“El resultado electoral sólo reacomodará las cosas, con nuevas reglas”

El consultor afirma que se vive “la era de los consensos precarios”.

VISIÓN. Según Riorda, Macri ganó con el discurso de la América Feliz y termina con la lógica de la Santa Rusia. univ. austral
VISIÓN. Según Riorda, Macri ganó con el discurso de la América Feliz y termina con la lógica de la Santa Rusia. univ. austral
Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 28 Abril 2019

“Impredecible”. Esa es la primera palabra que sale de la boca de Mario Riorda cuando LA GACETA le pregunta sobre qué piensa de la Argentina. El presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (Alice) y director de la Maestría en Comunicación Política en la Universidad Austral observa un fenómeno particular: la caída abrupta de la aprobación popular de algunos mandatarios. Es lo que él denomina “la era de los consensos precarios”. Y explica: “hay países en los que se evidencia un descenso abrupto en la consideración al iniciarse un gobierno (Brasil o Colombia, por caso) y hay casos en lo que es más sistemática la cuestión (Argentina o Chile), con condicionantes estructurales en materia económica”. Por eso, acota en la entrevista con nuestro diario, es bastante difícil imaginar pronósticos no sólo de largo, sino de mediano plazo.

-¿Cómo interpreta la comunicación del presidente Mauricio Macri en tiempos de alta volatilidad?

-Creo que hoy, en el Gobierno, no le ha durado la reputación, lograda, básicamente, por la coherencia entre el decir y el hacer o, más que todo, en el prometer y el hacer. Pero, independientemente de esa desconexión o ese desacople, creo que el votante opositor jamás tuvo confianza en el Gobierno y más de la mitad del voto que lo apoyó está sufriendo dos tipos de procesos. Por un lado, el votante filoradical sufre literalmente el enojo; por el otro, el votante liberal, del PRO, que padece la frustración y la decepción. Esto es muy complemo, porque hoy la Presidencia está en un proceso complejo de ensayo y error de estilos y de formas comunicativas, ni siquiera de contenidos de políticas, donde se mezclan la recuperación de prácticas o regulaciones que el mismo Gobierno criticaba anteriormente y la defensa del largo plazo, sostenida por un tránsito complejo a modo de sacrificio que la Argentina debe pasar para llegar a un futuro.

-¿En qué se sustenta ese sacrificio?

-Se sustenta en la promesa de futuro poco concreta y, supuestamente, de algo mejor sin saber qué significa lo mejor. Por si fuera poco, se prueban estilos en la estética del poder. Hace poco más de un mes vimos a un Presidente eufórico en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso; pero a los pocos días lo vimos enojado con aquello de estoy caliente luego de una reunión de gabinete ampliado. Ahora vimos a un Presidente apesadumbrado y triste en un video, bajando de la euforia de la revolución de la alegría a las medidas de alivio. Y hoy, por lo menos así intentan mostrarlo, lo observamos que se convence de las dificultades y trata de mostrar aplomo frente a los problemas, como una especie de acostumbramiento al mal. Me parece que la inconsistencia se agrava porque el Gobierno no tan solo no da certezas en cuanto a sus políticas, sino que ahora se suma la ausencia de certezas en cuanto al estilo comunicacional o registros en los que decide aparecer públicamente.

-Hace unos días, el asesor presidencial Jaime Durán Barba definió: “en el concurso de los menos malos, claramente ganamos”. ¿Qué piensa de eso?

-Esto es una afirmación de la dificultad. Lo describía un historiador británico Arnold Joseph Toynbee cuando decía que el valor dominante de Oriente era la Santa Rusia, algo así como un sacrificio colectivo para que a todos les vaya bien, y lo diferenciaba de la América Feliz, que era la posibilidad meritocrática de que, con el esfuerzo, todo podía ir bien. Es muy curioso esto porque el Gobierno gana las elecciones con el discurso de la América Feliz, pero ahora sugiere gobernar con la lógica de la Santa Rusia. Algo así de aquella idea inicial meritocrática a un colectivismo que nos permita pasar, espalda con espalda, una etapa que, casi en términos bélicos, está asociada al desierto, a la carencia y al sacrificio. Y la verdad es que no queda claro cuál es el final de ese desierto, pero sí la contradicción constante del Gobierno que ni el enojado, ni el frustrado ni el decepcionado tengan certezas de lo que sucede porque ve a otros más malos que los que pueden estar en esta gestión.

-Pero en la vereda del frente circula Cristina Fernández que, con un libro, intenta marcarle la cancha a esta administración...

-Es otro fenómeno interesante: sin hablar, habla. Hay que tomar en cuenta que el discurso no es sólo hablar, sino también toda práctica que, sin hablar, puede producir algún sentido público. Por ejemplo, un libro, los actos o el silencio. En estos días se habla de un ascenso en las encuestas de Cristina, pero en la realidad es que ha subido muy poco, casi nada en los sondeos y en la consideración. Lo que pasa es que se ha aumentado la diferencia porque el que se desplomó es el Gobierno. Hasta este intento de rescate de la polarización ha llevado que las terceras fuerzas pierdan terreno en los últimos 15 días.

-¿Cómo se sale de este agobio general, de la incertidumbre de los mercados, en medio de un proceso electoral?

-No sólo puede pensarse que las reacciones del mercado sean sólo producto de la presión opositora hacia el gobierno. Estamos ante una rareza en la que gran parte de la interna dentro del oficialismo es una de las acciones que produce inestabilidad. Pero, para que el país salga adelante, hay pasos necesarios que realizar. Creo que el final de la campaña electoral será el ordenador de este proceso porque los mercados también se acomodan, gane fulano o mengano, gane fulana o mengana. Entonces, el próximo paso de certidumbre que tendrá el país es el resultado de la campaña electoral, para bien o para mal, gane quien gane. Eso no significa necesariamente una salida, sino un reacomodamiento transitorio, con nuevas reglas de juego.

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