Cartas de lectores

18 Dic 2018 Por LA GACETA
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¡Hay que demoler un edificio!

“La mejor noticia del año”. Piden la demolición del ex edificio de calle San Martín 730, y es lo mejor que nos puede pasar. No merece ser resguardado por Patrimonio Histórico, porque es solo una pared resquebrajada, sobre la vereda angosta en una calle muy transitada. Además, como señala LA GACETA, la última vez que el edificio estuvo en uso fue en 2011, pero sólo fue una muestra. Antes, y ahora, presentaba un avanzado estado de abandono. Son casi 10 años, mientras tanto los peatones tienen que hacer “fila india” para pasar, de a uno, en una calle poblada por bancos y oficinas, y esto sucede desde hace años. Yo escribí una Carta al Director hace varios años, sugiriendo demoler y ampliar la vereda, y hasta incluso se puede hacer una plazoleta. Si existe una idea mejor en buena hora, pero lo que dice la señorita Gabriela Lo Giúdice es un error: “perder ese edificio por el alto valor patrimonial, afecta todo el conjunto arquitectónico de esa zona”. Ella es de la Comisión de Patrimonio de la Provincia, y debería pensar en toda la ciudadanía que vive y transita, hoy, por esa arteria, y no por una pared histórica que no dice nada. Sostengo: ¡Urgente la demolición y ampliar la vereda, ya!

Rodolfo Dagum

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Los "chalecos amarillos"

El movimiento “no tiene líderes ni ideología clara y surgió en la periferia de Francia, donde el transporte público es escaso y el auto se convierte en un medio vital para trasladarse de un lado a otro” (LA GACETA). El aumento de los precios del combustible en el mismo año en que se ha suprimido el impuesto sobre las fortunas, le ha valido al mandatario el apodo de Luis XIV, el monarca al que se le atribuye la frase: “Tomen dinero de los pobres, son muchos y nunca se quejan”. Entre los manifestantes hay muchos jubilados y habitantes de pequeñas áreas urbanas y rurales. En las clases medias rurales “el sueldo promedio es de alrededor de 1.200 euros, el gasto de combustible por mes podría llegar a rondar el 50% del presupuesto de un trabajador”. Los “gilets jaunes” (chalecos amarillos, en francés) acusan a los políticos de turno de buscar llevar adelante programas típicamente “Bo-Bo” (bohemios y burgueses), diseñados desde oficinas a las que se llega en monopatín eléctrico, pero con un desconocimiento supino acerca de lo que sucede en las rutas. Se reivindica como un movimiento nacional que está por encima de las clases sociales. Despliegan banderas francesas y cantan el himno nacional. Los políticos de izquierda y derecha francesa, con el movimiento, son muy cautelosos. Son conscientes de que una huelga indefinida crearía una situación revolucionaria. El “chaleco amarillo” forma parte del kit de auxilio que deben llevar los automovilistas para casos de accidentes; es un emblema del estado de emergencia social en que se encuentra la inmensa mayoría de los franceses. La desocupación ronda el 10% desde hace una década. Nueve millones, el 15% de la población se encuentra debajo del nivel de pobreza. La mitad de los franceses gana menos de 1.700 euros. El peso de la deuda pública y el pago de sus intereses es importante. La economía de Francia está condicionada por el fuerte ajuste que le impone la economía alemana. Los chalecos amarillos representan una porción importante de la pequeña burguesía propietaria o monotributista afectada por el aumento persistente del combustible y del transporte. La clase obrera, como tal, no interviene, pero sí un gran número de trabajadores precarios, incluido el precariado moderno de las tecnológicas y los trabajadores monotributistas. Los chalecos amarillos no son la referencia histórica de Francia, sino su clase obrera que debe ser convocada a una iniciativa en sus propios términos.

