BUENOS AIRES.- Los contactos entre la Argentina, el FMI y los Estados Unidos pueden leerse de distintas formas.
Pero no fue necesario que el gobierno de George W. Bush presionara abiertamente para que Eduardo Duhalde entendiera el mensaje, que también se hizo extensivo al Fondo, donde los EE.UU. ejercen una influencia directa.
No sólo quieren un plan sustentable en materia económica, sino garantías de que el proceso electoral y de renovación política de la Argentina sea serio y transparente. Y, sobre todo, que habrá una sucesión ordenada.
Por eso fue sugestivo el encuentro del viernes entre Duhalde y el embajador norteamericano James Walsh.
Su presencia en Olivos llevó alivio al Gobierno nacional luego de la catarata de versiones sobre una supuesta presión del Norte para que la Argentina vaya a elecciones anticipadas una vez logrado, aunque sea con fórceps, el ansiado acuerdo con el FMI, ahora condicionado, como se esperaba, a nuevas exigencias de ese organismo.
En el plan extranjero está también la renovación total de autoridades en el país y la elección de candidatos por internas abiertas y simultáneas, para buscar esa transparencia de la política.
Duhalde y los gobernadores peronistas tienen en claro que las elecciones anticipadas, después del acuerdo con el Fondo, que llegaría en julio, pueden ser una indiscutible realidad.
La idea que predomina entre los justicialistas es un llamado a elecciones en marzo próximo, como plazo mínimo.
Mientras tanto, habrá un largo camino por recorrer, tanto a nivel económico, social y político, donde evitar la hiperinflación, la hiperdesocupación y la hiperpobreza, entre otras cosas, será fundamental para dejar en pie la Nación frente a unos comicios que abrirán nuevamente la puerta de la esperanza.
Duhalde le habló a Walsh sobre su proyecto para transparentar el proceso electoral, tanto las internas de los partidos políticos, como los comicios nacionales. De paso, el embajador (que hace malabarismos para no demostrar la falta de afecto que Bush tiene por el Gobierno argentino) aprovechó para despegar a su país de las negociaciones que el FMI realiza en Buenos Aires, aunque nadie, que conozca los hilos internos del Fondo, puede negar la influencia que ejerce Washington.
Walsh y Duhalde coincidieron, por otra parte, en la necesidad de hacer muy transparente el proceso interno del PJ para elegir a su candidato a presidente, donde el gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, aparece como el favorito de Washington.
Escurridizo
Pero Reutemann es escurridizo y sólo decidirá qué hacer cuando esté seguro de poder manejar las cartas ganadoras en la interna del PJ y el país haya alumbrado un acuerdo con el FMI. Después de todo, sigue siendo el mismo ariano, terco y reservado, que no daba pasos en falso en la Fórmula uno, aunque sabe que la postergación de ese anuncio y las dudas que plantea lo están haciendo retroceder en las encuestas.
Cuenta con la ventaja del franco deterioro de la figura del cordobés José Manuel de la Sota, a quien los problemas de su provincia, lo pueden obligar, finalmente, a desistir de su proyecto presidencial para aspirar a una reelección como gobernador.
En el camino de Reutemann está Carlos Menem, quien comenzó a medir lentamente sus fuerzas y los posibles aliados en la interna peronista, aunque no pudo lograr, como esperaba, una señal de apoyo del presidente Bush.
Está claro que si Menem comprueba que no lleva las de ganar, dará un paso al costado no sin antes volcar su apoyo a un candidato, que no sería Reutemann si el gobernador acepta el apoyo de la provincia de Buenos Aires, controlada por el duhaldismo.
Lo cierto es que Duhalde y algunos legisladores y gobernadores del PJ están analizando la posibilidad de que, a partir de la reforma política que debe aprobar el Congreso, se arme una comisión del peronismo, por afuera de la estructura partidaria, para controlar el proceso interno de esa fuerza. Quieren a todos en la interna, inclusive a los rebeldes mediáticos como Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá.
Pero Menem no está de acuerdo. El quiere que todo pase por el Consejo Nacional del PJ, que lo sigue teniendo como presidente.
Así se lo hizo saber Eduardo Bauzá (uno de los principales operadores de Menem) a Duhalde, a través del ministro del Interior, Jorge Matzkin.
Toda la sociedad reclama una renovación de la dirigencia política y espera que las próximas elecciones sirvan para alcanzar esa meta. Pero la desconfianza abunda en una Argentina donde la cuestionada clase política no dio, hasta ahora, muestras de querer dar paso a una nueva generación. (DyN)







