“El problema es el camino” es una frase que repiten todos los que alguna vez circularon desde la capital, por la ruta provincial 305, hacia el norte. A los 30 kilómetros, a la altura de El Sunchal, el tramo deja de estar asfaltado y pasa a ser de ripio.
Esto representa un problema para los vehículos de gran porte, como los colectivos de la empresa BFB. Estos circulan por allí todos los días desde la capital hacia Chorrillos, la última localidad antes del límite con Salta. “Este camino está horrible permanentemente por la lluvia. En tiempos de verano, olvidate”, dice Héctor José Madrid, que trabaja como chofer de esa línea de colectivos hace dos años.
Franco Carvajal, inspector de la empresa de ómnibus, coincide. Y precisa que el mal estado del camino de ripio, que cuando llueve fuerte se puede tornar intransitable por el barro, genera una demora de hasta 40 minutos por cada viaje y rompe el tren delantero de los vehículos que circulan por allí.
En diálogo con LA GACETA, los dos empleados de la empresa BFB criticaron a Vialidad Provincial y a la comuna de Villa Padre Monti. “Todos brillan por su ausencia: el delegado (Alfredo Ybañez), Vialidad, todos”, opinó Madrid. “Las máquinas de Vialidad pasan cuando se acuerdan, cuando la empresa está al borde de decirle (al delegado comunal) que sólo vamos a llegar hasta El Sunchal. Recién ahí es cuando se activan”, sostuvo Carvajal.
Uno de los choferes de la ambulancia del CAPS de Río Nío, Gustavo González, también expresó que el camino “es horrible”.
María del Milagro Madrid vive intranquila. Su sueño es que en Río Nío haya un médico que atienda todo el día. “Horarios para enfermarse no hay, y mis bebitos se me viven enfermando de noche”, cuenta con preocupación. Es que el CAPS de la comuna sólo funciona de lunes a viernes, por la mañana, si es que el médico y la enfermera que viven en la capital pudieron conseguir un colectivo para llegar.
La mujer vive con su esposo y sus dos hijos, Milo (5) y Francesco (2). El mayor tiene problemas respiratorios. Es alérgico al cambio climático.
María recuerda que una noche se despertó por el ruido de la tos del, tan intensa que no le permitía hablar ni respirar. Parecía que se le habían tapado todos los conductos.
El CAPS estaba cerrado, aunque sí estaba la ambulancia que hace los traslados de urgencia al hospital más cercano, el de El Timbó. Sin embargo junto a su marido decidieron emprender viaje en su auto hasta la capital, para que lo atiendan en el Hospital Avellaneda.
“Gracias a Dios tenemos un auto, porque a veces la ambulancia no está”, se queja María, que padeció las dos horas más angustiantes de su vida durante el viaje. “Me daba pena porque no sabía si mi hijo podía respirar. Capaz que era algo así nomás, pero como mamá te desesperas porque no sabés qué es lo que tiene”, explica.
Salieron a las 4 de Río Nío, llegaron al Avellaneda a las 6, lo atendieron y pudieron volver a su casa recién a las 10. Por suerte sólo fue un susto.
Un pedido desesperado
La joven madre se queja por la atención del CAPS. “Si no tenemos salud no somos nada”, afirma. Y recuerda que una vez fue con su hijo a las 11 y que el doctor le contestó que ya había llegado tarde, aunque se supone que el horario de atención es hasta las 13. Dice que otra vez no la quiso atender y que a veces sus hijos son mal medicados y tiene que acudir a los centros de salud de la capital para encontrar soluciones.
“A la noche todos los niños se enferman. A veces no tenés plata para pagar el combustible y viajar. Entonces me encantaría que haya un doctor, me encantaría tener tranquilidad de ir a un lugar y que te mediquen ahí, no esperar dos horas hasta llegar al hospital”, pide.







