LA MISA DE HOY
PBRO. MARCELO BARRIONUEVO
Justicia y Caridad van de la mano y eso nos piden las lecturas de hoy. La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales. Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. Es que la justicia es la virtud cardinal que permite una convivencia recta y limpia entre los hombres. Sin esta virtud, se torna imposible y la sociedad, la familia, la empresa dejarían de ser humanas y se convertirían en lugares donde el hombre atropella al hombre.
Otra faceta de la justicia se refiere a los deberes de la sociedad en relación a lo que a cada individuo le corresponde. La justicia en una sociedad viene de quienes la componen. Son las personas quienes proyectan su justicia o su injusticia, sobre todo quienes en ellas tienen más responsabilidad. Si de verdad queremos que impere en una sociedad, hagamos justos a los hombres que la componen. Con actos concretos de justicia, el hombre se moverá cada vez con más facilidad por “una voluntad constante e inalterable de dar a cada uno lo suyo”, pues en esto consiste la esencia de esta virtud. Si hay una tarea noble y bella, es precisamente la de trabajar con responsabilidad personal, por una sociedad más justa, recta y limpia.
El origen, la gran fuerza que mueve al hombre justo, es el amor a Cristo. Cuanto más fieles al Señor seamos, más justos seremos, más comprometidos estaremos con la verdadera justicia. Un cristiano sabe que el prójimo, el otro, es Cristo mismo, presente en los demás, y de modo particular en los más necesitados. “Sólo desde la fe se comprende qué es lo que de verdad nos jugamos con la justicia o la injusticia de nuestros actos: acoger o rechazar a Jesucristo”. Este es el gran motor de nuestras acciones. Esto es lo que sólo los cristianos, mediante la fe, podemos ver: Cristo nos espera en nuestros hermanos.
“Los pobres de la sociedad, personalmente considerados, así como las zonas, los grupos étnicos o culturales, los enfermos, los sectores de la población más pobres y marginados tienen que ser preocupación constante de la Iglesia y de los cristianos. Es preciso aumentar los esfuerzos para estar con ellos y compartir sus condiciones de vida, sentirnos llamados por Dios desde las necesidades del prójimo, para hacer que la sociedad cambie para hacerse más justa y más acogedora en favor de los más pobres”.
En el cristiano no puede haber verdadera justicia sino está informada por la caridad, porque quedaría al ras de la tierra, empequeñecida.
Cristo, en nuestras relaciones con el prójimo, quiere más de nosotros. A Él hemos de pedirle: “que nos conceda un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad”.







