"Colacho" Brizuela: con la música y la riojanía en el corazón

El adiós a un músico que amaba a su provincia, y que dejó un intenso legado artístico y humano.

30 Mar 2020 Por Roberto Espinosa
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LARGA TRAYECTORIA. Brizuela llevaba más de 60 años como guitarrista. TELAM

Calidez. Amor. Desdicha. Diálogo. Silencio. Viaje. Soledad. Compañera. Puente. También casa. Encuentro. Mano extendida. Abrazo. Destino. La guitarra, latido y sentimiento.

Azote riojano de sol. Un olor de chaya lo arropa tal vez aquel 23 de diciembre del 49. Los dedos changuitos juegan con las seis cuerdas. A los 17, desembarca en la gran “ubre de cemento”. Héctor Ayala, Roberto Lara, Walter Malosetti, lo adoptan como discípulo; Horacio Guarany, Rubén Juárez, Daniel Toro, como acompañante.

Una luna tucumana le abre huellas en el pecho. Machimbre de guitarra y canto. Ella lo mece en el regazo del corazón. “Toqué con Mercedes Sosa en el ‘70 un par de veces por el interior de Argentina, después nos dejamos de ver y en el ‘76 volví con ella. Me quedé hasta el 80; en el ‘82 retomamos la carrera juntos y estuvimos 20 años ininterrumpidos”, recuerda. Veintisiete discos vertebran ese abrazo.

“Mientras esperaba una de las presentaciones le pregunté: ‘Decime, Colacho, ¿quién te enseñó todo esto?’ Él siguió tocando la guitarra con los ojos en el vacío y casi con orgullo me contestó: ‘¡El hambre!’”, evoca Rodolfo Mederos, a quien el tango los ha reunido en un disco.

Algunos amores, como el de la bandoneonista y flautista Ninon Valder (actuó con ella en 2014 en Tucumán), germinaron bajo el cielo de París. La riojanía nunca lo abandona. “Nunca perdí mi acento, no hay que perder el chango que se lleva adentro, siempre tengo muy presente a la provincia”, dice. 

“Nos volveremos a ver”, le advierte a su amado Bill Evans en su disco homenaje. “Su música tiene mucho de lo nuestro. Hay cierto gusto a tango en sus armonías y en sus tiempos de waltz es posible dibujar una chaya o una zamba”, evoca.

Compañero ingrato, el cáncer le roba la alegría. Una pena riojana merodea este sábado porteño y cuarentenal en el sanatorio Güemes. “Viví siempre de la música no puedo dejarla, es mi trabajo. Soy un enamorado de ella, pero es un trabajo duro, el día que se me pase el entusiasmo la dejaré, para mí es la pasión y eso me llevó por todo el mundo”, piensa. “Del cerro vengo bajando, camino y piedra, traigo enredada en el alma una tristeza…”, reverbera la voz de Mercedes. Mientras Nicolás Brizuela ahora pregunta: “por qué la noche es tan larga, guitarra, dímelo tú”.

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