La magia de Diego será eterna - LA GACETA Tucumán

La magia de Diego será eterna

26 Nov 2020 Por Jose Ariel Ibañez

Talentoso. Rebelde. Transgresor. Polémico. Ídolo. Amado, pero también odiado. El futbolista que se convirtió en el símbolo de una generación que disfrutó cada movimiento, cada gesto, cada jugada, cada gol. Único, irrepetible. Un pibe que nació en una villa y cuyo sueño era jugar un Mundial, pero terminó conquistando el mundo. Durante años defendió a los humildes y atacó a los poderosos. Por todo eso sus fieles seguidores lo pusieron al nivel de un ser divino. Todo eso y mucho más fue, es y será Diego Armando Maradona. La historia del fútbol se dividirá en un antes y un después de este emblema que vivirá por siempre en la memoria de los hinchas de cada rincón del planeta que disfrutaron con su juego y lloraron por su partida.

La muerte marca el final de la vida. Todos dirán que Maradona falleció el 25 de noviembre de 2020. Sin embargo, figuras como él nacen para ser inmortales. Su recuerdo seguirá vivo eternamente. Cada uno tiene en su mente momentos inolvidables que giran a su alrededor. Una foto. Un autógrafo. Un festejo. Un abrazo. Detalles mínimos que adquieren relevancia a medida que pasa el tiempo. Todo se potencia. Lo que hizo o dejó de hacer. Con el paso del tiempo sus hazañas se potenciarán. Su lucha será reivindicada y sus errores serán perdonados. “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”, fue una de las célebres frases que dejó el día del partido de su despedida.

A Maradona la rebeldía le quedaba bien. Nació en una casa muy humilde y llegó a lo más alto. Conquistó el mundo sin armas. Apenas necesitó una pelota como escudo protector para darle pelea a los poderosos que nunca entendieron todo lo que podía generar. Amó el fútbol como ningún otro. Defendió con orgullo las camisetas de los clubes, aunque siempre puso por encima de todo la celeste y blanca de la Selección. “Amarás a la Selección por sobre todas las cosas”, dice uno de los mandamientos de la religión “maradoniana”. Una vez dijo que lo único que pondría en su lápida era una frase que lo simboliza: “Gracias a la pelota”.

EL MEJOR DE LA HISTORIA. El segundo gol a los ingleses fue la obra maestra de Maradona.

Diego dibujó en la cancha como si tuviera un pincel en esa zurda mágica. Su juego fue un arte y el segundo gol a los ingleses, en México 86, fue su obra maestra. El mejor gol en la historia de los Mundiales fue el moño que le puso al triunfo contra Inglaterra, que fue para los argentinos mucho más que una victoria.

Diego le puso música a su juego. Fue fuente de inspiración para las letras de muchísimas canciones que simbolizan su personalidad. “Cae del cielo brillante balón. Toda la gente y todo el mundo ve. Una revancha redonda en su pie. Todo el país con él corriendo va. Caen las tropas de su Majestad. Y cae el norte de la Italia rica. Y el Papa dando vueltas no se explica. Muerde la lengua de Joao Havelange. Maradó, Maradó...”, cantaron Los Piojos. Ejemplos son muchos y alguna vez hasta se animó a grabar un tema con Pimpinela y compartió el escenario con Rodrigo.

Diego tuvo una vida de película y su vida llegó a la pantalla a través de documentales que repasaron los momentos buenos y los malos.

No se dedicó a la política, pero siempre estuvo involucrado en la lucha. Defendió y atacó a líderes de todo el mundo. Admiró por igual a Fidel Castro, a Carlos Menem, al Che Guevara o a Cristina Kirchner. Al Che lo llevaba tatuado en un brazo y a Fidel en su zurda. En los últimos años fue un kirchnerista incondicional y cuestionó a Mauricio Macri. A él todo le estaba permitido, tolerado y festejado.

Nápoles, a sus pies

Maradona hizo un culto de sus triunfos y sus derrotas. Sólo él fue capaz de darles a los napolitanos la alegría de ganar el scudetto de la Liga italiana, algo que parecía imposible para un club humilde como Napoli. La euforia que despertó desde que llegó en 1984 (fue recibido por más de 75.000 aficionados el día de su presentación) y se mantiene desde que partió en 1991 difícilmente se encuentre en alguna parte del mundo con otro jugador. El “10” le hizo conocer un universo desconocido a un equipo de tercer orden en Italia, que siempre fue minimizado por sus rivales, especialmente Juventus y Milan, los poderosos del norte. Es tanto el amor que sienten los napolitanos que sus corazones se dividieron en la semifinal del Mundial 90, cuando Argentina eliminó a Italia. Luego, en la final frente a Alemania, insultó a los italianos del norte que silbaron el Himno Nacional molestos por la eliminación que había sufrido días antes el seleccionado local.

SU SEGUNDA CASA. Más de 75.000 hinchas de Napoli le dieron la bienvenida en 1984.

Un luchador en todos los frentes. Eso fue Diego, que tuvo que cargar el peso de la fama durante muchos años y enfrentó los problemas de adicciones que lo llevaron al borde del abismo en varias oportunidades. “Carga una cruz en los hombros por ser el mejor; por no venderse jamás, al poder enfrentó. Curiosa debilidad, si Jesús tropezó, por qué él no habría de hacerlo. La fama le presentó una blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer, que lo hizo adicto al deseo de usarla otra vez involucrando su vida”, relataba la letra de la canción “La mano de Dios”, que popularizó Rodrigo.

Polémico como pocos, nunca renunció a sus principios. Su avasallante personalidad lo llevó a enfrentar a personalidades de diferentes ámbitos. Bravucón, desafiante y cambiante. No le importó quedar fuera de la mesa grande del fútbol cuando se dedicó a la conducción técnica. Fue el precio que pagó para no rendirse ante los que tienen el poder.

En su vida quedaron cuentas pendientes. No puedo concretar el sueño de ganar el Mundial de Sudáfrica 2010 como DT y llevar a Lionel Messi al Olimpo de los Dioses futbolísticos. Después tuvo que aceptar ofertas insólitas para seguir ligado al fútbol hasta que Gimnasia y Esgrima La Plata le abrió las puertas para conducir el plantel profesional.

¿Es Maradona el mejor futbolista de todos los tiempos? La eterna discusión divide las aguas. Pelé, Messi, Cristiano Ronaldo y otros marcaron diferentes épocas. Sin embargo, hay algo que lo diferencia. Su pasión, su entrega, su generosidad para jugar aunque estuviera lesionado. Los atributos individuales que tienen los otros, se concentran en su figura. Eso es lo que lo hace especial, diferente. Único.

En los últimos años el mundo futbolístico observó el duelo entre Messi y Ronaldo. Un placer para los fanáticos. Tal vez a las anteriores generaciones les quedó pendiente ser testigos de una pulseada de esas características entre Diego y Pelé. Cuando el argentino comenzaba a escribir las primeras páginas de su historia, el brasileño le había puesto punto final a su carrera. “Ciertamente, algún día patearemos una pelota juntos en el cielo”, fue el mensaje que publicó en las redes sociales el exjugador de Santos, de 80 años, quien también atraviesa problemas de salud.

A los 60 años, el corazón de Maradona se detuvo, pero su recuerdo seguirá vivo. Los grandes como él no mueren. Diego será eterno y se lo recordará con esa alegría que supo regalar su mágica zurda.

Comentarios