Pedro Pablo Verasaluse

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Conciencia sobre la deuda

De acuerdo a las informaciones emitidas por el Ministerio de Hacienda de la Nación, la Deuda Pública Bruta de la Argentina (que incluye a la deuda externa) asciende, en el segundo trimestre de 2018, a U$S 327.000 millones. En relación a la deuda heredada, aumentó un 32%, guarismo equiparable al incremento de la deuda durante el mandato kirchnerista. Eso sí, vale aclarar, que a la década ganada se la conoce así por tener soja a U$S 600, superávit fiscal, endeudamiento cero (porque nadie le prestaba un centavo a la Argentina gracias al celebrado default); cepo cambiario, para evitar fuga de capitales (en teoría), etcétera, lo que se dice “viento de cola”. ¿Cómo se explica la expansión de la deuda? El marco que encuadra la situación del actual Gobierno transcurre entre minorías, en ambas Cámaras, devaluación salvaje, inflación descontrolada, nichos encapsulados de problemas que acarrean gastos adicionales como obra pública sin terminar, pero pagada en su totalidad. A eso hay que sumarle la enorme cantidad de subsidios y la empleomanía para asegurarse triunfos electorales que inflaron el Presupuesto nacional, además de dejar anémicas las reservas del BCRA. El empréstito acordado con el FMI viene a sumarse a las reservas el BCRA. No son para uso discrecional ni gastos corrientes. Ahora bien, en ese contexto tildar a la gestión de Macri de pésima es, como mínimo, temerario, a pesar de los errores propios y ajenos que certeramente asumió como suyos y afrontó sin dilaciones. Respecto del tema “cuadernogate”, dije que durante la gestión Kirchner, de acuerdo a una estimación, correspondería la falta de dinero en las arcas del Estado al valor aproximado de un PBI. De lo relatado en la documentación expuesta, los retornos de la obra pública estaban constituidos por el adelanto de capital para la ejecución de las obras. Unos hablan de un 30%, otros de un 20%. Wagner, empresario arrepentido, presidente de la Cámara de la Construcción de la República Argentina, declaró en sede judicial que era el nexo entre el Ministerio de Planificación y los empresarios (varios ya detenidos y confesos en calidad de imputados colaboradores) y que los retornos eran de un 20%, menos impuestos. Si esto se hace extensible al gasto público en general que, en 2015, era de un 42,2 % del PBI y extensivo a los 12 años del mandato anterior, ascendería a la friolera de U$S 490.000 millones. Pero como no todo el gasto público es obra o incremento de capital, estimaremos que en realidad sea la mitad (U$S 240.000 millones). Un PBI promedio es aproximadamente U$S 350.000 millones. Coincidencias aparte, la Deuda Pública Bruta entregada por la gestión anterior era de U$S 240.000 millones. ¡Qué hermosa oportunidad de quedar en el bronce que perdió el matrimonio Kirchner! Por último, suponiendo que estos cálculos -que están chequeados, pero no puedo enumerar aquí por una cuestión de espacio- sean erróneos, lo que más me sorprendió de la carta del señor Beltrán, es que me tilda de poco serio por tirar una cifra al voleo. Nunca, por más que sea falso el dato de que desapareció dinero durante la gestión kirchnerista. A confesión de parte, relevo de pruebas.

César Cortés

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Juicio para el asesino de “Valiente”

Finalmente, elevaron a juicio oral al asesino de nuestro “valiente”. En tiempo nunca antes visto, la Justicia se portó como tal. No dudes que en esta decisión de llevarlo a juicio, para después de la feria, tenés vos, amigo, hermano, mucho que ver. Nada es gratuito hoy. La elevación a juicio es el resultado de haber puesto tu solidaridad hacia una tragedia que no sólo se llevó a “valiente”, sino que destruyó una familia toda. Como en las marchas decíamos: “El pueblo unido jamás será vencido”. La decisión de elevación a juicio es una evidencia de que no podemos dudar: es así. Si en todos y cada uno de los casos que agredan a un vecino nos unimos para exigir seguridad y justicia para todos, estaremos poniendo nuestro granito de arena para que los funcionarios públicos entiendan que democracia significa que el poder lo tiene el pueblo. La familia de “valiente” tiene el compromiso moral de acompañar cada protesta. Recordemos que estás muerto cuando cualquier injusticia contra otro no te duele como si fuera contra vos mismo. Vamos a honrar la vida y, así, mostrarles a los funcionarios elegidos para que nos defiendan, qué es solidaridad y qué es compromiso con el pueblo.

José Alberto Villegas

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