Efecto de sombra rosa

(De "Si soy tan inteligente ¿por qué me enamoro como una idiota?, por Gabriela Acher, Sudamericana, Buenos Aires).

18 Junio 2002
"Estaba yo mirando un programa en el Discovery Health y me costaba creer lo que escuchaba, pero la periodista que daba el informe parecía muy seria. ?La comunidad científica está de fiesta, y profundamente conmovida, ante un hecho sin precedentes. La Dra. Prudence Esceptic, del Instituto Latinoamericano de Investigaciones SPM (Soltera Pienso Mejor), de Taho Lindo, en la Baja California, ha logrado -después de décadas de exhaustivo trabajo- aislar al escurridizo virus del romanticismo. Este es un virus que ataca a 150 de cada 100 mujeres y que produce un efecto de sombra color rosa sobre la inteligencia de la paciente. Dicha sombra va invadiendo poco a poco todas las capas de la conciencia, hasta que la persona es prácticamente incapaz de diferencia un gato de una liebre.
?En ocasiones, ha llegado a producir un verdadero surco en la corteza del cerebro de la víctima, provocándole febriles alucinaciones, como ver príncipes en los sapos, la ilusión de que un hombre es diferente a otro, etc. En dichos casos, y si no se la trata a tiempo, la persona intoxicada es capaz de pasarse el resto de su existencia besando sapos, tragando sapos y depilándose las piernas.
?O, lo que es aun peor, puede llegar a trabajar toda una vida para ser Madonna, y terminar vestida de traje sastre. El virus es transmitido genéticamente por vía materna sólo a las hijas mujeres, y su consecuencia directa es la adicción al amor, otra característica típicamente femenina.
?Los estudios han demostrado además -de forma incontrovertible- que, a lo largo de la historia, los hombres han cruzado los océanos en busca de nuevos mundos, y las mujeres han cruzado los océanos para casarse con alguien que aún no han visto...(...)...
-¿Me puede contar algún otro caso?
-Otro caso paradigmático fue el de la esposa de un conocido boxeador, Mano de granito Achával, un tipo que era tan macho que hasta los dientes los tenía de acero. Es cierto que ella terminó volando por una ventana, pero la verdadera causa de su muerte fue la intoxicación con romanticismo.
-¿Usted está segura?
-¡Absolutamente!... Nunca me voy a olvidar de un reportaje que le hicieron a la pobrecita años atrás, la primera vez que él la había tirado por la ventana, y el periodista le preguntó: Dígame, señora, su marido... ¿le pega mucho? Y ella le contestó: No, sólo lo normal. Ahí me di cuenta de que a ella el romanticismo ya le había hecho metástasis. Y efectivamente, al poco tiempo se murió, con un libro de La bella y la bestia en la mano. Sus últimas palabras fueron: "El me prometió que iba a cambiar?.
Apagué el televisor, y tuve que reconocer que la noticia me desestabilizó completamente. ¡Así que era un virus!... ¡Qué horror!... Y pensar que durante tantas generaciones las mujeres estuvimos infectadas sin saberlo, ¡y no sólo eso! ¡Hemos estado transmitiendo esos paquetes sin abrirlos, de generación en generación, a nuestras hijas mujeres!
Ese mismo día me puse en contacto con esa doctora no sólo para felicitarla, sino para apoyarla por el bien que le estaba haciendo a la humanidad, y para manifestarle mi más profundo agradecimiento porque a partir de ese descubrimiento iba a comenzar toda una nueva etapa en la historia de la mujer".

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