Cartas de lectores

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Por LA GACETA 11 Junio 2020

- Vicentin

Me paraliza y horroriza el procedimiento por decreto de intervenir la empresa de granos formada por los productores argentinos como accionistas. En quiebra, es un auditor quien debe  intervenir y el que debe ser nombrado por  un juez y no  tiene razón jurídica la intervención del Poder Ejecutivo. La empresa estaba en quiebra. ¿Cómo y por qué bancos  le prestaron tanto a una empresa en quiebra? Alarma una medida donde se presta sin avales y luego se apoderan ante la falta de activos de las empresas. Les presta y luego les quita. Una política que nos llevará a pagar, a todos los argentinos, los errores cometidos. Un ejemplo claro es Aerolíneas Argentinas. Empresa que da pérdidas y un verdadero desastre de amiguismo, político y económico. Estamos perdiendo la soberanía y las empresas que dan trabajo. Un estado gigante que emite sin fondos y al que nadie considera serio para cualquier inversión productiva. Los analistas nos ven caer en picada desde hace 80 años. Basta conocer  la mirada de los economistas serios y responsables de políticas internacionales de países que progresan. Acá esta caída viene de lejos, años de muy malos manejos, de parte de los gobiernos y no de parte de la covid 19. Viví la historia; no me la cuentan. Se está aplicando ese principio que deterioró el país: combatir al capital, que es fuente de trabajo..


Silvia Eugenia Antoni Hebert


- Pros y contras de la cuarentena

Cuando el mundo sigue girando imparable alrededor del coronavirus, el panorama no es idéntico en todos lados. Los primeros países en sufrir la pandemia ya comenzaron a salir de la tragedia y empiezan a volver a la normalidad, mientras que los últimos en entrar (Argentina incluida) parecen estar en la cresta de la ola. Definidos ya los 90 días como meta a superar, el Gobierno nacional va flexibilizando lentamente y con mucho temor las restricciones adoptadas. Cuando el problema parece focalizado exclusivamente en Capital Federal y conurbano bonaerense, no parecen justificarse en el resto del país las estrictas medidas que se deben cumplir. Las opiniones ya se dividen en dos nuevos bandos, que con argumentos opuestos, enarbolan los pros y los contras de sus posiciones. Por un lado, los llamados anticuarentena disparan munición gruesa para levantar el aislamiento, con argumentos económicos y sanitarios; del lado contrario, los bautizados como “infectadura” rebaten esa idea con la amenaza de la llegada del pico de la pandemia. Las redes sociales dan cuenta de esa batalla. Demás está decir que la famosa grieta ya tiene las dimensiones del gran cañón del Colorado estadounidense… y sigue agrandándose. A nivel provincial, el caso del legislador Ricardo Bussi enciende el alerta roja sobre la credibilidad de los datos oficiales. La sospecha apunta desde el instituto Malbrán (cuyo director fue denunciado recientemente por sobreprecios en la compra de insumos) hasta las autoridades sanitarias locales. Y esto da pie para hacer un par de preguntas: ¿por qué aumentaron los infectados y el número de muertes sigue casi igual? ¿Por qué el 80%, más o menos, de los fallecidos son adultos de más de 70 años, cuando justamente son los que más cumplen con la cuarentena? ¿Por qué el parte diario solamente informa sexo, edad y provincia de los fallecidos y no nos dice nombre y DNI? Y como para no perder la costumbre de ser mala noticia en el ámbito nacional, una vez más somos la comidilla del país porque a un concejal monterizo se le ocurrió la brillante idea de hacer un asado para 100 personas justo enfrente de la guardia del hospital local, burlando abiertamente la cuarentena y burlándose de todos nosotros al subir el festejo a las redes sociales, sin importarle el sacrificio que, mal o bien, todos estamos haciendo para llegar a los 90 días de encierro, y esto ante la absoluta pasividad policial, que dijo que no podía hacer nada para evitarlo.


