Bananas: de la papilla del bebé al fertilizante de las flores

Una fruta oriental que se hizo fuerte en América. Qué hacer cuando maduran demasiado.

25 Sep 2020 Por Claudia Nicolini
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RICAS Y SALUDABLES. Las bananas son originarias de Asia y Australia.

Hicieron un largo camino alrededor del globo: son originarias de la región indomalaya tropical y de Australia, y probablemente las hayan domesticado por primera vez en Papúa Nueva Guinea. De Asia y Oceanía, las bananas pasaron a África y al Mediterráneo alrededor del siglo V. Cuando 10 siglos después los europeos comenzaron a alejarse de su continente, pasaron a las islas Canarias y de allí, a América. De ese viaje hay fecha exacta: 1516. Se cree que la palabra ‘banana’ se originó en África (quizás una lengua bantú); que allí la adoptó el portugués y de este la tomaron los hablantes de algunos países de América del Sur, el nuestro entre ellos. Fue más fuerte que el español ‘plátano’.

Las bananas son de los primeros alimentos que reciben los bebés cuando -(idealmente) después de los seis meses de teta exclusiva- se empieza a complementar su dieta con alimentos sólidos.

Y se les da banana no sólo por la textura suave y el agradable sabor de esta fruta. Además, porque es rica en vitaminas B6 y C; en ácido fólico, y minerales como magnesio y potasio.

Para los grandes

Durante mucho tiempo quedó excluida de los planes alimentarios para adelgazar por su alto contenido de azúcar. Pero ahora se sabe que si no se come muy madura, los hidratos de carbono que contienen son en su mayoría almidón resistente, “un tipo de fibra dietética que aumenta la producción de ácidos grasos de cadena corta en el intestino, y numerosos estudios en humanos informan de su impacto en distintos resultados de salud -explica Stacey Lockyer, de la Fundación Británica de Nutrición, en un trabajo publicado en Nutrition Bulletin-. Sabemos que la ingesta adecuada de fibra -al menos 30 gramos al día- es importante para lograr una dieta sana y equilibrada, lo que reduce el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas”.

Claro que, especialmente cuando el calor se va haciendo más intenso, que no se pongan maduras rápidamente no es tan sencillo. Y probablemente en casa protesten cuando las cáscaras de las bananas se van oscureciendo, y ellas van perdiendo rigidez.

Tenemos un par de ayudas para superar ese obstáculo. Primero, un tip: cuando comprés el “cacho” de bananas, separalas de a una y envolvé cada tallo con film plástico. ¿Por qué? Porque el responsable de la maduración (y de que cambien de color, obtengan una textura más blanda y desarrollen su sabor y aroma característicos) es el gas etileno. En las bananas ya cosechadas se libera principalmente a través de los tallos; y cuando llega a otras partes de las frutas las hace madurar más rápido. Este dato puede servirte para el caso inverso, cuando las frutas están verdes: si ponés las bananas junto con mangos y paltas (entre otras frutas), la maduración se acelera para todas.

Cosas ricas

La otra ayuda son ideas para aprovechar esas bananas cuando en la frutera ya nadie las quiere. La más simple es que las llevés al freezer y las conviertás en helado: las pelás, las cortás en trozos, las ponés en una bolsita bien cerrada y las congelás al menos un par de horas. Las procesás y, si querés, añadís unas gotas de esencia de vainilla. Otras, apenas más complejas, te las contamos con fotos.

Panqueques: receta apta para celíacos

Las cantidades de los ingredientes dependen de cuántos golosos tengás a la mesa, pero calculá que por una banana bien madura mediana necesitás dos huevos. Primero hacé un puré con la banana, agregás los huevos y batís hasta obtener una pasta homogénea. Poné entonces en una sartén apenas materia grasa (manteca o unas gotas de aceite o rocío vegetal oleoso), echá allí unas cucharadas de masa (que quede de unos tres o cuatro milímetros de espesor) y prepará tu panqueque como los “clásicos”. Se puede comer solo, o bañado con miel, dulce de leche, nutella o salsa de chocolate.

Galletitas: bananas, avena y manteca de maní

Antes que nada, prendé el horno para que se vaya calentando hasta llegar a 180°C. En ese tiempo, hacé un puré con una banana grande bien madura y mezclalo con dos cucharadas de pasta de maní. Cuando esté todo bien integrado, agregá ½ taza de avena arrollada, ¼ cucharadita de canela, ½ cucharadita de extracto de vainilla, 3 cucharadas de pasas de uva sin semillas y una pizca de sal. Colocá la masa, de a cucharadas, en una asadera para horno enmantecada, y horneá durante unos 15 minutos.

Flan: diferente y muy fácil

Calentá 400 mililitros de leche con 35 gramos de azúcar y dos trozos de cáscara de limón (sin lo blanco).

Cuando llegue al punto de ebullición, retirá y dejá entibiar. Mientras tanto, pelá dos bananas grandes bien maduras, machacalas con un tenedor en un cuenco amplio. 

Añadí una cucharada de jugo de limón y cuatro huevos, y batí hasta homogeneizar. Poco a poco agregá la leche, removiendo al mismo tiempo. Cubrí una flanera con caramelo, rellená con la mezcla del flan y lleva al horno durante 20 minutos (hasta que esté firme). Dejá enfriar en la heladera un par de horas, como mínimo.

Té de banana: fertilizante natural para hacer en casa

Cuando comemos banana aportamos a nuestro organismo, entre otros nutrientes, potasio.

La cáscara también lo contiene, así que, en lugar de tirarla, podés “convidarles” a tus plantas.

Es importante destacar que el potasio ayuda a la floración, y a la producción de frutos y semillas.

Además, facilita que los bulbos, los tubérculos, los rizomas y las semillas puedan acumular reservas.

Para preparar el té de las cáscaras, herví un litro de agua con cuatro cáscaras de banana troceadas durante 15 minutos. Dejá enfriar, colá y diluí en tres litros de agua fresca. Así está lista para regar (mejor de noche, así el agua no se evapora tan rápido).

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