La Santísima Trinidad

16 Junio 2019

> LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn 16,12–15).

I. Hoy la liturgia nos propone el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad, fuente de dones y gracias, misterio de la vida íntima de Dios. Poco a poco, con una pedagogía divina, Dios fue manifestando su realidad íntima, cómo es Él, en Sí, independiente de todo lo creado. En el Antiguo Testamento da a conocer la Unidad de su ser; que a diferencia del mundo es increado; que no está limitado a un espacio (es inmenso), ni al tiempo (es eterno). Su poder no tiene límites (es omnipotente). También se revela como el pastor que busca a su rebaño y se va manifestando la paternidad de Dios Padre, la Encarnación de Dios Hijo y la acción del Espíritu Santo.

Cristo nos revela la intimidad del misterio trinitario, la llamada a participar en él, y la perfectísima Unidad de vida entre las divinas Personas (Juan 16, 12-15). El misterio de la Santísima Trinidad es el punto de partida de la verdad revelada y la fuente de la vida sobrenatural y a donde nos encaminamos: somos hijos del Padre, hermanos y coherederos del Hijo, santificados continuamente por el Espíritu Santo para asemejarnos cada vez más a Cristo y ser templos vivos de la Santísima Trinidad.

II. Desde que el hombre es llamado a participar de la vida divina por el bautismo, está destinado a participar cada vez más en ella. Es un camino continuo. Del Espíritu Santo recibimos constantes impulsos, mociones, luces, inspiraciones para ir más deprisa por ese camino que lleva a Dios, para estar cada vez en una “órbita” más cercana al Señor. “El corazón necesita distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: los dones y las virtudes sobrenaturales. (J. Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios)

III. “Tú Trinidad eterna, eres mar profundo, en el que cuanto más penetro, más descubro, y cuanto más descubro, más te busco” (Santa Catalina de Siena, Diálogo), le decimos en la intimidad de nuestra alma. Y desde lo hondo del alma añadimos: Padre, glorificad continuamente a vuestro Hijo, para que vuestro Hijo os glorifique en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos (Juan 17, 1)

Textos basados en ideas de “Hablar con Dios”, de F. Fernández Carvajal.

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