Rodolfo Bollero forjó su propia gloria entre alegrías y caídas

Llevó a Tucumán cuatro veces al Rally Dakar, y lo terminó en dos ocasiones.

14 May 2020 Por Carlos Werner
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UNA EXPERIENCIA SIN LÍMITES. Bollero se lució en la prueba de 2010 y pudo terminarla otra vez en 2013. En el medio, pasó por decepciones, una de ellas al mando de un UTV.

Enero de 2009. El Rally Dakar hace su primera incursión por Sudamérica. Rodolfo Bollero vuelve de sus vacaciones en Pinamar junto con su familia. En algún lugar del camino se encuentra con la caravana de hombres y máquinas. Sus ojos se desorbitan cuando Patricia Darroux, su esposa, le dice: “¿por qué no corrés si tanto te gusta?”

Enero de 2010. En algún vivac de la competencia, Rodolfo se ve muy cansado, pero feliz. Va camino a hacer historia. Patricia ocupa un lugar destacado en la escena. También con cara de cansancio, pero contenta, le habla a la prensa. “Esto es increíble. Hay que vivirlo para darse cuenta de qué se trata. Es agotador, a las 5 nos levantamos, armamos todo, viajamos 600 kilómetros y lo esperamos. Pero lo hacemos con muchas ganas”. A los 38 años, el tucumano ya no es más tucumano, sino el argentino mejor ubicado en Motos en la historia del Dakar: 31°, con la Yamaha N°116 alistada por el equipo “Los Peraltes Racing Team”. ¿Cómo concretó su inolvidable proeza? En aquel tiempo le dijo a LA GACETA: “con preparación física, fortaleza mental, buena organización, correcta navegación... y suerte”. Hoy, mantiene esa idea. Califica a esa carrera como “inolvidable”. Y agrega: “fue algo sin límites, que no tiene precio, y que quedará grabado en mi historia personal, porque logré llegar contra viento y marea. Todos me decían que al ser amateur no podría lograrlo. Pero puse lo que había que poner, y mi familia me dio su apoyo irrestricto”. La vuelta a la provincia fue con gloria. Lo escoltó una caravana de motociclistas, el público lo saludó a su paso y recibió honores oficiales. En plaza Independencia hasta se escuchó fuerte el grito de “dale campeón”.

Enero de 2011. Un dedo herido, golpes en todo el cuerpo y la moto dañada de manera irreversible. Eso, más un metacarpo quebrado (de una caída anterior). Así encontró LA GACETA a Bollero en la tarde del día 4, a pocas horas de haber sufrido un golpe tremendo, frente a la mirada azorada de numerosos tucumanos, en la zona de El Brete, cercana a Amaicha del Valle. “Iba a 80 o 90 kilómetros por hora. No pude esquivar una zanja”, contó. Su Yamaha 450cc número 49 quedó inservible. Al piloto tuvieron que trasladarlo en helicóptero al hospital Padilla. Apenas había hecho un poco más de 700 metros entre la largada de la tercera etapa y el lugar del accidente. “Hoy digo que a ese Dakar lo encaré mal, me equivoqué al querer enfrentarlo. Un amateur no puede hacer eso. Aprendí mucho, lo que me pasó me enseñó a no subestimar nada”.

Enero de 2012. Sentado en un flamante UTV Polaris 900, “Rodo” fue por su tercera participación dakariana, acompañado por el cordobés Sebastián Scholz Vergnolle. Pero sus sueños de completar su segundo Dakar terminaron en Nazca (Perú). La equivocación en la navegación para el tramo que comenzó en Arequipa le pasó factura. Los comisarios deportivos fueron inflexibles; faltaban dos etapas. “El error estuvo en la mala lectura de la hoja; le erramos al camino. Al darnos cuenta, pensamos en volver, pero era peligroso ir a contramano. Fue una experiencia muy dura, sacrificada, y decepcionante”.

Enero de 2013. Con la KTM N°15, Bollero fue por revancha. Y la tuvo. Arribó 64° a Santiago de Chile en la clasificación general en Motos, sobre 196 participantes que habían largado en Perú. “Esa vez me decidí a terminar. Me emocionó ver en la llegada a todo el equipo junto. Esa imagen no me la olvido más”.

Mayo de 2020. A unas dos semanas de haber cumplido 49 años, Bollero vive aún con intensidad sus experiencias en la dura prueba. “Siento que hice lo correcto, lo que me gustaba. Pude correr en cuatro Dakar, llegué en dos. Si pudiera, volvería a estar presente. Eso sí, ya no lo haría en una moto. Eso ya es historia”.

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