Primera carrera oficial en Tucumán

Primera carrera oficial en Tucumán

EN EL PARQUE 9 DE JULIO. La carrera que recorrió las cuatro avenidas que rodean el paseo fue ganada por el piloto invitado Rigantti en la categoría de fuerza libre en menos de tres horas.  EN EL PARQUE 9 DE JULIO. La carrera que recorrió las cuatro avenidas que rodean el paseo fue ganada por el piloto invitado Rigantti en la categoría de fuerza libre en menos de tres horas.
13 Noviembre 2018

HOJEANDO EL DIARIO

MANUEL RIVA

LA GACETA

La primera competencia oficial de automovilismo, nos referimos a las controladas y homologadas por el Automóvil Club Argentino, fue ganada por el volante porteño Raúl Riganti con un auto Hudson en la categoría “fuerza libre” el 11 de noviembre de 1928.

La jornada reunió tres carreras, la ya mencionada y dos destinadas a autos standard, chicos y grandes. Ambas categorías fueron ganadas por Germán Rivera con Ford. Ese día, que había generado mucho entusiasmo en los fanáticos del automovilismo tucumanos, se presentó con calor intenso y eso restó brillo al evento.

ANUNCIO. LA GACETA le dio una gran cobertura a la competencia que generó gran expectativa entre los tucumanos interesados en el automovilismo. ANUNCIO. LA GACETA le dio una gran cobertura a la competencia que generó gran expectativa entre los tucumanos interesados en el automovilismo.

La competencia, que debía comenzar a las 9, largó su primera tanda casi 50 minutos más tarde. El circuito elegido fueron las cuatro avenidas que rodean el parque 9 de Julio: Soldati, Benjamín Aráoz, Coronel Suárez y Gobernador del Campo, que eran de tierra y ripio compactado.

La crónica resaltaba que mucho público se ubicó bajo las arboledas donde improvisaron almuerzos y comidas a la espera de las distintas alternativas que tuvieran las carreras. Además se destacó el servicio de confitería que fue amplio y variado.

ESTRELLAS. Riganti (foto grande) fue la figura. Los hermanos Mateucci (abajo) en el auto “El tucumano”. Rosanigo en el coche número 4. ESTRELLAS. Riganti (foto grande) fue la figura. Los hermanos Mateucci (abajo) en el auto “El tucumano”. Rosanigo en el coche número 4.

Los competidores

La grilla de largada en las diversas categorías reunió a los pilotos más importantes del momento. En la mayor, “fuerza libre”, se inscribieron cuatro vehículos. Los corredores fueron el tucumano Luis Matteucci, Riganti, Curio Rossanigo y Vicente Ferrari.

En la segunda categoría standard (coches grandes) se anotaron seis corredores: Rossanigo, Antonio Villalón, Miguel Bru, Rafael Salazar, Sebastián Olivera y Sanzio Bossini.

En la primera categoría standard (coches chicos) fueron de la partida Félix Yáñez, Fidel Rivero, Manuel Ocari, Carlos Caracci, Miguel Bru, Antonio Villalón, Federico Alvarez, Sebastián Olivera y Manuel Rodríguez.

En categoría chica había autos Ford, Chevrolet y Rugby.

COMPETIDORES. Mateucci y Riganti aparecen juntos en la cabina del Hudson denominado “El Tucumano” recorriendo el circuito. COMPETIDORES. Mateucci y Riganti aparecen juntos en la cabina del Hudson denominado “El Tucumano” recorriendo el circuito.

En “fuerza libre” se esperaba una lucha pareja entre el ganador y Matteucci pero problemas en el auto de este último volvieron la disputa desigual. En el relato de nuestro cronista se muestra algo de lo dramático de la jornada. “La máquina de los hermanos Matteucci mostrándose muy pesada desde los primeros momentos de iniciada la carrera y fue así que la cuarta vuelta debió ser detenida para perder unos siete minutos en arreglos del radiador, desde cuyo momento el volante Luis Matteucci abandonó la dirección ocupando ese puesto, con mucho espíritu deportivo, su acompañante Dándalo Matteucci, a quien acompañó Francisco Ferrari”.

