Las versiones críticas sobre la forma en la que Rita Romano, jueza de Documentos y Locaciones N°5 de esta capital, se vincula con su equipo circulan desde hace años en el Poder Judicial, pero los afectados por esa situación en general se limitaron a solicitar el pase a otras oficinas sin ahondar en las causas. La situación del empleado Gustavo Edgardo Herrera Velasco es una excepción: el 9 de diciembre de 2014, ese agente informó en forma detallada a la Corte Suprema de Justicia de Tucumán sobre la conducta y las maneras de la jueza. “Fui agredido, humillado y amenazado por pedir un traslado”, expresó el entonces ayudante judicial, que atendía el mostrador del Juzgado. Cinco años más tarde, Herrera Velasco se desempeña como encargado en el despacho de Familia y Sucesiones N°2 de esta ciudad, y Romano enfrenta un sumario administrativo por la persistencia del clima laboral negativo en su unidad a partir de una decisión inusual de la Corte (se informa por separado).
La denuncia en cuestión refiere que el cortocircuito entre el empleado y la magistrada comenzó por una instrucción atinente a las peticiones de pronto despacho que el primero se negó a cumplir. Herrera Velasco expresó a la Corte que Romano pretendía frenar este tipo de presentaciones articuladas por la demora detectada en el Juzgado y cuya reiteración puede dar lugar a la solicitud de destitución por mal desempeño. Para impedir el ingreso de pedidos de pronto despacho, la jueza exigía la alteración de la tarea del mostrador, según el denunciante. “El curso normal es la recepción inmediata del escrito, al igual que cualquier otro, mediante la aplicación del cargo electrónico que le da fecha cierta con la firma del actuario y con la entrega de la copia al letrado que hizo la presentación”, dijo Herrera Velasco. Y añadió: “esta práctica fue modificada por Romano, quien ordenó no colocar el cargo electrónico sin antes tomar el escrito, leerlo en su totalidad, advertir el objeto, retenerlo y avisar inmediatamente para que los funcionarios trataran de evitar su presentación. Asumo que esta instrucción es inédita y no forma parte del proceder de la administración de justicia”.
El entonces ayudante judicial afirmó que él se resistía a proceder de la manera en la que quería la jueza y que eso lo había llevado a una confrontación abierta. “Recibí un reclamo desmedido de parte de Romano tanto por el tono elevado de la voz como por la violencia verbal con la que se dirigió a mí en presencia de cuatro funcionarias del Juzgado. Esta falta de respeto intolerable, sumada a las situaciones problemáticas que ocurren en esta unidad, que generan un clima denso y difícil de sobrellevar en el día a día, me llevaron a solicitar el traslado”, manifestó. Herrera Velasco añadió que eso enfureció más todavía a la titular de la oficina, que procedió a amenazarlo. Al respecto, el empleado reflexionó: “en este ámbito no hay obediencia debida. Según mi criterio, debo actuar como corresponde y no acatar ciegamente instrucciones que no son las correctas”.







