Amputados pero no muertos: el fútbol, una maravillosa excusa para volver a vivir - LA GACETA Tucumán

Amputados pero no muertos: el fútbol, una maravillosa excusa para volver a vivir

Hernán Córdoba fundó Los Leones, el equipo de amputados de la provincia. Hace unos días hubiera cumplido 22 años. Hoy los alienta desde el cielo. "Le estaremos agradecidos por siempre".

27 Ago 2019 Por Leo Noli

“Yo, de ésta, ya no puedo zafar. Hernán empezó con este proyecto, no puedo dejarlo. Nadie de mi familia puede”, a Oscar, a punto de retirarse de la Federal, le decían el “Doctor Amor”, en uno de sus adicionales. Y no por ser un casanova sino por la amabilidad con la que sabía resolver los problemas de quienes asistían a una de las oficinas de ANSES, y también por su solidaridad para con sus compañeros. Así como es en su trabajo, lo será honrando eternamente el nombre de su hijo.

Oscar lleva el apellido Córdoba, es padre de Hernán, que hace un par de domingos hubiera cumplido 22 años. Un osteosarcoma en el fémur, primero, le arrebató la pierna izquierda. Y a los años, la vida. La herencia que dejó Hernán fue haber creado Los Leones, “el seleccionado” de fútbol de amputados. Oscar le llama seleccionado porque sus integrantes, que viven en diferentes localidades de Tucumán, se acercan los martes y jueves religiosamente a entrenarse en el complejo Centenario.

Hacia el predio de parque 9 de Julio fuimos. Oscar fue quien recibió a LA GACETA. Oscar fue quién me presentó a los jugadores, tipos macanudos, con un sentido del humor increíble.

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 Hernán decidió avanzar con Los Leones después de haber integrado la selección argentina y de irse a vivir a Córdoba, para poder seguir jugando. “Quiero armar un equipo en casa, papá”, cuenta el “Doc” sobre el deseo de su hijo. Y así, de a poco, sin pan y queso pero con la inspiración de quien nunca se daría por vencido, logró reunir material humano para los picados y amistosos, amén de viajar a torneos interprovinciales.

Curioso es el caso de estos jugadores, algunos jamás patearon una pelota cuando tenían las dos piernas, y ahora, con una solita, sí lo hacen. “Cuando sufrís un accidente como el que sufrimos nosotros, y te quitan algo, es muy difícil volver a insertarte en la vida. Pero acá con estos chicos yo volví a vivir”, dice orgulloso uno de los Leones, José Valdivieso, el veterano del plantel.

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MIEMBRO FANTASTA. Los chicos cuentan que al día de hoy sienten la pierna que ya no tienen.

Valdivieso, de profesión barman, resume lo que significa para ellos estar donde están hoy, todos unidos y sin sentirse avergonzados ni discriminados. “Es por la familia que se ha formado, y el cabeza de esto es nuestro ángel que nos ilumina desde el cielo todos los días. Él (por Hernán) ha formado esta gran familia. Le estaré agradecido por siempre. Me cambió la vida 100%”, las cabezas del resto de la tropa asienten con una coordinación envidiable.

Y de las palabras del corazón, a la chicana con humor negro…

“Estos rengos son unos culiaos…”.

Entre ellos mismos se llaman así, y al arquero, manco. No sienten esas palabras como ofensivas y, de hecho, ríen de ellas y las utilizan seguido para las cargadas.

“En el reino del rengo, el manco es el rey”.

El arquero solo puede utilizar una mano, si tiene las dos (se encinta una). Amputado corre a partir de haber perdido la mitad de su extremidad, es decir, del codo para arriba.

Martín Cabrera es uno de los cuidapalos. Este oriundo de Leales nació con una malformación en su brazo derecho y conoció a Los Leones a través de las redes sociales, de Facebook. “Juego con personas convencionales, pero de central. Con ellos empecé hará cinco meses. Ahora, estando en el arco tengo que aprender. Tengo que aprender a agarrar la pelota”, repite el amigo, y de fondo se escucha el apodo que le pusieron: “Mono Manco”. Mejor no indagar por qué. Risas. Y más risas para este hombre que ahora ve el balón como un chancho enjabonado. Difícil de atrapar cuando patean a su arco. Pero lo hace, y extremadamente bien. 

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UNA ARAÑA. Cabrera, que hace poco juega en el equipo, es un gran arquero.

