La filosofía hoy, entre la ecología y el pluralismo: ¿cuál es el lugar del hombre en el mundo actual?

Desde la Grecia clásica hasta la actualidad, los filósofos han tratado de ubicar al hombre en el mundo. Hoy resurge esa difícil pregunta.

17 Nov 2019 Por Hernán Miranda
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Hace seis millones de años, una hembra de simio tuvo dos hijas: con el tiempo, una de ellas se convirtió en la abuela de todos los chimpancés; la otra, en la de todos los homo sapiens. Durante muchísimos años, los homo sapiens convivieron con al menos seis hermanos, los homo no sapiens, y padecieron junto a ellos el triste destino de las presas. Pero por genocidio o entrecruzamiento, o más probablemente por una mezcla de ambas cosas (los científicos aún no se han puesto de acuerdo), hace 10.000 años los homo sapiens enterraron a sus hermanos para después atacar la cima de la colina alimenticia.

“Con la aparición del homo sapiens -explica Cristina Bosso, profesora de Antropología Filosófica de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT)- comienza lo que el historiador Yuval Noah Harari llama la revolución cognitiva, en la que el surgimiento del lenguaje propicia los vínculos sociales y el nacimiento de la cultura. Sapiens se convierte en una de las especies más exitosas, progresa a una velocidad increíble y, gracias a un fabuloso poder de adaptación, conquista prácticamente todos los rincones de nuestro planeta. El mundo, librado exclusivamente a las fuerzas de la naturaleza por millones de años, se convierte en un mundo humano”.

A lo largo de su historia, el hombre ha renegado de su vínculo original con la naturaleza y se ha hundido en un creciente antropocentrismo. De acuerdo con Bosso, el proceso de civilización se desarrolló bajo la premisa de someter a la naturaleza y domesticarla para construir un mundo a la medida del hombre. “El modelo de ciudad medieval nos ofrece un claro testimonio de esto: amuralladas, atrincheradas, encerradas para resistir el embate de enemigos y extranjeros, pero también para delimitar un espacio donde el ser humano se define tomando distancia de lo natural”, ejemplifica.

Así, ya hace tiempo que los homo sapiens decidieron representar el papel de hombres en el teatro del mundo, aunque durante milenios no se detuvieron a reflexionar demasiado acerca de ese papel. Hasta que un día del lejano año 470 antes de Cristo, en un pequeño barrio de la de por sí pequeña antigua Atenas, nació Sócrates. Y Sócrates fue el primero que se preguntó cuál era el puesto del hombre en este lugar.

El legado de Sócrates recibirá el reconocimiento que merece el próximo jueves: ese día la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) celebrará el Día Mundial de la Filosofía. Mientras tanto, también se lo ha otorgado LA GACETA este domingo y los tres anteriores con reportajes sobre el sentido de la filosofía en la actualidad. Y por si quedaran dudas sobre ese sentido, María Mercedes Risco, docente de Filosofía Contemporánea de la UNT, recuerda que desde sus inicios la filosofía ha intentado responder la pregunta por el hombre: “a lo largo de su historia, el hombre ha ocupado diferentes puestos: el animal racional, social y político; el señor de la creación; el individuo que configura su objeto de conocimiento, la sociedad y el Estado, o la subjetividad que constituye el mundo”.

Conocer, desear, obrar

Sin embargo, Risco observa que a la filosofía de hoy le resulta muy difícil resolver este problema: “el término ‘hombre’ ha sido cuestionado en el pensamiento contemporáneo porque toda vez que intentamos explicar su significado terminamos recortando solo algunas características que no dan cuenta de la complejidad de lo que somos”. Aun así, ella cree que sí se puede adelantar una respuesta.

Los seres humanos comparten muchos aspectos que se entrecruzan entre sí. “‘Conocer’, ‘desear’, ‘querer’ y ‘obrar’ -menciona Risco- no son términos que se excluyan mutuamente, aunque los filósofos pongan el acento más marcado a veces en uno que en otro. Me atrevo a decir que nos acercan una mirada dinámica de la existencia humana, abierta en variadas direcciones, receptiva y transformadora a la vez, siempre situada en circunstancias particulares y forzada a elegir, decidir y actuar para sí y con los otros”.

El desafío ecológico

Dos siglos después de la Revolución Industrial, los conocimientos, los deseos y las obras del hombre han puesto en riesgo el planeta: Bosso observa que la tala indiscriminada, la contaminación del agua y el calentamiento global enfrentan a los homo sapiens con las consecuencias de sus acciones.

“Bastante tardíamente -advierte- hemos tomado conciencia del deterioro de la tierra que hemos generado y por eso han aparecido nuevas formas de interpretar la relación del hombre con el mundo. Es que a pesar de nuestros esfuerzos no podemos renegar de sus orígenes: aunque hayamos querido olvidarlo, nuestro cuerpo nos instala en el mundo natural, del que inevitablemente somos parte. De ahí que el futuro de nuestro mundo esté hoy, en gran medida, en nuestras manos”.

El desafío humano

Pero la globalización y la llegada del futuro no solo han puesto en duda la clásica visión antropocéntrica: Risco considera que también han cuestionado las relaciones sociales y las instituciones políticas construidas por el hombre a lo largo de milenios. “Transitando el siglo XXI, creo que se trata de aceptar que los otros, a través del lenguaje, la cultura, las costumbres, la historia y las creencias, constituyen el entramado de lo que somos y que ello nos compromete y nos hace responsables”, manifiesta.

De esta manera, las dos filósofas consultadas muestran que el cuidado del medio ambiente y el reconocimiento del pluralismo aparecen como dos de los desafíos más urgentes que los homo sapiens, desde su puesto de hombres en el mundo, deben asumir.

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