A veces la leche no es lo mejor para tu hijo

Por año en la Argentina nacen unos 7.000 niños alérgicos a la proteína de leche de vaca. No confundir con intolerancia a la lactosa. Leche oculta.

26 Jun 2019 Por Claudia Nicolini
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PELIGRO QUE PUEDE SER MORTAL. Un alérgico a la proteína de la leche no debe entrar en contacto con ella, aunque la leche no sea de vaca.

La leche y sus derivados suelen estar entre los alimentos más frecuentes en la infancia: yogures, flanes, helados... Se suele apelar a ellos como alternativa sana y barata de provisión de proteínas.

No está mal... salvo, claro, que haga mal. Y eso ocurre: en la Argentina nacen al año más de 7.000 niños que tiene alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV), la más frecuente de las alergias alimentarias infantiles (otras fuentes son huevos, trigo y soja)

“La APLV prolongarse varios años, pero en el 80 % de los casos remite a más tardar a los 5 años. Lo más frecuente es que la sufran los niños más pequeños (por ser la primera proteína extraña que se introduce en la dieta), en general, durante el primer año. También pueden reaccionar los lactantes si la madre que amamanta consume lácteos”, explica a LA GACETA Jorge Lavrut, jefe de la Unidad de Alergia del Hospital de Niños Pedro de Elizalde, de Buenos Aires. “Reaccionan especialmente a tres de las más de 25 proteínas diferentes que tiene la leche de vaca: la alpha, la beta y la caseína”, añade Lavrut, que vino a Tucumán como panelista de la Jornada sobre Alergia Infantil que se desarrolló el viernes en al Hospital de Niños, organizada por la Sociedad de alergia, Asma e Inmunología de Tucumán.

De qué hablamos

Las alergias son reacciones “exageradas” del sistema inmunológico hacia algo que no molesta a la mayoría de las personas. En el caso de la APLV, especifica Lavrut, los síntomas que dan cuenta de esa reacción pueden ser de tres grandes tipos:

• 60% de los casos, gastrointestinales

• 30 % de los casos, respiratorios

• 10 % de los casos, en la piel

“Pero pueden aparecer combinados; que es lo más frecuente en los síntomas respiratorios”, advierte, y recomienda a padres y cuidadores estar alertas antes diarreas que no ceden (a veces en las deposiciones se observa moco o sangre), cólicos intensos y reflujos o vómitos de origen incierto.

En la piel suelen aparecer eczemas, urticarias y/o edemas en labios y párpados, inmediatamente después de la ingesta. “Y en algunos casos -añade- puede producirse una reacción alérgica severa con riesgo de muerte, denominada anafilaxia”.

Por su parte, la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (de la que la de Tucumán es adherente científica) insiste en la necesidad en la importancia de sospechar los cuadros a tiempo, porque cuanto más tarde se diagnostica y se trata una alergia alimentaria, mayor es el riesgo de comprometer seriamente las curvas de crecimiento de los niños.

Si tu hijo es alérgico, deberá llevar una dieta muy estricta, además de otros cuidados (ver nota), por lo que estar seguros del diagnóstico es fundamental.

“Es importante conseguir un diagnóstico de certeza; la privación absoluta de leche de vaca y sus derivados no es absolutamente inocua y no es sencilla de mantener; sería muy cruel someter a ella innecesariamente a un niño”, destaca Lavrut y explica cómo es el proceso: “lo primero es una prueba de sensibilidad cutánea y la búsqueda del antígeno IgE (el que reacciona a las proteínas) en sangre”.

Si estos tests (que pueden dar falsos positivos) sostienen la sospecha, se hace una prueba de provocación: darle productos lácteos para ver si hay reacción. Si no hay reacción, lo que se detectó nunca fue una alergia. Y puede ocurrir, pues los síntomas pueden confundirse, por ejemplo, con la intolerancia a la lactosa (Ver “Aprendé las diferencias”)

Qué pasa si se confirma

Para prevenir riesgos mayores, habrá que instaurar una ‘dieta de exclusión’, que significa suprimir la ingesta de la leche y todos sus derivados. Y no sólo la de vaca. “El único mamífero cuya leche no provoca reacciones en los alérgicos a la proteína de la leche es la hembra del camello... y es un poco difícil conseguir su leche”, señala Lavrut con un toque de humor. Pero no basta con ello, pues puede haber leche oculta por todos lados. La recomendación básica es leer atentamente todas las etiquetas.

“La persona que amamanta a su bebé también deberá suprimirlos”, indica Christian Boggio Marzet, pediatra gastroenterólogo y Coordinador del Grupo de Trabajo en Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Pirovano, de Buenos Aires, y miembro de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. “En los casos en que los niños no puedan recibir leche materna ni -por supuesto- leche de vaca, la opción de reemplazo será indicada por el gastroenterólogo pediatra y es indispensable su estricto seguimiento. Suelen recomendarse leches de fórmula especiales, cuya provisión para estos cuadros está garantizada por una ley nacional (N° 27.305)”, destaca.

Entre los factores que incrementan el riesgo de que el bebé desarrolle alergia se destacan una predisposición alérgica -no solo alimentaria- de padres y hermanos, lactancia materna inferior a los tres meses, consumo temprano de leche de vaca, y nacimiento por cesárea.

> Aprendé las diferencias
Intolerancia y alergia no son lo mismo

Es frecuente sufrir reacciones físicas a ciertos alimentos, pero no hay que confundir alergia con intolerancia alimentaria. Aunque pueden generar signos y síntomas semejantes, la alergia causa una reacción del sistema inmunitario que afecta diversos órganos del cuerpo; y puede ser grave o potencialmente mortal. En cambio la intolerancia es menos grave; a menudo se limita a problemas digestivos y es posible que puedas consumir pequeñas cantidades del alimento desencadenante sin problema. Además, para la intolerancia a la lactosa, contás con leche deslactosada. En el caso de la alergia todo vestigio de leche (incluso de otros mamíferos) debe ser eliminado.

> Cesárea, factor de riesgo
Importancia de la microbiota

El conjunto de gérmenes que habitan el cuerpo humano, 95% de los cuales se alojan en el tubo digestivo, influyen en la predisposición a la APLV. “Los bebés que nacen por parto vaginal adquieren gran parte de su microbiota (que contribuye a sintetizar vitaminas, a metabolizar hidratos de carbono y están muy vinculados con el sistema inmunológico) aspirando gérmenes beneficiosos en el canal de parto; los que nacen por cesárea sólo reciben los gérmenes presentes en el quirófano. En un estudio en nuestro hospital comprobamos que en los bebés nacidos por cesárea la prevalencia de alergias a la proteína de la leche de vaca fue casi el doble”, explicó Boggio Marzet.

> Fuentes ocultas de proteína de leche de vaca
Algunas vacunas, como la sabin oral y la neumo 23.
Ciertos útiles escolares, como las gomas de borrar o algunos adhesivos.
Productos industriales que usan lácteos de conservante: congelados, embutidos, carnes procesadas (salchichas, patés), margarinas, helados, salsas, algunos fiambres, cereales enriquecidos, sopas instantáneas, medicamentos con lácteos.
Algunos dentífricos y otros productos cosméticos.
Algunos complejos vitamínicos.

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