El adiós a la gran dama del golf

17 Nov 2020 Por Federico Espósito

Se tiende a pensar, por una cuestión lógica, que el éxito depende de los aciertos. Pero la realidad no es tan simple, y menos en el golf, un deporte en el que cada quien depende de sí mismo. Tener pulso firme y cabeza fría para timonear en aguas tempestuosas también es clave. María Eugenia Cossio de Terán lo explicaba de manera difícilmente más simple, precisa y aleccionadora. “Hay que saber jugar mal. Saber defenderse cuando las papas queman. Porque cuando se le pega bien, el golf es fácil. El problema está en que este es un deporte de errores, y hay que saber superarlos. Ahí está lo difícil”, pintaba “Marusa” la naturaleza dual de esta disciplina, tras una ronda en el Jockey que no la había dejado del todo conforme.

Es que ella era así, una dulzura con el resto, pero exigente y perfeccionista consigo misma. “Todo lo que hago trato de hacerlo lo mejor que puedo, y para hacer algo bien te tiene que gustar. Es igual en cualquier trabajo o profesión. Si no te gusta, yo pienso que no vas a llegar”, subrayaba durante una entrevista con LA GACETA en su casa, en 2018. Una casa, por cierto, repleta de trofeos de todos los tamaños, obtenidos en torneos locales, nacionales e internacionales. Entre ellos el del Campeonato Argentino, el Sudamericano “Copa de los Andes” y el Campeonato Senior. A este último lo ganó siete veces consecutivas a nivel individual y otras seis en modalidad por equipos. Una locura.

Todo eso fue posible a una pasión heredada de su padre, que a la vez servía para encauzar una personalidad bastante impulsiva: de niña, para “Marusa” no había castigo más efectivo que quitarle el golf. Pero esa pasión era sólo el punto de partida para una carrera de éxitos: tenía además el talento y la disciplina para desarrollarlo. “El talento sin dedicación te puede alcanzar a lo sumo para ser un buen jugador, pero no más allá de lo mediocre. El talento con dedicación es el que produce campeones”, predicaba.

Por su condición de amateur, a esas virtudes debía agregarle la autogestión. Competir fuera de Tucumán implicaba el desafío extra de tener que solventar sus gastos. “No había las facilidades que hay ahora para viajar. Estaba lejísimos de todo, pero me impuse llegar y llegué por mis propios méritos”, se enorgullecía hace un par de años, recordando aquellos años difíciles de juventud, en los que las desigualdades de género eran todavía más profundas. “En esa época una chica en la universidad no era bien vista. Fue un error de la educación que nos dieron, pero no culpa de nuestros padres. La sociedad era así”, concedía, sin rencores pese a lamentar la deuda pendiente de haber cursado una carrera universitaria.

Por el contrario, con el golf pudo expresarse cuanto quiso, sin mayores limitaciones. Caminando los fairways, no era hija, madre ni esposa: era una campeona consagrada, con un talento pulido a base de práctica y constancia. Y eso es lo que intentaba transmitir a las mujeres que intentaban ser como ella. “Material humano hay. El tema es que el golf es un deporte que requiere mucha paciencia, porque los resultados vienen a largo plazo. No hay que desesperarse. Es pura técnica y por eso hay que practicar mucho. Hay que practicar toda la vida. El joven, para seguir progresando. A mi edad, para mantenerse. Esa es la parte más difícil, porque tenés que adaptarte a los achaques. Pero es un deporte que te da mucha salud, física y mental, y te ayuda a enfrentarte a los avatares del día a día”, aleccionaba.

Con achaques, se refería a problemas como los dolores en las muñecas que la fueron alejando del deporte. Aunque hubo otro motivo más importante: su esposo, Juan B. Terán, y sus hijos Juan, Eugenia, Lucía y Julio.. Jorge Ramón, histórico profesional del Jockey fallecido el año pasado, no dudaba al asegurar que ella “hubiese sido una muy buena profesional a nivel mundial, pero prefirió formar una familia y tener hijos”.

“He descubierto algo mejor en la vida que el golf: la familia. Estoy muy contenta”, aseguraba, plena de vida, María Eugenia Cossio de Terán. “Marusa”, la gran campeona, la dama del golf a la que Tucumán extrañará para siempre con cariño y gratitud.

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