La vida en tiempos de prisión: Piccinetti, el pájaro de alas rotas pero mirada feliz

Quien hasta hace unos días era el prófugo más buscado de la provincia, habló en exclusiva con LA GACETA: el día a día y su rol de preparador físico y masajista en el equipo de rugby de UPAL.

05 Oct 2019 Por Leo Noli

Entre las palabras que intercambiamos con Félix Concha, el director del Servicio Penitenciario de la provincia y cabeza número uno de la cárcel donde estamos ahora charlando, el hombre me confiesa que se trabaja con nuevos métodos para que los reclusos de Villa Urquiza puedan reinsertarse en la sociedad cuando salgan y no que la sociedad los rechace por ser ex inquilinos de Villa Urquiza.

De hecho, algo en broma y algo en serio, Félix enumera todos los servicios que hay dentro del penal. Servicios básicos, de salud y de estudio. Los edilicios pasan de alto, aunque a la vista se ven mejoras en nuevos sectores, no así en la arteria principal, donde la superpoblación de convictos es un tema de nunca acabar.

Lo llamativo del ingreso (protegido) al corazón de Villa Urquiza es toparse con la inmensidad misma de un lugar construido para retener, no para liberar. Es un predio enorme y tan pequeño al mismo tiempo que concentra al Hollywood de los malvivientes y personalidades del hampa local.

LA GACETA recibió la invitación del penal para presenciar un partido histórico, el que los reos de UPAL (Un Pase a la Libertad) le ganaron 21-0 a los gendarmes del Fortín. Fue el partido de sus vidas, ese que ellos mismos admiten esperaban, por el rival y por la competencia. Los de UPAL jugaron “por la mama”, así de simple.

Entre los actores protagónicos de diversas salas de cámaras y condenas de Tribunales, se los vio a Pablo Amín, Lucas González y otros tantos apellidos con cartel de renombre como para llenar una sala con su película.

Pero quien quizás más sorprendió a los de escasa memoria a corto plazo es Luis Rafael Piccinetti, hasta hace menos de 25 días el hombre más buscado de Tucumán; el hombre que se fugó antes de conocer su condena por el caso del productor rural José Salas (asesinado), y que vivió a pata ancha amando y codeándose con la alcurnia en Bolivia. En Cochabamba, “Pichi” sedujo nuevamente al amor y vivió una vida de opulencia tal que hasta se dio el lujo de conocer a Evo Morales, de viajar al Mundial de fútbol de Brasil 2014; de sacarse una foto con Lionel Messi.

Ese mismo hombre, aquel que a la fecha es recordado en su Tafí Viejo natal como un tipo comprador, sin maldad, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba, pero peligroso porque tenía la costumbre de colarse en sábanas ajenas si se las abrían, hoy no puede volar. La jaula de Villa Urquiza es su nuevo hogar.

***

ACTIVO.

Primer contacto

Entre los más de 30 jugadores de UPAL, entre los que están en cancha y los que alientan afuera, surge la figura de un hombre peleando la carrera de los 50, de sonrisa amplia, pero con un look bastante diferente al que quizás uno puede tomar nota sobre un dandi: pelo corto, buen color y una panza bien alimentada, al punto de que la camiseta de Atlético que viste, la camiseta del Atlético de sus amores, le está por explotar.

Concentrado en el partido mismo, siguiendo cada movimiento de un UPAL al que parece jamás podrán quebrar en cancha, este misterioso hombre vestido con la camiseta de Atlético intercambia unas palabras con el cronista de LA GACETA. Se lo ve feli.

- Mucho Gusto.

- Hola, Leo Noli.

- Encantado, Luis Rafael Piccinetti.

- Hablamos un toque…

- Na, mejor no.

Al ver la cámara de LG Play “Pichi” regala la mejor de sus sonrisas y agradece la invitación pero sigue de largo. No hay peor gestión que la que no se realiza.

Hay revancha, claro. El 21-0 de UPAL es algo así para esta gente, que dice haber cambiado, que jura haber cambiado gracias al rugby, como escalar el Everest en ayuno y descalzo. Algo así como un imposible.

Entonces, como que la situación da como para un intento más. “Dale, ‘Pichi’, vení”. Amable, el amante de las 1.000 mujeres, el que dejó la conquista por dedicarse a la preparación física de UPAL y a cumplir la función de masajista en el equipo, acepta el mano a mano.

Hay pautas claras. No se habla del caso Salas. “No voy a hablar de eso”, afirma.  Sin embargo, eso no significa que el amigo no sea un as de la ironía y que sepa jugar un juego dialéctico sembrando interrogantes.

Hace poco más de 20 días que volvió a reencontrarse con viejos amigos del penal. Lo recibieron bien, como uno más. En off le consultó si le costó reinsertarse, si la vida acá es peligrosa. Respondió que no, que de afuera se ve una película mucho más cruda de lo que puede ser. Hay algo de verdad en sus palabras, pero también de mentira. El que la pasa bien dentro del penal es el que tiene amigos y gente que pueda cuidarlo. O cuidarse mutuamente. El lobo solitario, realmente, puede pasarla tan mal.

“Charlemos de deporte, de este partido…”.

“UPAL, un Paso a la Libertad”, suspira Piccinetti en una acción que puede sonar al, precisamente, pájaro que extraña la libertad de volar sin fronteras. “Esto una integración. Bueno, como se dice, un pase a la libertad”, explica el ex personal trainer, que a pesar de estar con unos cuantos kilos de más intenta mantener una vida san en un lugar donde la comida gourmet puede ser vista por TV o escucharla en alguna receta emitida en un programa radial.

“Uno trata de llevar la vida sana. Bueno, en vista de eso, uno trata de entrenar siempre y cuidarse, mayormente, en las comidas”, explica “Pichi”, cuyo entorno es clave en ese aspecto. “Bueno, la familia trae el alimento y tratamos de que la alimentación sea la balanceada para no exceder en carbohidratos y la mezcla que es complicada”, su barriga, claramente no dice lo mismo.

Sin entrar en el ping pong de la justicia, de la conquista, llegamos al punto de cómo se enteró de UPAL y se adaptó como un rayo a la vida social dentro del penal. El mejor ejemplo de que Piccinetti no la pasa mal es la camiseta autografiada por la Inimitable que luce. “Estoy de preparador físico y también de masajista. Y bueno, ahora hay algunos lesionados, pero es inevitable en un deporte como este”, sostiene. El hombre, feliz.

- ¿Te ves adentro de la cancha?

- Ya vamos a ver, tengo un pinzamiento en la tercera lumbar… Y aparte tengo 50 años. Qué querés, ja, ja, ja.

Si hubiera habido una idea pensada por todos, pre y pos partido, era ésta. “Los pasamos por encima”, No había manera que pierdan, entonces. “Nooooo, ja, ja, ja estaban muy comprometidos. Tampoco la batalla, no, pero queríamos ganar como sea, ja, ja, ja”. La risa con sorna de Piccinetti nos lleva a una ironía del destino. Se le puede ganar a la ley: “Ja, ja, ja. Se le puede ganar. Sí, siempre”, visto desde su propia óptica, él le ganó 12 años. Ahora perdió. Habrá que ver qué sucede a futuro.

Lo que sigue es un gracias, un abrazo, un “que te cuides” y un “no son $ 20.000, ¿viste?, Ja, ja, ja”.

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