Empezó a correr en las sendas del cerro, bajó 42 kilos y cambió su vida

Alejandro Bazán tiene 29 años y un largo historial de carreras en su haber. Cuenta cuáles son los secretos para transformar los hábitos.

30 Dic 2018
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(Por Raquel Suárez) Hay quienes creen en las casualidades y otros que profesan la idea de que toda acción tiene su consecuencia o su efecto; en este caso, la historia se inclina hacia la segunda opción: una obligación se convierte en una pasión y palabras como perseverancia, constancia, coraje, ganas y determinación no son suficientes para ilustrarla. De todos modos, su protagonista asegura que el secreto es: “dejar de hablar tanto, cerrar el pico y hacer lo que uno se propone”.

Alejandro Bazán, el dueño de esta historia, tiene 29 años y es empleado de un matarife. Hace seis años logró cambiar su vida en la senda del trail mountain running (disciplina que engloba las carreras en sendas de montaña). Pero esa no es su peculiaridad, sino que durante estos últimos años perdió 42 kilos.

“No voy a decir que pasó rápido, porque fue un proceso. En 2010 perdí a mi mejor amigo y el mundo se me vino abajo, comencé a comer y comer y a aumentar de peso destruyéndome lentamente mientras aparentaba ser fuerte”, relata Bazán recordando las exageradas porciones de hamburguesas y sándwiches de milanesa que consumía. Continúa: “en 2012 tomé valor y decidí hacer algo para bajar de peso. Quise salir a caminar. Pero no podía. Entonces empecé con natación y a hacer dieta acompañado por mi madre”. En una primera etapa (intercalando natación y ciclismo) logró bajar 20 kilos. Compitió una sola vez en bicicleta, pero le bastó para darse cuenta que no era la disciplina ideal para él.

El gran cambio

“Terminé el TrasMonteros (48 kilómetros), desarmé la bici y dos días después salí a correr por las sendas de Horco Molle, donde antes practicaba ciclismo”, recuerda. En el pasado, nunca imaginó que años más más tarde iba a competir en carreras de alta exigencia.

“Comencé este recorrido como una obligación, porque quería bajar de peso. Pero a medida que iba adentrándome en este estilo de vida fui apasionándome”, asegura con una sonrisa de satisfacción, porque sostiene que sus logros son sólo suyos, ya que dio lo mejor de sí mismo. “No obstante -y durante la charla lo remarca varias veces- no hubiera llegado sin mis guías y fieles compañeros; uno de ellos fue mi mamá que me tuvo cortito al principio”.

“Podés tener al mejor nutricionista y al mejor entrenador. Pero el único que sabe cómo se deben hacer las cosas es uno. Hay que quererse mucho y no ponerse excusas”, subraya.

“En mi trayecto por la senda siempre me cruzaba con un grupo de entrenamiento al que me sumé   unos meses después. Y empecé con el entrenamiento específico, con una rutina de tres días a la semana”, cuenta Bazán. Agrega que arrancó en noviembre de 2013 con 106 kilos y detalla que durante un año realizó la misma dinámica de entrenamiento de tres a cuatro días en la semana. “El aprendizaje de la disciplina es progresivo y trate que siempre fuera así. Hay que mentalizarse en que esa es la única manera de llegar a la meta sin chocarse fuerte contra una pared”, aconseja.

Los años pasaron y comenzó a competir en diferentes carreras.  Modificó su rutina de entrenamiento a seis días a la semana; corre 16 kilómetros e intercala otras actividades, como la bici y el gimnasio. Con la mente puesta en nuevos desafíos, una vez a la semana va al kinesiólogo; lo hace para prevenir posibles lesiones en el futuro. “Correr, para mí, es una nueva forma de ver la vida”, sintetiza.

Como todo runner, Bazán sabe de sacrificios, de esfuerzos y de que es necesario poner toda la garra para lograr los objetivos que uno se plantea. Habla de lo importante que es proyectarse a corto, mediano y largo plazo. Sin embargo, cuando se le pregunta cuáles son sus objetivos principales responde que no son fijos, que se modifican constantemente, que están en puro movimiento, porque a cada logro se le suma un nuevo desafío. Y eso parece no tener fin.

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Horco Molle
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