TODO LISTO. El público rodea los coches de la carrera  de fuerza libre poco antes de la largada. TODO LISTO. El público rodea los coches de la carrera de fuerza libre poco antes de la largada.

El coche siguió en la carrera, pero con dos vueltas menos, con un andar regular lo que le permitió alcanzar la segunda posición en el final de la prueba. Por su parte, Rossanigo, tuvo un andar parejo hasta la vuelta 15 y se mantenía en la segunda posición hasta que dos vueltas más tarde, se detuvo en boxes hasta la vuelta 34, cuando recién pudo volver a la pista pero ya sin ninguna posibilidad.

El restante coche, al mando de Ferrari, también presentó algunos problemas. Los inconvenientes del resto de los competidores facilitaron el accionar de Riganti quien triunfo si mayores sobresaltos y quitándolo mucho de competitivo a la prueba.

La prueba tuvo un recorrido de 300 kilómetros que el ganador realizó en dos horas 59 minutos y 17 segundos. Otra curiosidad de la jornada fue que en la segunda categoría se había inscripto Rossini, pero no se presentó; fue reemplazado, a último momento, por Rivera que se inscribió pagando el doble y se llevó el triunfo. El récord de vuelta también correspondió a Riganti con poco más de 110 kilómetros cuando realizaba la vuelta 39 en la que empleó tres minutos 15 segundos.

El logro de aquella primera fecha oficial fue que llegaran a correr en nuestra provincia figuras de calibre nacional. En este sentido, nuestro cronista de hace 80 años decía: “para Tucumán no puede ser sino signo de legítimo orgullo haber conseguido que en el mismo año lleguen hasta nuestras pistas dos figuras como Bucci y Riganti y también hoy un volante de la talla de Rossanigo que es indudablemente un automovilista de grandes méritos”.

Como dato interesante los hermanos tucumanos Matteucci prepararon un coche con alrededor de 10.000 pesos. En la carrera de “fuerza libre” que dio 50 vueltas al circuito para cubrir los 300 kilómetros repartió premios por 3.000 pesos al primer lugar; 1.500, al segundo y un tercer premio de 500. La primera categoría standard recorrió 90 kilómetros, unas 15 vueltas, repartió 500 pesos al primer lugar, 300 al segundo y 200 al tercero. La segunda categoría standard recorrió 120 kilómetros en 20 vueltas repartió 1.000, 500 y 300 pesos.

Llega Riganti

Riganti arribó dos días antes de la carrera por el Central Argentino y fue recibido por el presidente de la Sociedad de Agentes de Automóviles y anexo, Juan Ribó, y por el presidente de la comisión de carreras, Luis Matteucci. A poco de su arribo y tras llegar hasta el hotel, el piloto fue hasta el parque a reconocer el circuito. Tras ello fue hasta los talleres de la Agencia Matteucci donde estaban preparando el vehículo que iba a conducir en la carrera. La noticia expresaba: “el súper Hudson, blanco como una gaviota, ha llegado tal como quedó después de finalizar la carrera del Circuito de Córdoba”, en la que había competido una semana antes. Los autos de Riganti y Rosanigo habían sido trasladados desde Córdoba en el ferrocarril Central Córdoba.

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Los Mateucci

Nuestro diario destacaba el esfuerzo de los hermanos Mateucci que prepararon ellos mismo el Hudson blanco que usaron en la prueba y que se llamaba “El tucumano”. Además se esperaba que tuvieran una buena performance en virtud del esfuerzo realizado para estar en la carrera. “Y en justicia bien se lo merecen por la gran influencia que han tenido ellos en el progreso del automovilismo de esta provincia”, resaltaba nuestro cronista.

