Que el empate no tape lo bueno del nuevo proceso

Argentina no pudo derrotar a Paraguay, pero la Selección sigue mostrando un amor propio que parecía perdido.

MUCHA UNIÓN. Otra cosa es para destacar: el buen clima que parece vivirse en cada convocatoria. Cada festejo de gol, es una señal de cómo lo viven los futbolistas. reuters MUCHA UNIÓN. Otra cosa es para destacar: el buen clima que parece vivirse en cada convocatoria. Cada festejo de gol, es una señal de cómo lo viven los futbolistas. reuters

“Ganar lo es todo en el fútbol”. Lo dijo Carlos Bilardo, pero es una acepción que va más allá de una corriente futbolera. Cada persona que derramó sudor en un campo de juego lo puede confirmar; pese a que algunos nos intenten vender que “jugar lindo” paga más. No, el fútbol es un juego y como tal, sólo sirve superar a tu rival.

Partiendo desde ese punto, podríamos decir que Argentina anoche perdió dos puntos en casa en ese camino largo y sinuoso que conduce a Qatar 2022. Un Paraguay más entusiasta y ordenado que otra cosa le puso palos en la rueda a una Selección que no se encontró a sí mismo de entrada y que debió remar muchísimo tras el 0-1, producto de un infantil penal de Lucas Martínez Quarta.

Sin embargo, más allá de que Argentina no debe perder puntos jugando como local, hay algo que puede llevarnos a hilar más fino si uno se pone a mirar hacia el lejano horizonte. A esta Selección de Lionel Scaloni se le puede criticar muchas cosas. Que no juega “lindo”, que por ahí le entrega la pelota a rivales que, a priori, son inferiores, que especula... Sí, pero esos son todos argumentos válidos que un equipo puede emplear a lo largo de un partido.

Pero si hay algo que nadie puede machacarle al nuevo entrenador es que revivió el fuego sagrado de los futbolistas que hoy se calzan la “albiceleste” algo que, tal vez, no se ve desde Italia 1990 cuando Diego Maradona y compañía dejaban el alma en cada duelo en Italia.

Quizás en Brasil 2014, con Alejandro Sabella de DT, la Selección también mostró esa llama viva. Ese amor propio que la llevó al duelo decisivo de un Mundial que quedará en la historia, por lo sentimental y por la fuerza que hizo un equipo que al principio parecía perdido.

Sin embargo, tras el papelón en el proceso que culminó en Rusia 2018, Scaloni parece haberle inyectado fuerzas a un equipo que ahora parece tal.

El DT demostró que no se casa con nadie. Jugador que no rinde, afuera; más allá del nombre o del cartel que tenga.

Convocó futbolistas que muchos pedían, otros que no eran muy conocidos y le dio la posibilidad a esos que eran figuras en sus clubes pero que, inexplicablemente, antes no tenían lugar en las convocatorias.

Además, su trabajo no concluyó ahí. En silencio logró darle una identidad al equipo, pese a que muchos (impulsados por esa corriente que intenta convencer de que, prácticamente, la posesión importa más que el resultado) crean que porque Argentina no luce o no tiene destellos “mágicos” no juega bien.

Sin embargo, en las Eliminatorias camina casi sin despeinarse. De nueve puntos, hasta acá sumó siete. Es cierto que, por historia, por presente y por individualidades, la Selección debería transitar este camino sin problemas y que el Mundial debería ser el banco de pruebas para un proceso que todavía está en pañales. Pero que esboza algunas buenas señales, no hay dudas.

Que un equipo de Argentina muestre el amor propio y la enjundia para dar vuelta un resultado en la altura de La Paz o para reponerse de un arranque complicado ante Paraguay no es un dato menor. Esta Selección no es messidependiente. El crack es el salto de calidad a un equipo que deja todo en la cancha y que no se da por vencido nunca. Eso es algo para destacar.

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