Cómo cumplir tus metas: así lo hicieron ellos

La experiencia de quienes no sólo se plantearon desafíos, sino que lograron cumplirlos.

30 Dic 2018

René Sueldo

Parece que mira, pero su mente está más allá, viajando por un mundo posible, pero inexistente todavía. René Sueldo tiene 40 años y el entusiasmo de un niño. Cualquier idea de progreso, por loca que parezca, lo enciende y lo pone a maquinar estrategias. Vive elucubrando cómo lograr tal objetivo, cómo mejorar tal cosa, cómo ganar tal otra. Pero no busca beneficio solamente para él, que explota el rubro turismo, sino para los demás, niños y familias de bajos recursos son su debilidad. 

René es un emprendedor solidario. A través del deporte, que es su pasión, organiza proyectos en barrios vulnerables y en la cárcel de Villa Urquiza, y no se priva de viajar cada vez que puede ni de ser un padre presente. No descuida a sus amigos. 

¿Cómo hace todo eso? René se autopercibe como una persona obsesiva del orden y, a la vez, positiva, optimista. Le apasionan las metas y los desafíos, pero nunca construye castillos en el aire. “Me planteo objetivos alcanzables, que me ilusionen y me den alegría mientras los voy pensando. No importa si es un proyecto social, inmobiliario o recreativo, cuando empiezo a imaginarlo voy pensando cada estrategia, como cuando jugaba al rugby”, dice el ex rugbier del Lawn Tennis Club y del Barça Rugby, en Barcelona, España.

“Cuando ya tengo el proyecto armado en mi cabeza, lo plasmo por escrito. En una hoja de Excel anoto todos los ingresos y egresos del mes para que me den bien los cálculos. Cada vez me entusiasmo más y pongo mucha atención en cada avance. Trato de que mi ánimo se mantenga bien arriba. No dejo que nada me desilusione ni me haga caer en la rutina. Visualizo el éxito y siento que eso me hace mucho bien”, confiesa.

René es consciente de que todos los emprendimientos necesitan dinero para concretarse. Por eso es estricto en sus gastos. “Trato de no gastar más de lo que gano. Jamás recurro de créditos. Trato de no usar la tarjeta de crédito y los viajes los organizo a mi manera y alquilo un auto para tener independencia”, cuenta. 

Claro que cada historia tiene un origen: “de chico había visto a mi mamá trabajando 15 horas seguidas, sin viajar a ningún lado y esforzándose por darnos todo lo que necesitábamos. Yo no quería una vida así para mí. Entonces me dí cuenta de que había que vencer el miedo a perder lo poco que uno tiene y a confiar en uno mismo para poder aprovechar las oportunidades”. 

“En 2003 me ofrecieron un muy buen trabajo en una repartición pública. Yo estaba feliz. Ese día me fui a trabajar contento, junto con mi primo, a quien también lo hicieron entrar. Pero a la tarde de ese mismo día me llaman para ofrecerme jugar al rugby en Europa durante tres meses. No lo pensé dos veces. Hice la valija y me fui. Mis amigos y mi familia me querían matar, no podían entender lo que estaba haciendo. El tiempo me dio la razón. Mi primo sigue trabajando y renegando todo el día y yo empecé una nueva vida, llena de desafíos”.

René se había ido a Barcelona con 24 años y 400 dólares en el bolsillo y regresó a los 33 con un capital para invertir en Tucumán. “Yo visualizo lo que quiero y no le doy lugar a la idea de fracaso”, dice. Un día pasó por un lugar y vio un emprendimiento turístico abandonado. Pensó: si esto fuera mío haría esto y lo otro. Es lo que ocurrió cuando lo compró. 

Cada vez le agrega más cosas, lo mejora y lo renueva. Pero solamente le dedica al trabajo las horas que él decidió que valían la pena. El resto del tiempo lo destina a proyectos como el de “Pase a la libertad” en la cárcel y “Pinto mi barrio” junto a la Asociación de Prensa de Tucumán y a todos los vecinos del barrio El Sifón. 

Andrés Hatum

Es especialista en gestión de empresas (management). Publica un libro sobre su especialidad cada año y medio. Viaja por todo el mundo. Cada año, Andrés Hatum se sienta en su escritorio cuando termina la vorágine del día y, con “algo rico” para beber, empieza a diseñar sus metas para el año próximo.

“Elijo cinco títulos importantes, porque no se puede hacer tres millones de cosas en un año. Selecciono cinco cosas y voy tildando a medida que se cumplen. Algunas son las mismas todos los años, porque necesito que estén en la agenda, como hacer actividad física y escribir un libro. Para lograr esas metas les doy un espacio concreto en mi vida. Por ejemplo, los días que voy al gimnasio comienzo las reuniones a las 10. Lo convierto en algo inamovible porque si me dejo llevar por la vorágine voy a comenzar a trabajar a las 8 pero nunca voy a llegar al gimnasio”, dice.

“Para escribir un libro dejo libre todas las mañanas del primer semestre del año y no hago nada más que escribir. No le meto nada a la agenda. Al celular lo bloqueo para que nadie me llame y lo chequeo solamente cuando hago un break. Si hay algo importante o interesante lo respondo y, si no, sigo trabajando. Es difícil mantenerse firme porque la gente se enoja”, cuenta el también profesor de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires y autor de 13 libros (el último fue “El antilíder. Por qué las personas no renuncian a las empresas sino a sus jefes”).

Tomar vacaciones es algo indispensable previo al diseño de las metas. “Hay que desenchufar el cerebro”, propone Hatum. Para eso sugiere no mirar el celular màs que dos veces al día, y hacer lecturas distintas a las que uno hace durante el resto del año. En su caso lee novelas. “Este despeje de la mente nos clarifica para el resto del año”.  

Entre las cinco metas que no deben faltar las relativas a la familia, la salud y la generación de conocimiento. En este último punto Hatum incluyó para 2017 “trabajar en el exterior. Se me ocurrió Islandia – dice-. Quiero ver distintos modelos de empresas para después escribir un artículo para La Nación y también ver la aurora boreal. Logré todo lo que me había propuesto porque me lo impuse como objetivo”, cuenta. Las metas hay que escribirlas y tenerlas a mano, porque deben ser parte de la agenda.

“Saber decir no es algo fundamental. Cuando tenés el sí fácil, la agendita personal se va al diablo. Me encantaría que vengas a dictar una charla. ¿En qué fecha? Noo…”, dice el experto. También oxigenar la mente ayuda a llegar a las metas. Hatum suele caminar o a andar en bicicleta por Palermo. Por las noches, algún programa familiar, una novela o Netflix.  Sugiere reservar aunque sea un pequeño espacio personal, “no por egoísmo”, aclara, sino para generar un clima de creatividad que nos ayude a pensar.

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