El crecimiento se refleja en objetivos tachados

22 Nov 2020 Por Federico Espósito
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Supongamos por un momento que Santiago Cordero lograba capturar esa pelota que el pie de Pablo Matera dejó picando a metros del ingoal australiano y la apoyaba en zona de puntos. Ahora mismo -y durante toda la semana- estaríamos mirando la tabla del Rugby Championship, con los tres titanes del Hemisferio Sur mirando desde abajo a Los Pumas por primera vez en la historia. Ese sería el siguiente peldaño lógico en esta escalera de crecimiento que viene experimentando el seleccionado argentino desde que se aseguró la posibilidad de jugar todos los años con Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, a partir de 2012. Consciente de su condición de aprendiz, el primer objetivo de Argentina fue ganar un partido: lo logró en 2014, vs. Australia en Mendoza. El siguiente fue no salir último: lo consiguió al año siguiente, tras vencer por primera vez a Sudáfrica y terminar tercero en la tabla, en la antesala del Mundial 2015.

Tres años después, Los Pumas subieron otro escalón al ganar dos partidos: vs. Springboks en Mendoza y vs. Australia en Gold Coast. Faltaba darle caza a la presa mayor, All Blacks, lo que finalmente sucedió en este indescifrable 2020. Con todos esos objetivos tachados, lo próximo sería apuntar al subcampeonato como paso previo a aspirar al título. Dada la ausencia de Sudáfrica, las chances matemáticas de que lo primero ocurra este año han crecido exponencialmente. Pero eso no debe desviar el foco de lo que se viene: la revancha contra un león herido, que saldrá dispuesto a cobrarse el zarpazo.

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