Por justicia restaurativa, tema de la especialidad del catedrático belga Ivo Aertsen, se entiende la posibilidad de reparar el daño provocado por el crimen a partir del diálogo entre la víctima y el victimario en el ámbito de una mediación. Aertsen desembarcó por primera vez en Tucumán para presentar las bondades de este mecanismo que su país usa para resolver alrededor de 30.000 casos penales al año. Entusiasmado con los logros conseguidos, el académico de la Universidad Católica de Lovaina dijo este miércoles que la mediación cura de un modo que le está vedado al proceso penal convencional. “Castigar es fácil, pero no resulta la alternativa más productiva frente al delito”, opinó en inglés en una mesa de la nueva cafetería de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán.
Aertsen disertó en una actividad organizada por la Asociación de Magistrados de Tucumán y la Escuela Judicial del Consejo Asesor de la Magistratura. Acompañado de su anfitrión, Federico Moeykens, juez de Menores N°2 de esta ciudad, y de un traductor, el fundador del Foro Europeo para la Justicia Restaurativa anunció que traía este mensaje para la audiencia tucumana: “vale la pena desarrollar la justicia restaurativa porque es el abordaje más productivo para el crimen. Mi hipótesis es que este mecanismo es muy positivo, y que cada sociedad debe encontrar la manera de aplicarlo en función de sus posibilidades y necesidades. Cualquiera sea la modalidad, lo importante es que la Justicia restaurativa proyecte una serie de principios y valores sobre la comunidad”.
Restaurar lo que se rompió
Aertsen precisó que aquellas virtudes radican en la participación, y en la convicción de que las víctimas y sus ofensores deben intervenir en el procesamiento del delito que lleva adelante el Estado. “Esto es algo que a menudo no sucede: el Poder Judicial se apropia del conflicto y deja afuera a sus interesados principales. La justicia restaurativa procura que del caso salga algo positivo para la comunidad mediante el involucramiento de quienes lo generaron y de quienes lo padecen. El objetivo es que la sociedad tenga más presencia y voz, sin excluir al sistema judicial”, explicó.
El psicólogo, abogado y profesor doctorado con una investigación sobre la mediación comentó que su interés por esta forma alternativa de resolución de conflictos empezó con su trabajo en las prisiones. “Después, hice estudios con las víctimas del crimen durante siete años. De modo que esta experiencia con las dos partes me permitió descubrir que ninguna era tratada de una manera respetuosa y que ello les impedía tomar un rol activo en la resolución del problema”, observó.
Aertsen manifestó que, al mismo tiempo, es evidente cómo la Justicia penal tradicional se vuelve cada vez más represiva, punitiva y excluyente. “La justicia restaurativa puede funcionar como un puente que sane la herida que provocó el delito mediante el diálogo guiado por un mediador. Si somos capaces de hacer esto, los objetivos del proceso penal cambian. Hoy consideramos que el castigo es la reacción lógica y que lo único que podemos hacer es sancionar a los transgresores. La justicia restaurativa permite una respuesta más eficiente sin infligir intencionalmente un daño adicional a la gente”, dijo.
Para el catedrático belga hay que condenar lo que sucedió, pero más importante aún es dar a la ciudadanía la posibilidad de expresar sus emociones, interrogantes y ansiedades, y de extraer algo positivo de todo esto. “La justicia restaurativa trata sobre la restauración”, reflexionó.
Mensaje claro y reparación
Antes de exponer en la Facultad de Derecho, Aertsen conversó con los vocales de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán y visitó la Legislatura. A LA GACETA expresó que la manera en la que hoy se sanciona el delito no previene la ilicitud: “cuanta más gente encerramos en la cárcel, más insegura es la sociedad. Evidentemente, el encarcelamiento acarrea muchos efectos contraproducentes. Esto nos obliga a buscar respuestas mejores que el castigo convencional”.
El experto subrayó que nueve de cada 10 víctimas y agresores alcanzan un nivel alto de satisfacción con el método de la mediación. “Este grado de conformidad es mayor que el que genera la actuación del sistema judicial. Al lado de ello hay que destacar el aumento del compromiso: hay que hacer un esfuerzo para hablar con quien te lastimó o con quien lastimaste. Pero una vez que ambos consiguen ponerse frente a frente, conversar y escuchar, el beneficio es inmenso porque la víctima puede entender mucho mejor qué es lo que pasó y por qué, y el victimario, el perjuicio que causó. Es una respuesta más rica y completa que la simple aplicación de una sanción”.
Aertsen aseguró que, según sus mediciones, el ofensor que participa de la mediación inspirada en la justicia restaurativa es menos proclive a reincidir en el delito. Los países escandinavos encabezan la aplicación de la justicia restaurativa. El procedimiento, en promedio, puede prolongarse dos meses, aunque el experto advirtió que los crímenes serios quizá necesiten seis meses o hasta un año de trabajo. “Hay que preparar el terreno: primero, dialogar con la víctima y el victimario por separado, y, luego, reunirlos”, afirmó.
Aunque a primera vista parece que la mediación penal favorece al victimario, Aertsen especificó que para la víctima no es menor la posibilidad de saber realmente qué sucedió. “Este tipo de información sólo puede ser proporcionada por el ofensor porque las investigaciones no siempre encuentran las motivaciones últimas de los actos ilícitos y, por supuesto, los imputados no están obligados a confesarlas”, apuntó. Y añadió: “las víctimas también obtienen, con este método, la oportunidad de dejar un mensaje claro al agresor. Es más difícil y duro para un imputado enfrentar a su víctima que a la Policía y al juez porque ese contacto es impersonal y puede ser enfrentado a la defensiva, con cierta relativización hacia lo que pasó”. Aertsen recordó que hay imputados a los que no les pesa ser privados de la libertad o pagar una multa: en la justicia restaurativa, en cambio, la reparación sale de un intercambio de palabras que es, en sí mismo, el inicio de una reconciliación.







