La mitad de los institutos privados tucumanos tiene perfil confesional

Los colegios que dependen de parroquias subsisten con cuotas mínimas. Subsidios

DÉFICIT EDILICIO. Los parroquiales apenas logran para pagar sueldos. la gaceta / foto de Antonio Ferroni
DÉFICIT EDILICIO. Los parroquiales apenas logran para pagar sueldos. la gaceta / foto de Antonio Ferroni
23 Noviembre 2018

Hace varias décadas solían ser gratuitos, pero ahora cobran cuotas mínimas para poder funcionar. Son los llamados “colegios parroquiales” porque nacieron por iniciativa del cura y de la comunidad de la parroquia, la mayoría de las veces para llevar educación donde no había. Generalmente se ubican en zonas vulnerables de capital y el interior y para muchos chicos son la única opción para seguir estudiando.

El instituto San Joaquín de Trancas se fundó hace 56 años en esa ciudad, cuando todavía el Estado estaba ausente en esa parte del interior. Fue el primer colegio secundario y después de 30 años recién se creó una escuela pública, cuenta la rectora del instituto, Mirta Moyano. El colegio tiene 254 alumnos de nivel medio, 45 del terciario y 20 de diferentes tecnicaturas. “Cobramos una cuota de $ 810 y con eso debemos pagar el sueldo del 30% de la planta docente, porque los aportes del Estado no llegan a cubrir el 100 %. Además tenemos los gastos de funcionamiento de la institución (servicios públicos e insumos) y apenas llegamos. En este momento sufrimos serios problemas edilicios que no podemos resolver”, lamenta.

En Tucumán hay 25 colegios parroquiales que dependen del Arzobispado de Tucumán y otros tres que están bajo la jurisdicción del obispado de Concepción. Todos cumplen una función social esencial. “Muchos colegios han crecido en los últimos años por la necesidad de la comunidad. Hoy se educan en colegios parroquiales 12.200 niños y jóvenes. Eso ha llevado a tener que contratar más docentes, como por ejemplo directores de estudio, pero los aportes del Estado no han acompañado de la misma manera ese crecimiento. Hay un desfase de entre el 30 y el 60% que queda a cargo de cada establecimiento”, explica el padre Fernando Giardina, vicario de Educación del Arzobispado de Tucumán. “A los sueldos docentes, en muchos casos, se agregan las contribuciones patronales que la provincia ya no reconoce como sí lo hacía la Nación, antes de la transferencia”, explica el sacerdote.

Las cuotas de los colegios parroquiales rondan los $ 800 y $ 1.000. Los docentes de esos establecimientos cobran lo mismo que los que dependen de la Provincia, aunque no tienen que pasar por la Junta de Clasificación. La última actualización de las cuotas implica un desembolso de entre $ 100 y $ 150 por cada padre. “Aunque no consigue equilibrarnos es un paliativo para poder seguir prestando el servicio, sino se hace prácticamente insostenible”, afirma el vicario al defender el retroactivo a septiembre.

Algunos colegios parroquiales son, por ejemplo, el de Nuestra Señora de Fátima, que depende de la parroquia del mismo nombre en Villa Urquiza, o los tres fundados por monseñor Gregorio de Jesús Díaz, en Banda del Río Salí, donde no había ninguno.

Los colegios congregacionales dependen de congregaciones como la de las Hermanas Dominicas, que tienen dos colegios, Santa Rosa y Santa Catalina. Los confesionales pueden ser de distintas religiones: católicas, judías, adventistas y otras. En Tucumán hay un centenar de colegios privados con 150.000 alumnos, y el 50% está relacionado con la fe.

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