PACTO. El gravamen a las multinacionales fue avalado por 130 países.

PARÍS, Francia.- Un camino sembrado de riesgos políticos espera a los países que buscan sellar la iniciativa para elevar los impuestos corporativos globales, a pesar de que 130 naciones han acordado revisar la forma en que se grava a las multinacionales.
Casi todos los 139 países que participaron en conversaciones en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) -con sede en París- respaldaron la semana pasada la idea de crear nuevas reglas para gravar las ganancias de las empresas, con una tasa mínima del 15%.
Con la tinta aún fresca, políticos jubilosos en países con impuestos más altos declararon que lo que el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, denominó “el acuerdo fiscal internacional más importante en un siglo” pondría fin a la competencia por recaudación fiscal entre los gobiernos.
Se espera que los ministros de Finanzas del G20 respalden el acuerdo en reuniones el viernes y sábado en Venecia, lo que da impulso a una iniciativa global que en junio llevó a ministros del G7 a apoyar medidas contra los paraísos fiscales, incluidas las Islas Vírgenes Británicas.
Las nuevas reglas que surgen del pacto de la OCDE están programadas tentativamente para entrar en vigencia en 2023, pero para que eso suceda, los países deben elaborar los detalles restantes para octubre a fin de que los códigos tributarios puedan revisarse em 2022, y algunos signatarios, incluidos India y Suiza, ya expresaron reservas.
Eso sugiere que la expectativa de una implementación en 2023 podría ser optimista, dado que muchos países tardaron años en ratificar una enmienda anterior de menor alcance a los tratados fiscales internacionales.
En la Unión Europea, el bloque comercial más grande del mundo en términos de riqueza del consumidor, el mejor vehículo para hacer cumplir las reglas sería mediante una legislación conjunta. Eso podría ocurrir durante el período de seis meses en la presidencia de Francia en el primer semestre de 2022.
Sin embargo, como todas las decisiones fiscales en la UE, esto requeriría el respaldo unánime de los estados miembros, y ninguno de los países con bajos impuestos -como Estonia, Hungría e Irlanda- apoyó el acuerdo de la OCDE. “Habrá presión sobre los tres países restantes para que cambien de posición”, dijo una fuente cercana a las negociaciones fiscales.
Otras complicaciones se asoman en Estados Unidos. La Comisión Europea presentará planes para un impuesto a los servicios digitales, necesario para el fondo de recuperación de 890.000 millones de dólares del bloque, pero la legislación podría impactar a Washington.
Como parte de un acuerdo más amplio, el Gobierno de Estados Unidos quiere que los países deroguen los impuestos nacionales sobre los servicios digitales, ya que considera que afectan injustamente a las empresas de Silicon Valley. (Reuters)







