PBI. Esta es, a su vez, una de las principales condicionalidades de cara a un eventual acuerdo con el FMI. Sin embargo, la trayectoria de esa variable hoy sigue siendo divergente, ya que con un Presupuesto 2022 que proyecta un déficit primario de 3,3 puntos del PBI, la deuda pública seguirá engordando en términos del Producto.

-Objetivos ambiciosos en materia de superávit primario sólo podrían lograrse en coordinación con los gobernadores de las 24 provincias, eliminando superposición de partidas presupuestarias entre Nación, Provincias y Municipios, reordenando los sistemas previsionales y generando incentivos para el blanqueo de la economía, en base a una progresiva sustitución de los impuestos más distorsivos (Ingresos Brutos, al cheque, retenciones y demás).

-A su vez, es imprescindible volver a achicar el monto de los subsidios económicos, que estarían llegando este año al equivalente a 3 puntos del PBI, con precios relativos que se están distorsionando a mucho mayor velocidad que durante el “cepo original” (entre 2012 y 2015). Volver a acercar el set local de precios relativos a los parámetros internacionales es clave para la reducción de los subsidios, que deberán limitarse a financiar un esquema de tarifas sociales . A su vez, la recuperación del concepto de tarifas que cubran sus costos tiene directa vinculación con los incentivos a la inversión.

-Si en la etapa inicial del plan de estabilización se intentara unificar el mercado de cambios como en 2015, habría una sobredemanda de divisas por motivo atesoramiento, explicada por el riesgo de la eventual reaparición del cepo si algo no funcionara en línea con lo previsto por las autoridades. De todos modos, el tipo de cambio oficial de “equilibrio” no sería el actual. La política cambiaria deberá tener en cuenta el deterioro sobre la competitividad generado por la suba del gasto público.

-Recalibrar la política cambiaria es la única forma de lograr que las operaciones de comercio exterior puedan normalizarse, prescindiendo de cepos y controles, contemplando también, dentro del mercado oficial de cambios, la demanda de las empresas y del Estado para cumplir sus compromisos de deuda externa y dejando margen, al mismo tiempo, para que el Banco Central pueda recuperar reservas netas.

No hay que subestimar el impacto positivo que podría llegar a tener eliminar los cepos que generan el “riesgo de aprovisionamiento”, advierte. El fracaso de la tablita cambiaria implementada este año para contener la evolución de los precios mayoristas, que en teoría deberían estar alineados con la variación del tipo de cambio, es la principal evidencia del elevado costo que tienen las trabas al comercio exterior y a la disposición de divisas para esa operatoria, considera. Remover estos cepos ayudaría a acotar el traspaso a precios de eventuales devaluaciones del futuro.

En la remoción de trabas que hunden la producción y la inversión por debajo del potencial, la referencia obligada debería ser lo ocurrido en los primeros años de vigencia del Plan de Convertibilidad, así como las medidas del lado de la oferta aplicadas en distintas etapas del plan de estabilización de Israel, iniciado a mediados de 1985, que a la postre resultó el más exitoso de los programas que combinaron ajuste fiscal y desindexación de la economía, recuerda. A propósito del “Plan Shekel”, también es una guía en materia de política salarial en contextos de desindexación, evitando distorsiones por la distinta duración de los convenios laborales.

¿Cómo establecer la duración apropiada entre el lanzamiento del plan de estabilización y la introducción de una nueva moneda para desindexar la economía?, se pregunta el investigador de la Fundación Mediterránea.

-En la experiencia del “Plan Real” ese período fue de seis meses, tiempo breve en función de la magnitud de los desequilibrios a corregir en la Argentina. Pero tampoco se puede abusar del “gradualismo”, porque entonces se habrá de diluir el efecto positivo sobre las expectativas. Desde el punto de vista técnico, quizá el período apropiado se ubique entre un año y medio y dos años, pero serán las convicciones políticas las que finalmente lo definan, si es que en algún momento se decidiera avanzar en esta dirección.

-Por su diseño, la materialización y el éxito del “Plan Real” dependía enteramente del tratamiento por el Congreso de las leyes presentadas por el Ejecutivo. Pero, a su vez, las inevitables medidas de ajuste fiscal quedaron conectadas directamente ante la opinión pública como el paso necesario para que la tasa de inflación se desplomara. Siempre quedó claro que la tarea de estabilizar la economía era una entera responsabilidad de la dirigencia política, sin que existieran opciones “milagrosas” diseñadas por economistas iluminados.

-En Brasil, en el momento de la introducción del Real, los precios “spot” de la economía no sufrieron ningún tipo de congelamiento, y se desindexaron “por decreto” los contratos vinculados a alquileres, cuotas, educación privada y demás. A partir del momento en que esos contratos vencían, hubo libre negociación entre las partes. El gobierno que eventualmente ejecute un plan de estas características en la Argentina deberá ser consciente que, mientras más tareas queden pendientes en el plano fiscal y en las reformas del lado de la oferta, más contaminada quedará la nueva moneda de las “viejas condiciones” de la economía, y el costo será el de una inflación que no habrá de aterrizar en el andarivel anual de un dígito.

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