En este entrenamiento de jueves por la tarde no han venido todos, son 18 los que siempre están, pero hoy la cuota de habilidad está reducida. La clave del éxito es el físico. Cada partido se juega a dos tiempos de 25 minutos. Son dos por día. Muchísimo. Generalmente, se disputa uno a la mañana y otro a la tarde. “Cuando recién empezás a correr con las muletas, sentís que perdés hasta las muñecas. Es enorme el esfuerzo que se hace para correr”, reconocen los muchachos. Previo al picado que nos toca ver con LA GACETA, los jugadores destinaron 20 minutos para la actividad física. 

En Bella Vista, los chicos encontraron una ciudad aliada. Su Intendente, Jorge Salazar, ha dado una mano grande, revela y agradece Oscar. Cuando viene un club de afuera, el mismo mandatario ha cedido sin costo un albergue y empresarios de la zona han colaborado con provisiones. Este fútbol sí que no tiene fronteras. Menos cuando se trata de ser solidario. Esta relación tan estrecha la empezó a forjar Hernán, que no está en cuerpo y alma pero sí en el corazón de cada jugada.

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EL FÍSICO. Se necesita de una gran entrenamiento para sostener a buen ritmo dos tiempos de 25'.

Jorge Juárez es hincha de Boca, lleva la azul y oro en la piel y prefiere no tocar temas recientes, llámese final de la Copa Libertadores 2018 con River. Hoy fuerte de cabeza, Jorge nos cuenta su historia. “Unos borrachos me chocaron. Se cruzaron de carril por esquivar un vehículo y me la dieron de frente. Me agarraron la pierna y me arrancaron la cadera. Se dieron la fuga y a los cuatro o cinco días se presentó en la comisaría el padre de uno de estos pendejos”.

“Hace poco estuve en la instancia de mediación. Pasaron siete años y todavía siento que se siguen riendo de mí. Para no llevar la causa a juicio penal me ofrecieron $ 5.000 a pagar en cinco cuotas de $ 1.000. Ni disculpas ni nada, me pidieron. Le dije a uno, ‘te estás burlando en mi cara”, lamentable. Lamentable.

A Valdivieso se lo llevó puesto un camión que transportaba bebidas, hace 20 años. “Fui imprudencia del chofer, me arrastró 15 metros, por la Silvano Bores y José Ingenieros. El tipo venía borracho, y en esa época no había controles como ahora, y era mucho más fácil escapar de las culpas”.

Les consulto cómo es reponerse de una injusticia así. “Te sentís un inútil. Estuve 90 días internado y cuando me dieron el alta no quería volver a mi casa. Los veía a todos normales y yo así”, confiesa Juárez. “Empezás con la silla de ruedas, la rehabilitación. Cuesta todo, pero después te empezás a independizar y todo cambia”.

BIEN ALIMENTADOS. De hambre, ninguno morirá, bromean entre los jugadores.

El silencio forma parte de la escena. Los que estamos dentro de la cancha reducida de fútbol 7 del Centenario escuchamos atentamente a los Jorge. Tengo una duda. ¿Es verdad que se siente la extremidad que ya no está? A esa sensación se la llama “miembro fantasma”.

“Todavía siento los dolores yo. Siento el pie como si lo tuviera. Parece que piso brazas constantemente. De hecho, hasta me dan puntadas y siento que se me levanta el talón”, cuenta Juárez y señala donde no hay nada de hueso y carne. Solo césped. “Me han llegado a internar por el dolor”.

“Esa sensación queda de por vida. Es insoportable”, agrega “Valdi”.

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Los muchachos vienen de probarse con la Selección. “Fue toda experiencia para nosotros, somos un equipo que lleva un año de vida. Vamos de menos a más”.

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EL CRACK.

Entre los que juegan bien, está “Milanesa”, un verdadero crack. Además de velocidad, que en este rubro de una pierna hábil y dos de palo cotiza en oro, “Milanesa” tiene una habilidad increíble. Gambetea y se florea. Pero es comilón. A veces prioriza el arco y no el pase de la muerte.

Los arcos tienen cinco metros de ancho por dos de alto. Son enormes para cuidarlos con una sola mano.

Los arqueros no pueden salir de su área.

Entre rivales no se tienen piedad. “Así, entre apuntados; así, entre rengos, porque ellos se dicen rengos, viste, se dan duro. Se hacen pelota”, firma el “Doctor Amor”.

A estos tipos se los ve bien comidos. 

“Y bueno, comemos como leones, je”.

 Fin.

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