Ricardo A. Rearte



- Envilecer el lenguaje

Para algunas personalidades de los medios, decir groserías insultantes u obscenas para reforzar supuestamente algún argumento, se corresponde con una patología obsesivo-compulsiva, y quienes la padecen repiten a diario, con la pésima utilización de aquellas que no se deben decir nunca (como lo aprendimos en la escuela primaria y en nuestros hogares), las malas palabras, que envilecen el lenguaje. Son vulgaridades innecesarias en una conversación entre gente supuestamente culta. Pero, además, se les suman con frecuencia la mitomanía y se transforman en mentirosos patológicos perversos que falsean la realidad para obtener atención o inclusive admiración, por su tendencia a desdibujar la realidad con grandilocuencias con las que intentan llenar sus vacíos emocionales, su narcisismo. En sus diálogos, en los informativos radiales o por TV buscan siempre humillar a alguien de forma grotesca, aunque, por ser falsa personalidad, se muestran precisamente como personas hipócritamente modestas. La coprolalia es una tendencia, entonces, a decir obscenidades consideradas inapropiadas en los ámbitos culturales. Resulta curioso cómo la unión de estos comportamientos, la coprolalia y la mentira compulsiva, se dan a veces en forma simultánea en algunas personas; periodistas tipo Lanata, Baby Echecopar, etc. que por sus prestigios pagados, son rápidamente imitados por otros múltiples mediocres periodistas, o entrevistados por ellos en horarios que ofenden a los menores de edad y los inducen a repetir, con el supuesto de que jerarquizan así lo que dicen, muchas veces grandes mentiras, sobre todo si se trata de destruir a los gobiernos de turno, aunque esta destrucción incluya también al país todo. Curiosamente, los entes de control, todos ausentes, dejan, por acción u omisión, que la degradación del lenguaje alcance niveles miserables nunca imaginados y arrastren con esa conducta inapropiada, además, a todas las normas de comportamiento social, morales, de respeto, colaboración, y hasta las normas jurídicas . ¿Y Ud. pensó que también se da este síndrome en algunos políticos? En verdad, en muchos de ellos.


Federico Vázquez 



- Medio ambiente

El 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Fue establecido por la Asamblea General de la ONU en su resolución del 15/12/1972. Se eligió el día 5 ya que en esa fecha en 1972 se dio inicio a la Conferencia de Estocolmo, cuyo tema central fue el ambiente. Lo que se pretende es sensibilizar a las personas sobre la importancia de lo ambiental y para que los estados y los gobiernos intensifiquen sus acciones políticas en esta materia. En Tucumán no hubo mucho que festejar ya que a lo largo y lo ancho del territorio tenemos derrames cloacales, residuos sólidos urbanos, contaminación con cachaza y vinaza, ruido, quema de cañaverales, inundaciones, etc. La provincia, por sus condiciones topográficas, climáticas, hidrológicas y su alta densidad poblacional es vulnerable y por ello cualquier alteración ambiental impacta sobre sus ecosistemas: agua, suelo, aire, sus componentes bióticos, los paisajes y la salud de las personas. Son numerosos los pasivos, las falencias que existen con relación a la preservación, conservación y restauración del ambiente. Por ejemplo, falta de acceso a la información ambiental y de un ordenamiento territorial sobre el uso del suelo. Nuestra legislación sobre el uso de agroquímicos es obsoleta, carecemos de mapas de vulnerabilidad y de planes de emergencia ambiental. Con relación a los bienes culturales, históricos, arqueológicos y arquitectónicos que forman parte de nuestro medio ambiente, en la práctica no son tenidos en cuenta ni valorados. Lo más importante: carecemos de controles eficientes y de educación ambiental sistemática y permanente. El futuro ambiental de Tucumán depende fundamentalmente de decisiones que tomen las autoridades que gobiernan el Estado provincial, municipal y comunal. Es hora de que asuman sus responsabilidades y actúen correctamente, como lo exigen los mandatos constitucionales que un día juraron cumplir. No se puede seguir esperando. Llegará el día que será demasiado tarde.


Juan Francisco Segura


Pasaje Baaclini 675
 - San Miguel de Tucumán


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