Estados desunidos - LA GACETA Tucumán

Estados desunidos

En el Capitolio pudo verse en plenitud el germen del odio que los argentinos conocemos acabadamente. En Tucumán, el oficialismo pareciera tener más afinidad por los aviones que por las obras. La oposición sólo sabe de internas.

10 Ene 2021 Por Federico Diego van Mameren
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Elija una imagen del Capitolio. Cualquiera. Está claro que la democracia se lleva muy mal con el odio. A una forma de vivir donde se priorizan el diálogo, el consenso y la palabra le cuesta horrores aceptar la violencia, a los dueños de la verdad, a los que no aceptan críticas y a los soberbios incapaces de ponerse en el lugar del otro.

No hay vacunas contra el odio. La democracia sabe del respeto individual, del cuidado de los derechos, del saber escuchar, del valorar a la prensa como una mirada externa de la realidad, de buscar el consenso aún en la discusión más cerril. Ciudadanos enceguecidos atacando un Congreso que no es otra cosa que la casa del pueblo donde se alojan las personas que la sociedad ha elegido para que en forma conjunta tomen las mejores decisiones. Eso se ha visto. Y esa imagen ha llamado la atención. Pero lo importante fue la respuesta. No primó el odio. Tomó posesión del planeta la reflexión, la paciencia, el diálogo y la firmeza para tomar decisiones.

Apenas horas después del ataque, la Cámara volvió a sesionar y respaldó el resultado de las urnas que habían llenado los ciudadanos. Los propios senadores seguidores del poco presidente Donald Trump le dieron la espalda. Hasta su vicepresidente. No lo siguieron porque son del mismo equipo. Tampoco lo traicionaron. Fueron fieles con la cordura y con la democracia.

Pero hubo más reflexiones. Mientras los hombres elegidos por su pueblo ponían quicio; dos empresas autoproclamadas emblemas de la democracia virtual decidían cerrarle la voz a ese presidente errático, violento, lleno de odio y megalómano. Twitter y Facebook fueron despiadados, apagaron la palabra. Un hecho inadmisible en una democracia. Twitter reflexionó y reaccionó y, al poco tiempo, le devolvió la cuenta a Trump. Facebook actuó como Trump y hasta el cierre de esta edición mantenía su postura.

Es que los autoritarismos populosos (de derecha o izquierda) odian y no se llevan bien con la democracia. Pero la reflexión y la cordura fueron contagiosas y hasta lo hicieron pensar al mismísimo Trump. No mucho, claro. Le alcanzó para reconocer el triunfo de Biden no para comprometerse a asistir a la ceremonia y cumplir como lo ordena los protocolos y el respeto por la Constitución para entregar el poder. Ojalá aprenda.

Mirada global

La desmesura de Donald Trump ha generado un verdadero revulsivo a nivel global. Ha arrojado una bomba neutrónica contra el sistema político e institucional de su país al acusarlo de fraudulento y asociar esa conducta a encumbrados funcionarios y jueces. No conforme con ello, alentó la toma por asalto del parlamento, abortando la proclama del presidente electo.

Siempre mirado con recelo por los factores de poder norteamericanos, Trump encarna una inédita reacción populista de derecha, montada sobre el descontento social que ha generado la pérdida de beneficios del sistema de bienestar ante la recurrencia de las crisis económicas globales. No hay país europeo que haya resultado inmune al auge de fenómenos populistas, que de distintas maneras desafían a los esquemas republicanos e institucionales que habían emergido tras la segunda guerra mundial.

Estados Unidos ha quedado sometido a una fuerte tensión entre críticos y partidarios de Trump y ello ha hecho ver a algunos una reedición en el país del Norte de la grieta argentina.

¿Es eso así? Quizá la difundida denominación de “grieta” para designar la intolerancia y el fanatismo que hemos vivido los argentinos en los últimos 15 años, sea muy gráfica pero parece insuficiente para caracterizar el antagonismo entre los argentinos, que estaríamos banalizando si los circunscribimos al encono entre kirchneristas y anti kirchneristas.

Desde el fondo de lo historia, siempre hay una lógica binaria que se resuelve con violencia en nuestras luchas políticas. ¿Quién generó la “grieta” y quien se beneficia de ella? Sería una discusión interesante y seria, pero siempre que se realizara de buena fe y con honestidad intelectual. Porque lo que todos los argentinos debiéramos interpretar es que un país permanentemente partido en dos y sus fracciones enfrentadas a cara de perro, no puede tener un horizonte de desarrollo ni de grandeza.

Pero no estaría mal reflexionar sobre lo que se vivió en el Capitolio. Al igual que aquí, hay un germen de odio en la grieta que puede explotar. Depende de que las actitudes de los dirigentes sean lo menos “Trumposas” para tener un fósforo en la mano.

