“Ni héroes ni próceres: esta es la historia que escribe el pueblo” - LA GACETA Tucumán

“Ni héroes ni próceres: esta es la historia que escribe el pueblo”

Marcos Pastrana recuerda cómo se hizo aquel primer festival que luego se transformó en la Fiesta Nacionaldel Queso.

20 Feb 2019 Por Julio Marengo
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DESGRANANDO RECUERDOS. Marcos Pastrana cuenta que el primer escenario se yapó con una mesa. la gaceta / foto de juan pablo sánchez noli

La Escuela N° 28 de Tafí del Valle se inauguró en 1951. Ese mismo año ingresó Marcos Pastrana, hoy de 75 años. Ya egresado y con la vida semi armada, el director que estaba en 1969, don Alcaraz, y las que habían sido sus maestras, Azucena y Luis, lo convocaron: “necesitamos hacer un festival para juntar plata y mejorar la escuela”, le dijeron. Marcos se puso en las filas en ese mismo momento. No había más que decir.

“Me acuerdo de que el escenario lo armamos con maderas, con tablones que iba acercando la gente. Todos ponían algo. Como nos faltaba un pedazo, lo completamos con una mesa. Así lo yapamos. Alguien trajo unos cortinados como de terciopelo y con eso nos la ingeniamos para hacer el telón, que íbamos abriendo y cerrando cuando subían los músicos. El bombisto Rolo Espíndola hacía las veces de músico y de maestro de ceremonia. Así comenzó la Fiesta del Queso, cuando no tenía nombre y era solamente un festival folclórico”, rememora Pastrana con lucidez.

Para él es todavía una sorpresa haber atravesado con esos zapatos de 50 años la Fiesta del Queso. Pero tiene una explicación. “Del festival folclórico de la primera vez, fue creciendo. Después llegaron productores locales a mostrar sus cositas, y así fue creciendo. Trascendió porque el pueblo lo adoptó como propio desde la primera vez”, analiza.

Desde el patio de la escuela, la fiesta salió a las calles. Se hizo en esquinas, en lo que hoy es la avenida Perón, en el famoso corral redondo de Las Tacanas, que todavía se utiliza. Era la fiesta del pueblo. Hasta que en el año 87 necesitó sede propia, por las dimensiones que había cobrado. Ahí se lo trasladó al predio Democracia, donde se hace hasta hoy.

“Era el gran momento en que los tafinistos desperdigados por todo el país volvían al valle a festejar con sus seres queridos. Sigue siendo eso. Nadie se lo quiere perder. Es una gran excusa para venir de visita. Para comer el estofado de pelones que se come, creo, aquí y en ningún lado más. La Fiesta del Queso llegó a trascender porque lleva la magia del pueblo. Es la historia que no escriben ni los héroes, ni los mártires ni los próceres. Es la historia que escribe el pueblo todos los días”, finalizó.

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