Cómo matan a los árboles en la ciudad

El acto vandálico más común es el de arrojar líquidos químicos o agua caliente para matarlos. Al arbolado también lo pintan y le clavan carteles. Qué opinan los expertos.

17 Mar 2019 Por Florencia Bringas

Una bolsa con basura cuelga de una rama. Una chapa adherida al tronco con clavos enormes tiene los datos de “un service” para electrodomésticos. Pintura celeste o blanca o verde colorean ejemplares en toda la ciudad. Y los pequeños árboles, ya sin ramas o tutores tratan de crecer en el microcentro. El arbolado urbano sufre y el vandalismo ejercido por personas de diferentes edades es el responsable del deterioro de esa infraestructura verde repleta de beneficios. Tiemblan los 323.000 árboles que tiene San Miguel de Tucumán.

“Hace unas semanas causó gran conmoción cuando pintaron de verde un perro, mientras eran tratados de la misma manera árboles de la zona. La repercusión fue acentuada sobre el perro en cuestión, pero también fue muy grave el tratamiento indebido de los árboles”, comienza puntualizando Pedro Buiatti, presidente de la Sociedad Amigos del Árbol. Luego menciona -y recuerda- que la Municipalidad de Tucumán tiene en vigencia la ordenanza 2.432 que cita, entre otras prohibiciones, el pintado de los árboles.

-.-SALTA AL 200. En muchos árboles de esa arteria han clavado carteles de líneas de ómnibus. LA GACETA /FOTOS DE ANALÍA JARAMILLO.-

Históricamente en Tucumán se ha pintado de diferente manera y por distintos motivos el arbolado urbano. Una práctica común fue el encalado o el blanqueado de los troncos, que se realizaba a principios del siglo XIX con un criterio desinfectante. ¿Quién no recuerda así los árboles del parque 9 de Julio?

“Con cal se pintaban las casas inmediatamente retirado el cuerpo de un fallecido por cólera durante las epidemias. Esta se convirtió en una práctica cultural caduca, sin ninguna finalidad o beneficio para el árbol. Por el contrario, esconde su textura, su color y su tonalidad”, opina el ingeniero agrónomo tucumano.

Sobre el encalado, que por algunos lugares de la ciudad se pueden encontrar esporádicos ejemplos, Buiatti sostiene que desde el punto de vista estético se trata de una práctica costosa e inocua, ya que rompe el aspecto natural de la vegetación, convirtiendo a los jardines, parques y arbolado de vías públicas en objetos artificiales (“Qué más estético que un árbol sano, fuerte y vigoroso, con un tronco que enseñe su corteza intacta”).

Cuestión de química

También hay cuestiones químicas con respecto a la caduca actividad de pintar los troncos, detalla Buiatti: “La pintura o cal se lava con las lluvias, se disuelve y baja al suelo lixiviándose. Al llegar esta cal al suelo, disuelta en agua, tiene la propiedad de elevar el pH del suelo. El pH facilita el intercambio de minerales y hace que estos sean absorbidos por las raíces finas de las plantas. Al elevarse el pH, el suelo se hace más alcalino y el hierro -por ejemplo-, un mineral indispensable para el desarrollo sano del árbol, ya no puede ser tomado por las raíces. Si el suelo es de por sí alcalino, como sucede en muchas zonas de la ciudad, con el encalado acabamos de empeorar la situación y afectamos más los árboles y otras plantas. Y conduce a que el árbol experimente una enfermedad que se llama ‘clorosis inducida por cal’, cuyos síntomas son el amarillamiento del follaje y la pérdida de la capacidad para realizar la fotosíntesis, el proceso de elaboración de su propio alimento”. En pocas palabras, el encalado hace que el árbol muera de hambre.

Además -agrega- los árboles necesitan respirar y por el tronco lo hacen a través de unas aberturas especiales llamadas lenticelas. El encalado los quema y los ahoga porque tapona estos poros. Mientras que las plagas y las enfermedades tienen muchas vías de dispersión, diferentes a trepar por el tronco: el viento y el agua son sus principales vehículos de propagación. Por ello, afirma el especialista, es un engaño pensar que con el encalado se evitan las enfermedades.

En Villa Alem pintaron un ficus de blanco y celeste.-

“Lo que puede estar sucediendo actualmente es que la práctica del cuidado de los árboles sigue estando en manos de personal técnico y operativo con la baja capacitación dedicado al cuidado de las áreas verdes. La arboricultura no figura en su currículum. Aún no aparecen los arboricultores, arbolistas o arboristas dedicados al cuidado del árbol urbano. La arboricultura es la ciencia y el arte del cuidado de los árboles, arbustos y enredaderas en ambientes urbanos, con más de 100 años de trabajo de investigación. Sin embargo, aún se desconoce en nuestro medio”, concluye.

Entonces, a la Sociedad Amigos del Árbol le resulta paradójico que una persona haya perdido su trabajo por pintar un perro y ninguna sanción hubo para quien violó la ordenanza pintando árboles que también son seres vivos.

Quieren un garaje

Según datos de la Municipalidad capitalina, un 40% de los árboles que se plantan no llegan a superar los dos años de crecimiento a causa de diversos actos vandálicos. “Es altísimo el promedio que se pierde; se depreda cerca de un 40%, aunque volvemos a plantar en los lugares donde no creció el ejemplar. A eso hay que sumarle un 10% de pérdidas por la sequía, porque no estuvo plantado con la profundidad recomendada y por factores de su propio crecimiento natural”, dijo en una oportunidad Atilio Belloni, ex subsecretario de Obras Públicas del municipio.

Para el secretario Servicios Públicos, Carlos Arnedo, también hay otro tipo de vandalismo: el de los vecinos que les arrojan a los árboles de las veredas líquidos con químicos para matarlos. “Nos han mandado muchas notas porque quieren construir un garaje y por ello piden que saquemos el árbol. Si no lo hacemos, le ponen una serie de productos para que se caiga solo. También les molestan las hojas de ese árbol que en verano les da sombra. Después la responsabilidad recae en la Municipalidad y ellos miran para otra parte. Hay situaciones complicadas y controvertidas con el tema del arbolado urbano”, comenta el funcionario.

Arrojarles productos químicos o agua hervida es el actual y más común de los actos vandálicos sobre los árboles de la ciudad, según la Municipalidad. Quizás esos vecinos no saben -o no les importa- que el arbolado urbano intercepta la lluvia o el granizo cuando dejan el auto afuera de casa, reduce el ruido generado por los autos, retiene el polvo y absorbe gases contaminantes (especialmente óxidos de nitrógeno y óxido de azufre producidos de los escapes de vehículos) y reduce considerablemente la temperatura.

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