En los Estados Unidos se ha visto un serio deterioro institucional que desde el poder se ha fomentado. Cualquier parecido a nuestra Argentina no es casualidad. Hay una tercera similitud, cual es el germen de cooptar la Justicia para que el odio encuentre las grietas por donde discurrir.

Jugando al distraído

Tucumán es parte de este planeta. Esta semana la preocupación central ha sido discutir sobre el porqué se hicieron más o menos obras públicas en Tucumán. La cuestión fue si el gobierno actual o el de Mauricio Macri tenían la culpa. En eso se regodearon.

Lo curioso fue que hasta se sumó la Cámara Tucumana de la Construcción al debate. Es que el desvío de la dirigencia política, que sólo se interesa por llevar agua para su molino, contagia a las entidades intermedias. Muchos de sus dirigentes pueden ver que llegan o no fondos a la provincia, pero no cómo los sistemas de adjudicación o la democratización de los entes afecta la transparencia y hasta fomentan la corrupción.

El presidente de la entidad Jorge Garber se preocupó por echar leña al fuego en la discusión de macristas versus kirchneristas, pero no pudo contribuir a darle calidad al Instituto de la Vivienda cuando ocurrió el peor escándalo de corrupción en ese organismo. Tampoco exigió la normalización después de más de un cuarto de siglo de intervención. No obstante, esta semana llegó la noticia desde los Tribunales donde se hizo lugar al amparo (un poco lerdo ya que le llevó un lustro decidir) presentado por el ex legislador Alberto Colombres Garmendia para que en dos meses se empiecen a normalizar esa entidad y otras como el Instituto de Previsión Social y el IPLA.

¿La Provincia apelará esta medida? Hacerlo, lo mismo que haber actuado en esta causa, sería casi un acto casi antidemocrático. Pero en el mundo de los Trump, todo es posible.

Cuesta ver el daño económico y social que les provoca a las sociedades el irrespeto a las instituciones y la violación a las reglas de juego social e institucionalmente aceptadas. Los sistemas políticos que no están asentados en el consenso de las sociedades y se basan en el cumplimiento de reglas transparentes, a la larga eclosionan. Si desde la cúpula del poder no hay un esfuerzo por leer la realidad desde la sensatez y el sentido común, la cosa se agrava.

Si a ello se le suma el voluntarismo como lógica para la toma de decisiones todo se complica. Dice el diccionario que el voluntarismo es “la formación de ideas o toma de decisiones basándose en lo que resulta deseable o agradable de imaginar, en lugar de las evidencias o la racionalidad”.

El gobernador Manzur ha solicitado autorización a la Legislatura para la compra de un nuevo avión Lear Jet para su uso, pese a que la provincia cuenta ya con dos naves similares. Se supone que el gobernador ejerce sus funciones en la provincia y que en forma periódica necesitará trasladarse fuera del territorio para cumplir sus funciones. Y que además la provincia cuenta con senadores y diputados nacionales que son una suerte de embajadores ante el gobierno federal, sin contar con la existencia en de una representación oficial de la provincia con toda una estructura rentada para las gestiones en la capital del país.

De nuevo, el federalismo es una ficción en el país.

Mejor no tomarse en serio los considerandos, donde se menciona la Presidencia Pro Témpore de Manzur en el denominado ZICOSUR, una suerte de asociación de gobiernos subnacionales de algunos países de la región, que pergeñaron el ex gobernador salteño Juan Carlos Romero y sus homólogos chilenos de Antofagasta, y que no ha significado para la provincia beneficios de ningún tipo. Comprarse un avión para viajar a Antofagasta, Salta, Santa Cruz de la Sierra o Curitiba cada muerte de obispo es cuando menos una exageración.

Un poco más cerca de la realidad está la apuesta a “nacionalizar” la elección del año en curso. Por ello el gobernador aspira a que más que discutirse su gestión, se hablen de los logros que él imagina alcanzará la provincia gracias al aporte de la Nación: desde vacunas Sputnik V a obras públicas que el ministro Gabriel Katopodis es tan propenso a anunciar.

Ausencias brillantes

De la lección de los Estados Unidos se desprende la presencia de una oposición consolidada. En Tucumán eso brilla por su ausencia.

El PRO es un partido desintegrado. Muchos de sus dirigentes son PROpensos a recitar el credo de Creo. Otros, acostumbrados a las mieles del poder, se preocupan por estar conchabados en las intendencias de un peronista que cada vez cae peor en Juntos por el Cambio; o de radicales que tienen más acciones en Juntos por el Cambio que los propios dirigentes del PRO. Como si todos fueran resultado de lo mismo.

Además, la oposición también fue víctima de la fuerza de un federalismo inexistente, por eso casi todos los candidatos se eligieron desde Olivos o desde Buenos Aires, incluso al casi inexistente diputado nacional Facundo Garretón. Sin embargo, parece que no han aprendido la lección y se diluyen en las discusiones del oficialismo o de sus propias internas de poder.

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