La fiscala considera que hubo ensañamiento en el homicidio del cura

La fiscalía de Homicidios pidió 12 meses de prisión preventiva para Herrera, plazo que podría ampliarse. El juez Juan Francisco Pisa tiene 10 días hábiles para resolver el pedido.

01 Ago 2020

La fiscala de Homicidios, Adriana Giannoni, dispuso ayer el requerimiento de prisión preventiva para Jorge Leonardo Herrera, de 32 años, el sospechoso de haber asesinado de 14 puñaladas al párroco Oscar Juárez el 15 de julio. La investigadora imputó a Herrera por homicidio agravado con alevosía, ensañamiento y criminis causae.

Los defensores Manuel Pedernera y Lucas Ramón convocaron a una conferencia de prensa acompañados por Norma Velárdez y Julio Leonardo Herrera, los padres del acusado. “Estamos todos unidos como familia y confiamos en que Leonardo es inocente. Hoy se reunió toda la familia porque confiamos en que mi hijo no tiene ninguna vinculación con este hecho”, sintetizó Julio Herrera.


1- ¿Cómo fue el crimen?

El 14 de julio, el sacerdote, Herrera y Velárdez cenaron juntos en casa de la secretaria parroquial. Las cámaras mostraron que el joven fue el primero en abandonar la vivienda de pasaje Hernán Cortés al 3.200, luego, casi 40 minutos después, el sacerdote regresó a la casa parroquial de San Martín de Porres, ubicada a pocos metros, en la esquina de San Martín y Castro Barros. Según la hipótesis de Giannoni, entre las 22.40 y 23.30, Herrera asesinó al cura empuñando un arma blanca para ocultar el despojo de dinero, y lograr así su impunidad, dado que la víctima lo conocía. Juárez murió de 14 puñaladas en el tórax, abdomen y espalda.

LA VÍCTIMA. El sacerdote Oscar Juárez fue asesinado en su casa parroquial.

Pedernera señaló con respecto a esto: “las cámaras de seguridad que indican que él salió de su domicilio a las 22.03 de 14 de julio y que regresó al hogar a las 23.50. Luego, la autopsia establece la causa eficiente de la muerte como así también el modo de producción y el horario en el que habría acaecido: entre la 1 y la 1.30 del día siguiente, según el estudio pericial de los médicos”.


2- Cercanía

Uno de los sustentos que presentó la fiscal para su requerimiento de prisión preventiva fueron las declaraciones testimoniales de vecinos, allegados, feligreses y empleados de la parroquia. “Estamos en presencia de personas (madre e hijo) que contaban con la confianza de la víctima, compartiendo muchos momentos juntos y manteniendo contacto con cierta regularidad”, resume. “La secretaria, doña Norma, iba a trabajar por las tardes, había mañanas que me la encontraba y otras que no. Ella lo ayudaba al padre con el tema de la medicación y visitas al médico, parecería como que quería estar siempre con el padre, conversaba con él, espiritualmente le daba consejos”, les señaló Antonia Palma a los investigadores.

Por su parte, Otto Galíndez Berger mostró desconfianza hacia la secretaria de la iglesia, inquietud que le habría transmitido al sacerdote: “para mí, era una persona manipuladora; por eso yo le decía al padre Oscar: ‘tenga cuidado con el pájaro carpintero’, y él me contestaba: ‘¿usted sabe Otto cuántas señoras Norma he tenido yo durante mi sacerdocio?’ ambos tenían una reunión muy simbiótica”.


3- Hipótesis del dinero

Algunos testigos relataron un episodio que resulta de interés para los investigadores, que consideran que los U$S 60.000 que el sacerdote Juárez le había dado a su hermano, José Bautista, para que se los cuidara, podría ser el móvil del homicidio. La fiscal consideraría por esas declaraciones que Herrera sabía de la existencia de ese dinero.

RÉPLICA. “El móvil de plata no existe, sentimental tampoco”, dijo el defensor Pedernera.

“Antes de que empezara la cuarentena, estábamos en la casa parroquial cuando escucho que el padre decía con tono fuerte, como enojado, que la plata tenía que aparecer, porque esa plata era de él y que si no iba a tener que demandarlo. Creo que se refería al chico de la señora Norma, porque estaba hablando con ella, y porque le dijo: ‘¿si vivís vos y Leo cómo puede desaparecer la plata de ahí?’. Después me entero que al parecer al padre le había desaparecido un dinero de la casa de la secretaria; después pasó un tiempo y se tranquilizó todo por ese lado, pensé que se había solucionado el problema”, describió Palma.

