Cambio climático: ¿por qué los mares guardan carbono?

18 Nov 2019 Por Soledad Nucci
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Tanto el dióxido de carbono (CO2) como el metano son gases de invernadero: atrapan parte del calor del sol cuando se refleja desde el suelo y reducen, así, la cantidad que vuelve a escapar al espacio. Ambos son fruto de procesos naturales. Y crean un efecto invernadero natural, gracias al cual el planeta está a una temperatura apta para ser habitado. 

Las plantas terrestres, el suelo y los océanos son los principales sumideros de carbono. Se trata de reservorios naturales, que fijan ese carbono de la atmósfera y mantienen un equilibrio entre las entradas y las salidas. Pero en las últimas décadas, la humanidad ha lanzado a la atmósfera más carbono del que esos sumideros pueden controlar. Se ha roto el balance. 

Con la destrucción de la vegetación nativa, los cambios en el uso de la tierra y la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) se ha liberado el dióxido carbono que antes descansaba bajo las rocas o entre los árboles. Las investigaciones científicas muestran, claramente, que los bosques maduros (como las sierras de San Javier, en esta provincia) son fundamentales para paliar esta situación.

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