18 Junio 2004 Seguir en 
BAGDAD.- Con tres atentados con coches bomba que dejaron 48 muertos, la resistencia iraquí volvió a infringir ayer un duro golpe al intento norteamericano de reconstruir la infraestructura y a la cada vez más frágil seguridad del país del Golfo. El ataque más devastador se produjo contra una oficina de reclutamiento en Bagdad, que dejó unos 40 muertos y 130 heridos, algunos de bastante gravedad. Los otros dos objetivos fueron un edificio gubernamental ubicado al norte de la capital y una central eléctrica, al sur. No hay soldados estadounidenses entre las víctimas, comunicó el Pentágono.
El primer ministro iraquí Iyad Allawi dijo que la escalada de violencia -atribuida por EE.UU. a elementos extranjeros- no sorprende al gobierno. Desde Nueva York, en tanto, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo que la espiral de violencia hace imposible la presencia de una fuerza internacional de ayuda, cuya participación en Irak había sido determinada en la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.
La serie
Un coche cargado con explosivos y granadas de artillería estalló a la entrada de un centro de reclutamiento cercano al antiguo aeropuerto de Muthanna. El auto se dirigió a gran velocidad contra personas que hacían cola para conseguir un empleo en las milicias de protección civil. El caos y el pánico se apoderaron de la población, aterrada en medio de pedazos de cuerpos esparcidos por el suelo, charcos de sangre y personas gravemente heridas que pedían ayuda a gritos. No fue el primer ataque contra este lugar, ubicado junto a una base militar norteamericana. En otro atentado con coche bomba en Balad, 80 kilómetros al norte de Bagdad, perecieron seis miembros de la milicia de defensa civil, y otros cuatro resultaron heridos. La bomba estalló frente a un edificio gubernamental. La tercera carga explotó en la central eléctrica de Al Musayib, al sur de Bagdad, y causó dos muertes. Este fue el cuarto atentado en tres semanas contra la central, que provee de luz a las provincias de Hillah, Nayaf y Kerbala.
Entre tanto, en la ciudad santa chiíta de Kerbala la policía encontró un gran arsenal y arrestó a dos sospechosos; uno de ellos ex oficial iraquí, quien confesó pertenecer a una célula de la resistencia. (DPA)
ANALISIS
Los dos "patriotas"
WASHINGTON.- Hoy parece indiscutible que el presidente George W. Bush indujo a error a sus ciudadanos y a la opinión pública mundial con sus argumentos a favor de la guerra de Irak. Tras analizar las declaraciones de 1.000 testigos y dos millones de documentos, la comisión de investigación de los atentados del 11 de setiembre de 2001, en la que hay también republicanos compañeros de Bush, concluyó que no hay pruebas acerca de que haya existido cooperación entre Saddam Hussein y la red Al Qaeda. Por otra parte, las armas de destrucción masiva que eran una "amenaza inminente" nunca se encontraron.
No obstante, el demócrata John Kerry está lejos de haberse asegurado el triunfo, a cinco meses de las elecciones presidenciales. La confianza en Bush no desaparece tan rápido como quisieran los demócratas. Por un lado, muchos estadounidenses creen que el presidente y su vice, Dick Cheney, son auténticos patriotas. Para los neoconservadores, el aumento del radicalismo islámico, la inestabilidad en el petrolero Cercano Oriente y la amenaza sobre Israel requieren de una política ofensiva de EE.UU. La popularidad de Bush cae al 40%, pero no más abajo. El presidente se apoya además en la buena coyuntura económica: este año se crearon 1,2 millón de puestos de trabajo. (DPA)
Laszlo Trankovits
El primer ministro iraquí Iyad Allawi dijo que la escalada de violencia -atribuida por EE.UU. a elementos extranjeros- no sorprende al gobierno. Desde Nueva York, en tanto, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo que la espiral de violencia hace imposible la presencia de una fuerza internacional de ayuda, cuya participación en Irak había sido determinada en la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.
La serie
Un coche cargado con explosivos y granadas de artillería estalló a la entrada de un centro de reclutamiento cercano al antiguo aeropuerto de Muthanna. El auto se dirigió a gran velocidad contra personas que hacían cola para conseguir un empleo en las milicias de protección civil. El caos y el pánico se apoderaron de la población, aterrada en medio de pedazos de cuerpos esparcidos por el suelo, charcos de sangre y personas gravemente heridas que pedían ayuda a gritos. No fue el primer ataque contra este lugar, ubicado junto a una base militar norteamericana. En otro atentado con coche bomba en Balad, 80 kilómetros al norte de Bagdad, perecieron seis miembros de la milicia de defensa civil, y otros cuatro resultaron heridos. La bomba estalló frente a un edificio gubernamental. La tercera carga explotó en la central eléctrica de Al Musayib, al sur de Bagdad, y causó dos muertes. Este fue el cuarto atentado en tres semanas contra la central, que provee de luz a las provincias de Hillah, Nayaf y Kerbala.
Entre tanto, en la ciudad santa chiíta de Kerbala la policía encontró un gran arsenal y arrestó a dos sospechosos; uno de ellos ex oficial iraquí, quien confesó pertenecer a una célula de la resistencia. (DPA)
Los dos "patriotas"
WASHINGTON.- Hoy parece indiscutible que el presidente George W. Bush indujo a error a sus ciudadanos y a la opinión pública mundial con sus argumentos a favor de la guerra de Irak. Tras analizar las declaraciones de 1.000 testigos y dos millones de documentos, la comisión de investigación de los atentados del 11 de setiembre de 2001, en la que hay también republicanos compañeros de Bush, concluyó que no hay pruebas acerca de que haya existido cooperación entre Saddam Hussein y la red Al Qaeda. Por otra parte, las armas de destrucción masiva que eran una "amenaza inminente" nunca se encontraron.
No obstante, el demócrata John Kerry está lejos de haberse asegurado el triunfo, a cinco meses de las elecciones presidenciales. La confianza en Bush no desaparece tan rápido como quisieran los demócratas. Por un lado, muchos estadounidenses creen que el presidente y su vice, Dick Cheney, son auténticos patriotas. Para los neoconservadores, el aumento del radicalismo islámico, la inestabilidad en el petrolero Cercano Oriente y la amenaza sobre Israel requieren de una política ofensiva de EE.UU. La popularidad de Bush cae al 40%, pero no más abajo. El presidente se apoya además en la buena coyuntura económica: este año se crearon 1,2 millón de puestos de trabajo. (DPA)
Laszlo Trankovits
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