PRESIONADO. Lautaro Martínez, en la foto muy marcado, tuvo varios oportunidades para marcar, pero le faltó justeza. reuters PRESIONADO. Lautaro Martínez, en la foto muy marcado, tuvo varios oportunidades para marcar, pero le faltó justeza. reuters

Paradoja: el tremendo rodillazo que Ángel Romero le dio a Exequiel Palacios que el árbitro brasileño increíblemente no sancionó, fue una cachetada para que Argentina despierte. Hasta esa durísima acción, que obligó al tucumano a salir sumamente adolorido y sin poder mantenerse parado (lo sacaron en ambulancia de La Bombonera), la Selección apenas si podía hacer pie. Entró Giovani Lo Celso, el DT Scaloni movió piezas y todo lo que los paraguayos habían hecho más que bien, quedó como un mal recuerdo de la primera media hora del partido.

Convengamos: lo que se vio hasta ahí fue pura preocupación mirando al futuro inmediato. Paraguay ganaba (bien) 1-0, achicaba muy arriba, molestaba, incomodaba, cortaba todo circuito, fracturaba cualquier intento de triangulación, convertía a hombres como Lionel Messi en un ser común vestido con una camiseta de fútbol. Pero, lo que hacía era una embestida de toro que llegaba sólo al área grande; lo que intentaba no exigía a Franco Armani. Pero su orden volvió loco al equipo nacional, para el cual la pelota era una bien preciado que el rival tenía.

Pero pasó lo de Palacios y la cuestión cambió de rumbo. Pronto vino esa belleza de centro de Lo Celso, que Nicolás González mandó al fondo del arco. Y aparecieron algunas nuevas chances. Y surgieron algunos toques.

En el complemento, de todo en un rato: Lautaro Martínez se perdió goles, una mano de Nicolás Otamendi en el área que no se cobró, el gol anulado a Messi en el VAR por una falta en la jugada previa. Después, intentos y más intentos. Por arriba, por abajo, por el medio, por las puntas. Quizás faltó calma y precisión. Paraguay aguantó y, cuando pudo, asustó.

Perú asoma en el horizonte del martes. Scaloni tendrá que ver qué equipo parar, entre la pléyade de molestias musculares que tiene en el plantel. Pero para el DT queda otro deber para hacer: sacar lo mejor de la lección que supuso Paraguay. Un equipo como el argentino tiene que dar mucho más. Al menos, muestra ganas de salir adelante. Es un buen punto de partida.

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