Un hallazgo del siglo XX

Realismo, precisión y minimalismo en una “escritora tapada”

17 Mar 2019
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CONSAGRADA. Los textos de Pearlman abarcan grandes períodos de tiempo en pocas páginas, resume vidas completas en unos cuantos párrafos y condensan en ellos los aspectos más significativos de una persona.

CUENTOS

VISIÓN BINOCULAR

EDITHE PEARLMAN

(Anagrama - Buenos Aires)

El nombre de Edith Pearlman todavía resulta desconocido en estos pagos. Sin embargo, cabe sospechar que sus textos están circulando lentamente, de boca en boca, como si se tratara de un secreto. Y, en efecto, Pearlman fue durante mucho tiempo un secreto. Nacida en 1936 en Estados Unidos, la autora de Miel del desierto publicó su primer libro a los 60 años, y los reconocimientos llegaron por lo menos 20 años después.

En el prólogo, la escritora Ann Patchett señala que el lector tiene entre manos “una joya, un libro que podrías llevarte a una isla desierta sabiendo que, cada vez que llegases a la última página, podrías volver a empezar”. Se trata de Visión Binocular, el libro más premiado de Edith Pearlman que reúne lo mejor de los más de 250 relatos breves escritos a lo largo de sus 80 años de vida.

Comparada con Lucia Berlin por el destape casi violento que significó su aparición en la literatura norteamericana, Pearlman tiene la suerte de aún estar viva y ser testigo de su reconocimiento como autora. Si la comparación con Berlin es pertinente en cuanto a lo repentino de su aparición, también es comparada con Alice Munro por el estilo de escritura. Ambas coinciden en abarcar grandes períodos de tiempo en pocas páginas, son expertas en resumir vidas en unos cuantos párrafos y logran condensar en ellos los aspectos más significativos de una persona.

Como un río tranquilo

Los cuentos de Pearlman son estrictamente realistas: una niña se pierde en la gran ciudad y es buscada por sus padres, una anciana con cáncer decide jubilarse e irse a vivir al campo, un grupo de judíos alemanes que en 1947 espera papeles para emigrar, una niña que espía con binoculares a sus vecinos, la exiliada polaca que se va a vivir a Centroamérica. Situaciones cotidianas en las que se destaca la mirada de la autora más que la floritura de la prosa.

Si bien la palabra “hallazgo” es la habitual para hablar de autores que salen a la luz después de haber estado en el anonimato mucho tiempo, en este caso es de una precisión singular si consideramos que el hallazgo no se da en el espacio sino en el tiempo.

Pearlman es una escritora del siglo XX: minimalista, sin ostentaciones, con textos que discurren como un río tranquilo y constante y una precisión técnica envidiable, exenta de la leyenda maldita que rodeaba la figura de autores como Carver y la propia Berlin.

Entre los cuentos destacables que componen este volumen se encuentran Dirección Centro, Independencia y El abrigo.

© LA GACETA

> Solitarios*
Por Edith Pearlman

Sus amables tíos la mandaron a la Universidad de Budapest. Estudió Ciencias. Pero en Budapest apenas podía respirar; echaba de menos el aire del bosque sagrado. Entre las personas corrientes se sentía fuera de lugar, hasta secuestrada. La voz se le retiró a la laringe. Reconocía a solitarios como ella: el hombre que le arreglaba los zapatos, una joven del parque con la mirada perpleja, un profesor que enseñaba matemáticas en la universidad. Pero los solitarios no quedan, no se reúnen; alguien debe convocarlos (…)
Empezó de criada, a petición propia. Fregaba el suelo de piedra de la cocina: aprendió los rudimentos de los oficios de electricista, fontanero, contable. Su tío y su tía murieron, uno después del otro, el mismo mes. Lloró por el hombre y lloró por la mujer. Pero sus lágrimas no tenían sal.
Poco a poco la clientela del hostal fue cambiando. Clientes sin imaginación cedieron paso a clientes con secretos. Las familias dieron paso a los solitarios. Algunos llegaban con su propio edredón; una anciana que iba todos los veranos se llevaba un juego de sartenes. Llegaban hombres exhaustos y dejaban a algún familiar por tiempo indefinido. Corrió la voz como había sucedido siempre, de pueblo en pueblo, como las leyendas que transmitían las comadres; ese sitio cerca del puente…, los raros pueden estar a sus anchas.

* Fragmento de El puente de Junius, incluido en Visión Binocular.


PERFIL

Edith Pearlman nació en Providence, Rhode Island (EE.UU.), en 1936. Es autora de unos 250 cuentos aparecidos en diversas revistas. Publicó su primer libro de relatos, Vaquita and Other Stories, en 1996, cuando tenía 60 años, y ganó el Premio Drue Heinz. Le siguieron Love Among the Greats and Other Stories (Premio Spokane) y How to Fall: Stories (Premio Mary McCarthy). En 2011 se reunió una antología de sus mejores relatos en Visión binocular, galardonado con los premios National Book Critics Circle Award, Julia Ward Howe, Harold U. Ribalow y Edward Lewis Wallant y finalista de varios más, entre ellos el National Book Award. Además fue elegido libro de ficción del año por el Sunday Times y la revista Foreword. La autora ha recibido también, en tres ocasiones, el O. Henry, el más prestigioso premio de cuentos estadounidense, y el PEN/Malamud por el conjunto de su obra.

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