16 Junio 2002 Seguir en 
Es difícil imaginar un hogar en el cual sus habitantes se dediquen a destruir las fotografías, los libros, las pinturas, los jarrones o el mobiliario que les legaron sus antepasados. Esos objetos afectivos se exhiben a menudo cuando se recibe a un huésped en la casa. A diferencia de otras provincias y de los países civilizados, los tucumanos no nos caracterizamos por cuidar nuestra herencia. A un turista le bastaría una breve recorrida por la ciudad para darse cuenta del nivel cultural de quienes en ella viven. Paredes sucias, basura por todos lados, aguas servidas, papeleros destruidos, plazas abandonadas, baches y veredas rotas saltan rápidamente a la vista del visitante. Pero no sucede lo mismo con los tucumanos ni con nuestros representantes, tal vez porque la mugre y la desidia se están haciendo carne.
Otra muestra del poco apego a cuidar nuestro patrimonio es la reciente mutilación de la escultura que recuerda el Descubrimiento de América, ubicada en avenida Belgrano al 4.200. Las esculturas que embellecen la ciudad son a menudo blanco de jóvenes vándalos alcoholizados, que seguramente provienen de hogares bien establecidos y educados.
No es, por cierto, la primera vez que esto sucede. El hecho es apenas un ejemplo de la peligrosa decadencia social en la que estamos inmersos. Destruir el patrimonio de un pueblo o de una ciudad significa una automutilación, y de la automutilación nada positivo puede brotar.
Otra muestra del poco apego a cuidar nuestro patrimonio es la reciente mutilación de la escultura que recuerda el Descubrimiento de América, ubicada en avenida Belgrano al 4.200. Las esculturas que embellecen la ciudad son a menudo blanco de jóvenes vándalos alcoholizados, que seguramente provienen de hogares bien establecidos y educados.
No es, por cierto, la primera vez que esto sucede. El hecho es apenas un ejemplo de la peligrosa decadencia social en la que estamos inmersos. Destruir el patrimonio de un pueblo o de una ciudad significa una automutilación, y de la automutilación nada positivo puede brotar.
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