17 Junio 2002 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Justo en el momento en que se había logrado cierto reordenamiento en las finanzas públicas, un grado de control impositivo ponderable, o por lo menos, frenar la caída violenta en la recaudación de meses anteriores, y parecían progresar los acuerdos entre Nación y provincias para reducir el déficit y presentar una ejecución presupuestaria más ordenada, la situación se empezó a desbordar por otros flancos.
Sigue el desfonde en lo financiero, con la inhabilidad del Gobierno -reflejada en peleas entre Roberto Lavagna y Mario Blejer- para encontrar una salida al "corralito" bancario, que concilie los objetivos de movilizar dineros para una economía de producción y sustitución de importaciones, pero sin que esto termine en una hiperinflación y en una por ahora contenida corrida cambiaria. La constatación es que los bancos están absolutamente descapitalizados, ya que sólo podrían devolver uno de cada cuatro pesos de depósitos a la vista. A esto se agrega el anuncio de Lavagna de que no les va a dar un peso más de redescuentos, ya que el Estado les entregó 19.000 millones en lo que va del año, lo que parece preanunciar cierres de entidades.
Y, más de fondo, la continuidad de la parálisis económica con empresas extranjeras que abandonan el país o reducen al mínimo su presencia, y la decisión de reducir planteles y salarios en el sector privado, excepto aquellos rubros directamente vinculados al comercio exterior.
Sin embargo, las inversiones incluso en el sector aparentemente privilegiado de las exportaciones, se siguen demorando por incertidumbre frente a la inexistencia de fuentes de financiamiento (la factura de crédito, en este contexto, no aporta ninguna solución). Pero además temen que el Estado se apropie por vía impositiva del mayor ingreso que puedan generar las exportaciones, y que no sólo se adueñe de la diferencia cambiaria sino también de la mayor competitividad alcanzada a través de la reestructuración de las empresas. Esto lleva a muchos hombres de negocios a pensar que más vale cerrar y llevarse el dinero, antes que luchar con desventaja por mantener las puertas abiertas. A pesar de todo esto, el frente fiscal dio señales de firmeza a través de diversos instrumentos, como el buen rendimiento del impuesto al cheque (que a su vez implica que los bancos están colaborando con la DGI) y que las retenciones a la exportación están en su plenitud. Es decir que los exportadores están liquidando divisas a pesar de que la demanda de dólares del público no cede. Además, la propagación inflacionaria dio lugar a un incremento en el ingreso fiscal por IVA que es una ganancia neta para el fisco. En tanto, los gastos del Estado, habiéndose suspendido los pagos de la deuda externa y sin comprar casi ningún insumo ni bien de capital importados, son casi todos en pesos.
Investigación
El Impuesto a las Ganancias en sí disminuyó sustancialmente. No se sabe si porque no hay ganancias o si porque las que hay fueron prolijamente ocultadas o las mandaron a refugios fiscales seguros, como parece indicar una investigación de AFIP basada en información levantada del secreto bancario, que arrojó una presunción de ganancias no declaradas por 450 millones de pesos en declaraciones juradas de personas físicas y nada menos que 17.000 millones en empresas, mucho de lo cual se sospecha que es fraude tributario.Pero no es fácil que esta bonanza fiscal pueda prolongarse más allá del invierno, dado que no hay factores autónomos de dinámicas en las ventas que ensanchen la base contributiva. (DyN)
Sigue el desfonde en lo financiero, con la inhabilidad del Gobierno -reflejada en peleas entre Roberto Lavagna y Mario Blejer- para encontrar una salida al "corralito" bancario, que concilie los objetivos de movilizar dineros para una economía de producción y sustitución de importaciones, pero sin que esto termine en una hiperinflación y en una por ahora contenida corrida cambiaria. La constatación es que los bancos están absolutamente descapitalizados, ya que sólo podrían devolver uno de cada cuatro pesos de depósitos a la vista. A esto se agrega el anuncio de Lavagna de que no les va a dar un peso más de redescuentos, ya que el Estado les entregó 19.000 millones en lo que va del año, lo que parece preanunciar cierres de entidades.
Y, más de fondo, la continuidad de la parálisis económica con empresas extranjeras que abandonan el país o reducen al mínimo su presencia, y la decisión de reducir planteles y salarios en el sector privado, excepto aquellos rubros directamente vinculados al comercio exterior.
Sin embargo, las inversiones incluso en el sector aparentemente privilegiado de las exportaciones, se siguen demorando por incertidumbre frente a la inexistencia de fuentes de financiamiento (la factura de crédito, en este contexto, no aporta ninguna solución). Pero además temen que el Estado se apropie por vía impositiva del mayor ingreso que puedan generar las exportaciones, y que no sólo se adueñe de la diferencia cambiaria sino también de la mayor competitividad alcanzada a través de la reestructuración de las empresas. Esto lleva a muchos hombres de negocios a pensar que más vale cerrar y llevarse el dinero, antes que luchar con desventaja por mantener las puertas abiertas. A pesar de todo esto, el frente fiscal dio señales de firmeza a través de diversos instrumentos, como el buen rendimiento del impuesto al cheque (que a su vez implica que los bancos están colaborando con la DGI) y que las retenciones a la exportación están en su plenitud. Es decir que los exportadores están liquidando divisas a pesar de que la demanda de dólares del público no cede. Además, la propagación inflacionaria dio lugar a un incremento en el ingreso fiscal por IVA que es una ganancia neta para el fisco. En tanto, los gastos del Estado, habiéndose suspendido los pagos de la deuda externa y sin comprar casi ningún insumo ni bien de capital importados, son casi todos en pesos.
Investigación
El Impuesto a las Ganancias en sí disminuyó sustancialmente. No se sabe si porque no hay ganancias o si porque las que hay fueron prolijamente ocultadas o las mandaron a refugios fiscales seguros, como parece indicar una investigación de AFIP basada en información levantada del secreto bancario, que arrojó una presunción de ganancias no declaradas por 450 millones de pesos en declaraciones juradas de personas físicas y nada menos que 17.000 millones en empresas, mucho de lo cual se sospecha que es fraude tributario.Pero no es fácil que esta bonanza fiscal pueda prolongarse más allá del invierno, dado que no hay factores autónomos de dinámicas en las ventas que ensanchen la base contributiva. (DyN)







