Un mercado para repensarse

09 Jul 2019 Por Fabio Ladetto

En tiempos donde las urgencias económicas condicionan por igual tanto la realización como el éxito de los proyectos artísticos, la posibilidad de encontrar un espacio para que creadores, productores y público se encuentren es más una necesidad que una oportunidad. Entre este jueves y el domingo, la concreción en Tucumán de un nuevo Mercado de Industrias Creativas Argentinas (MICA) habilita esa posibilidad en el todavía insuficientemente desarrollado Espacio Cultural Don Bosco.

El primer MICA que se montó en el país tuvo lugar en un contexto muy diferente al actual. Era junio de 2011, se hizo en Buenos Aires y desde el Gobierno nacional se anunciaba que el objetivo era “generar negocios, intercambiar información y presentar su producción a los principales referentes de todo el mundo”. Como cierre se promocionaba el estreno exclusivo del tráiler de un largometraje sobre la vida de Mercedes Sosa, fallecida dos años antes.

También había coincidencias. No existía Ministerio de Cultura (Cristina Fernández de Kirchner lo creó recién en 2014 -apenas un año antes de dejar la Presidencia- y Mauricio Macri lo dio de baja el año pasado, para regresar a ser una Secretaría de Estado); los fondos para el arte eran insuficientes pese a que se reconocía oficialmente que era una de las actividades más pujantes y que más ingresos podía generar en relación con la inversión; y había comenzado una espiral descendente en la cantidad de público en las salas para cualquier tipo de espectáculos, que se acentuó desde el año pasado.

Una curiosidad especial es vincular el primer MICA en Tucumán, realizado en 2012, con el de esta semana en su décima edición. El original fue en el Centro Cultural Juan B. Terán (desmantelado luego para la apertura del cinturón de hierro de las vías del tren sobre calle Marco Avellaneda y que ahora podría llegar a tener su renacimiento en una segunda oportunidad) y ahora será en el Espacio Don Bosco. Ni el anterior ni el actual han logrado despegar como sitios estables para el arte; solo surgen con actividades eventuales, pese a que bien se puede construir un nuevo foco en esa zona de la ciudad, con otras propuestas cercanas (ya tiene una programación estable en lo musical Shitake Pub, por ejemplo; en sus cercanías funciona Pulsudo Sociedad de Fomento Cultural, y se está a pocas cuadras de Fuera de Foco y de La Colorida para lo teatral). Crear circuitos e integrar propuestas es llevar a la práctica apuestas alternativas que excedan lo declarativo y apuesten a convocar un nuevo público.

La idea misma del nombre, en tanto Mercado, apunta a la compra-venta de productos y propuestas (como contratos para shows). Habrá artesanía, diseño, artes visuales, libros, ropa y música de medio centenar de productores locales, aparte de capacitaciones y talleres. Como provincia argentina invitada estará La Rioja y en el marco del Mercosur, la región de Antofagasta, del norte de Chile.

Dentro del MICA local (en Buenos Aires acaba de realizarse uno nacional) habrá también un espacio reservado para pensar y pensarse en tanto protagonistas de la circulación de los bienes culturales, cuyo plano simbólico es el de mayor relevancia. La Secretaría de Cultura de la Nación presentará su relevamiento sobre consumo en todo el país concluido hace dos años, con una mesa panel de exponentes de distintas ramas para analizar los resultados del trabajo y tratar de encontrar respuestas sobre el futuro inmediato. El encuentro “Consumos culturales en la Argentina. ¿Dónde están? ¿Hacia dónde van?” será el viernes, y estará moderado por un experto de fuste: Luis Alberto Quevedo, de la Flacso. Participarán Claudia Epstein, Ezequiel Radusky y Bárbara Tarcic, entre otros, para analizar el tema desde distintas ópticas.

El estudio se llama Encuesta de Consumos Culturales del Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) y fue guiado por un tucumano en exilio voluntario. Gerardo Sánchez es economista formado en la UNT pero radicado hace una década en Buenos Aires, y está especializado en esta área desde hace años, lo que lo llevó a conducir el proceso de relevamiento y análisis. Además tiene un centro cultural en Caballito, por lo que él mismo (y su familia, por ende) forma parte del ecosistema que analiza.

Uno de los mayores impactos que registró el trabajo de marras fue el crecimiento del consumo de contenidos digitales entre 2013 (año del estudio anterior) y 2017. En ese período se pasó del 33% del gasto cultural en el campo de lo virtual al 50%. Esto incidió, a su vez, en una merma en la inversión en soportes analógicos de contenidos (venta de CD’s físicos, por caso) y el aumento de la oferta de plataformas de streaming que no existían o no estaban masificadas antes, como Netflix y Spotify.

La actividad más realizada por la población en todo el país, según las respuestas al estudio, es mirar televisión, aunque sin precisión entre de aire, de cable o (incluso) por streaming, ya que no se distingue esa diferencia en los resultados. Lo hace el 95,8% de los encuestados, seguido a cinco puntos por quienes escuchan música (el 92,7%, sin aclarar soporte). El podio lo completa usar internet con el 80%, proporción que incluso podría subir si en vez de hablar de consumo cultural se referenciase en forma amplia a todo uso de la red (estudio, comunicación, laboral, etcétera).

En el último escalón de esa grilla figura el teatro, como la actividad con menor consumo: apenas el 11% de los relevados van a una sala para presenciar una obra. Hasta visitar un museo le gana a esta milenaria actividad artística (tiene un punto más). Los shows musicales la duplican (22,4%) y comprar una entrada para ver una película en el cine la triplica (35,2%). Ante estas cifras, hablar de reinventarse como expresión cultural, seducir a nuevos espectadores, volver a ocupar un espacio central en el espectro, ser innovadores en las producciones, desafiar los límites y repensarse en cuanto arte no es una posibilidad: es una necesidad vital.

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