Piccinetti administraba dos gimnasios lujosos en Bolivia

Tras ocho años de fuga, el acusado de homicidio fue detenido en Cochabamba. Buscado por el crimen de un agricultor de Trancas, el hombre se había relacionado con una mujer adinerada en Bolivia.

12 Sep 2019 Por Gustavo Rodríguez
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"RASGOS HISTÉRICOS Y NARCISISTAS". Durante el juicio, en 2011, Piccinetti sorprendió con su personalidad. ARCHIVO LA GACETA / FOTO DE JUAN PABLO SÁNCHEZ NOLI

En Cochabamba se hacía llamar con el nombre que figuraba en un documento falso. Con esa identidad dirigía dos gimnasios que instaló en sociedad con su pareja, una mujer de buen poder adquisitivo que había enamorado años atrás. Ayer por la mañana, personal de Interpol de Bolivia golpeó la puerta de la lujosa vivienda en la que vivía. Le explicaron que lo buscaban porque sabían que era Luis Rafael Piccinetti, tucumano que estaba prófugo desde hace más de ocho años por el crimen de un agricultor de Trancas. No se resistió. Fiel a su personalidad, sonrió y estiró las manos para que le colocaran las esposas.

Pasaron 12 años después de que fuera acusado de asesinar a Eduardo José Salas en julio de 2007. Cometió el crimen, según la investigación que desarrolló la fiscala Adriana Giannoni, en complicidad con su amante, Silvia Raquel Lai, esposa de la víctima. Permaneció detenido hasta fines de 2009, cuando le otorgaron la libertad, ya que había cumplido dos años en prisión sin que se desarrollara el juicio. El debate comenzó en febrero de 2011. Antes de que terminara una audiencia, salió de la sala y dijo que quería descansar. “Me voy a ir a pescar para calmarme”, les dijo a los periodistas. A todos les hizo creer que su destino era El Cadillal, pero desapareció.

El juicio continuó sin su presencia, y aguardaron un mes para que Piccinetti se presentara. Lai fue condenada a prisión perpetua al ser encontrada culpable de homicidio agravado por alevosía. La Sala IV, que en esos momentos estaba integrada por Horacio Villalba, María del Pilar Prieto (ambos fallecidos) y Marta Cavallotti (actualmente integra otra sala) no falló en contra del imputado, pero sí sumó elementos para considerar que él había sido el autor material del homicidio y ella, la intelectual. Después de dar a conocer la sentencia, ordenaron su detención a nivel nacional e internacional.

Nuevo impulso

La fuga de Piccinetti se transformó en una mancha para el Poder Judicial. El imputado había anticipado su fuga. “Habrá novedades y explotará tribunales”, había dicho antes de desaparecer. Durante meses, la Policía lo buscó dentro y fuera del país. Siempre se sospechó que había comenzado a ahorrar dinero antes de que comenzara el juicio en su contra. Lo hacía trabajando como masajista y conquistando mujeres de su Tafí Viejo natal. Cuando se dio cuenta de que no iba a ser absuelto, terminó de concretar su plan de fuga. Y eligió Bolivia para rehacer su vida.

Los jueces de la Sala IV, Wendy Kassar, Emilio Páez de la Torre y María Fernanda Bahler, decidieron reactivar la búsqueda. Gestionaron en el Ministerio de Seguridad de la Nación una actualización del monto de la recompensa. Eran $500.000 para quien aportara datos que facilitaran su captura. Paralelamente, encomendaron la búsqueda al Equipo Científico de Investigación Fiscal (ECIF), Gendarmería Nacional y la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA).

En los últimos cuatro meses, el ECIF estableció un posible paradero del prófugo en Cochabamba. Con colaboración de la Embajada Argentina, Gendarmería e Interpol de Bolivia, “nuestros hombres estuvieron en el país vecino e hicieron un silencioso trabajo para dar con el acusado”, explicó el coordinador del ECIF, Eugenio Agüero Gamboa. Confirmaron que Piccinetti se había refugiado en ese país, pero que cambiaba permanentemente de lugar de residencia. Primero se ocultó en Villazón. Luego pasó a Potosí y, por último, a Oruro. De acuerdo a fuentes bolivianas, en esos lugares se ganaba la vida como instructor de gimnasia, aunque también daba masajes a las personas que lo contrataban.

El destino pareció sonreírle cuando se mudó a Cochabamba. Allí habría conocido, gracias a su trabajo, a una mujer adinerada, mayor que él. Gracias a ella pudo codearse con los miembros de la elite social de la cuarta ciudad más importante del vecino país. La pareja era propietaria de los dos gimnasios más importantes del lugar. Además de administrarlo, Piccinetti derrochaba sus encantos dando clases.

Ayer, cuando los agentes golpearon la puerta de su casa, ubicada en un barrio exclusivo, descubrieron que usaba un nombre falso que había plasmado en un documento “trucho”. Por esa razón, las autoridades bolivianas anunciaron que lo expulsarían y lo acompañarían hasta Pocitos, en el límite con nuestro país. Allí lo esperan los investigadores del ECIF, personal de Gendarmería y de la División Homicidios. Una vez que se concrete la entrega, será trasladado a Tucumán.

Habrá nuevo juicio

Piccinetti, según confirmaron fuentes judiciales, deberá ser enjuiciado nuevamente. Y todo parece indicar que los jueces de la misma sala serán los encargados de realizar la audiencia, ya que ninguno de ellos integró el tribunal que dirigió el primer debate en el que no se le pudo dictar sentencia. La fiscala de cámara Marta Jerez de Rivadeneira, en sus alegatos, había señalado que él había sido el autor material del hecho.

Recuerdo

El crimen que conmocionó a Trancas

Silvia Raquel Lai llamó el 15 de julio de 2017 a la comisaría de Trancas para denunciar que su marido, el agricultor Eduardo José Salas, había sido asesinado por desconocidos. El hombre fue hallado en medio de un charco de sangre. Había sido asesinado de varios golpes en la cabeza. Luego de varios días, los pesquisas establecieron que la mujer de la víctima habría mantenido una relación sentimental con Luis Rafael Piccinetti, un instructor de gimnasia que tenía un gimnasio en esa localidad. Después encontraron pruebas en contra del joven. Una campera con manchas de sangre y la mancuerna que faltaba en el local, fue hallada en un descampado cerca del balneario El Boyero. La fiscala Adriana Giannoni señaló que la pareja había planeado el crimen porque Salas había descubierto que mantenían una relación sentimental.

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