Entre los anuncios previos a la gran competencia se destacaba la información sobre la pista donde se corrió la carrera. El cronista expresaba: “hemos recorrido el circuito y está en buenas condiciones, pero cabe esperar de la comisión administradora que a fin de evitar la molestia y hasta inconvenientes que pudieran acarrear contratiempos, disponga sean pasadas las máquinas aplanadoras siquiera unas tres o cuatro veces sobre la pista”.

La noticia agregaba: “el parque ha sido alquilado por la suma de 2.500 pesos para que se realice la carrera”. La seguridad también era tema de análisis. En la crónica se expresaba que se debía evitar por todos los medios que los espectadores cruzaran la pista aunque no aparezca coche alguno. En tal sentido se recomendaba al público “poner freno a sus entusiasmos y sus ansias de ver más, olvidándose que esas actitudes son las que mayor peligro ponen en estas reuniones”.

Fecha del calendario

Tucumán era número puesto en el calendario automovilístico argentino. Las competencias se habían iniciado en 1924 con la primera carrera en el circuito que une San Pablo con Tucumán.

En los tres años siguientes, 1925, 1926 y 1927, se efectuaron una competencia por año. Pero en 1928 la provincia recibió dos fechas automovilistas una en mayo y la de noviembre que se desarrolló en el circuito del parque. Esta última competencia fue la primera controlada por el Automóvil Club Argentino, convirtiéndola en la primera en ser oficial y homologación internacional.

Primera en Argentina

La primera carrera de automóviles que se realizó en el país tuvo lugar a principios del siglo XX. Las informaciones periodísticas consignaban que uno de los corredores de la competencia de 1901 habría sido un joven de la alta sociedad y que unos 20 años más tarde se convertiría en el presidente de los argentinos, estamos hablando de Marcelo T de Alvear.

En aquella primera competencia participaron según algunos cuatro vehículos y según otros, siete. Entre ellos había uno con motor a explosión que usaba como combustible bencina y era de marca Rochester. Los restantes eran los famosos locomóviles que usaban como planta impulsora una pequeña caldera de vapor.

Alvear disputó palmo a palmo la carrera hasta que un problema con la cadena de engrane lo relegó a la tercera posición.

El triunfador fue Juan Cassoulet cuya familia se dedicada a la venta de velocípedos, motocicletas y automóviles. En 1906 se realizó la primera carrera en un circuito de Sudamérica, la prueba recorrió el camino del Bajo (hoy avenida del Libertador) largando desde la Recoleta y hasta el Tigre hotel.

Aquella competencia fue iniciada por 24 vehículos y uno de ellos era el de Dalmiro Varela Castex, presidente del Automóvil Club.

Locomóvil

“Ayer a las nueve, en la plaza Independencia, frente a la Catedral había un numeroso grupo de personas que rodeaban el locomóvil a vapor de propiedad del Sr. ingeniero Stavelius. Muchos de los que allí estaban no se daban cuenta de lo que significaba esa máquina; más de uno creía estar en presencia de un ómnibus ametralladora. A las 10 y media emprendió su marcha majestuosa, impulsada por el vapor, tomando la calle Belgrano (actual 24 de Setiembre) hasta el punto de su destino”. Esta corta crónica fue publicada el 31 de julio de 1874 en el diario La Razón de nuestra provincia.

Del locomóvil de Federico Stavelius no se tienen ni imágenes ni más datos que los aportados por la crónica, pero es de suponer que la “marcha majestuosa” no debe haberlo sido tanta, ya que aquellos motores con sus vibraciones, vaivenes, ruidos, silbidos y vapor no dejaban lugar a una recorrida limpia, silenciosa y placentera.

De todas formas, debió haber sido un momento sublime, quizás la primera vez que se podía ver rodando por nuestras calles un bólido que no era tirado por caballos, bueyes ni mulas. El ingeniero trabajaba en el tendido de las vías férreas que unirían a Tucumán con Buenos Aires y que se habilitaron en 1876.

En 1887, Varela Castex importó un triciclo a vapor, y restaban unos 19 años para que ingresara el primer automóvil al país.

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