Otro testigo agrega que el 19 de febrero de este año, durante una reunión de feligreses, Velárdez se retiró porque no se sentía bien. En ese momento, el sacerdote les contó a los presentes que habían robado el dinero de la parroquia que estaba en la casa de la secretaria. El siguiente sábado, el sacerdote volvió a reunirse con esos feligreses y llevó una bolsa de dinero; les habría dicho que la secretaria había encontrado parte del dinero en un ropero.

Una mujer declara incluso que previo a otra reunión en la parroquia, notó a Juárez cabizbajo. Al consultarlo, el religioso le explicó que le habían robado una importante suma de dinero que estaba guardada en casa de Velárdez. Según la declarante, Jorge Leonardo Herrera le mostró fotos de los destrozos que los supuestos ladrones habían hecho en su casa, sin embargo ni él ni su madre habrían hecho la denuncia por el asalto. La fuente señala que el padre luego le contó que recuperó parte del dinero, y que Velárdez había encontrado un sobre con esa plata en la mesa de luz de Herrera.


4- Argumento

En el requerimiento, la fiscala Giannoni sostuvo que mediante esos testimonios “se comprueba que en el mes de febrero del corriente año la víctima entregó una cantidad de dinero a Norma Velárdez para que esta lo guarde en su domicilio (compartido con el imputado), que el mismo (dinero) fue aparentemente sustraído y que luego apareció en el dormitorio de Herrera y que luego fue entregado por Velárdez, aunque con una disminución en su monto no determinado y sobre el que ambos tuvieron que dar explicaciones.

Por su lado, Pedernera planteó sus discrepancias acerca de la hipótesis fiscal. “La madre sólo tenía conocimiento del dinero que tenía la parroquia donde ella era secretaria; pero nunca tuvo conocimiento, ni manejo, ni custodia del dinero del cura, más allá de si se trata de sus ahorros o de plata que le haya dado el Arzobispado. Incluso, el hermano del sacerdote contó al momento de entregar el dinero a la Justicia, que en varias oportunidades Juárez le había dejado dinero para que él le cuidara”, enfatizó. También consideró que la declaración de otro testigo que señalaba que Herrera era -entre otras cosas- prestamista, termina respaldando al imputado: “lo que dijo ese testigo es verdad, (Herrera) es un hombre de trabajo que sólo prestó dinero una vez, y fue a su jefe. Es cierto que tenía un emprendimiento avícola y que trabajaba para una empresa de cámaras de seguridad; él tiene solvencia económica anterior a cualquier sospecha que se le quiere atribuir y siempre la fuente de sus ingresos tuvo origen lícito, lo que descarta cualquier móvil de robo para vivir de una manera que nunca lo hizo”. Incluso descartó las hipótesis en contra de su defendido. “El móvil de plata no existe, de robo tampoco, sentimental tampoco. Estaremos al aguardo de las pruebas para demostrar la inocencia o no de nuestro pupilo”.


5- Medidas pendientes

En el documento se advierte la posible realización de las medidas aún pendientes y que pueden resultar probatorias de la teoría fiscal: la recepción de los informes finales de la inspección de celulares autorizada a fin de poder establecer las coordinadas para ubicar los mismos en el tiempo y el espacio; recepción de informes de contenido económico solicitados al Banco Central de la República Argentina; los resultados de los informes de Laboratorio para posterior análisis y confección de informe por estudio genético de ADN.


6- La figura

La fiscala considera que hubo ensañamiento en el homicidio dado que indica que fue una muerte lenta que se inició a través de un proceso de apuñalamiento en la espalda, luego un proceso asfíctico incompleto (colocando cintas de embalaje en la boca) para luego terminar con las últimas puñaladas que truncaron su vida. “Todos estos actos que exteriorizan sadismo y brutalidad”, sentencia. También sustenta el agravante de alevosía en que la muerte ocurrió “fuera de pelea o riña, de improviso, con cautela, tomando desprevenida a la víctima; que fue sorprendida en horas de la noche y atacada por la espalda con total indefensión ya que vivía solo en la casa parroquial”. (Producción periodística: Santiago Re)

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