La serie entre Boca y River que nadie olvidará

Puentedura y Sosa, ex River y Boca, respectivamente, hablan del presente y pasado del duelo más atrapante del continente

06 Nov 2018 Por Miguel Eduardo Décima
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EN LA GACETA. Gabriel, alejado del fútbol profesional, trabaja en una empresa exportadora. Franco, en cambio, dirige y preside a su amado Ñuñorco. la gaceta / foto de franco vera

Desde el mismo momento que se supo que Boca y River definirían esta nueva edición de la Copa Libertadores, el tema central en cada mesa de café fue, precisamente, el superclásico más histórico de todos los tiempos. Ni inflación, ni aumentos de tarifas, ni cotización del dólar. Nada. Solo fútbol. El primer cruce, el de este sábado, a las 17, en La Bombonera, tomó posesión de todos los debates. De Ushuaia a La Quiaca.

Tucumanos ellos, Gabriel Puentedura jugó en el “Millonario” durante la temporada 1982/83, y Franco Sosa, “xeneize” entre 2011 y 2013, se reunieron para contar viejas historias y analizar la final para LG Deportiva. Fue una charla cordial y amena donde ambos plantearon el deseo de vivir un superclásico sin violencia.

“Jugué cuatro clásicos, dos por los puntos y dos de verano, en Mar del Plata. Como hincha de River que soy, con mucha amargura puedo decir que nunca pude ganarle a Boca”, reconoce Puentedura, arquero en sus años mozos . Su despegue fue en Central Norte. Luego pudo darse el lujo de atajar para Atlético y San Martín, entre otras instituciones, antes de firmar con el club de Núñez. “No hay nada que iguale la atracción que estos partidos despiertan en la gente”, sostiene el hombre de 61 años y varias batallas en el fútbol.

EL PASADO. Puentedura posa junto a Gallego y Tarantini, dos íconos de River.

“En mi época de jugador de Boca a este partido lo empezaba a trabajar desde lo mental mucho antes de jugarlo. Ahora lo vivo de otra manera. Me voy a una confitería con mis amigos y pasamos largo rato analizando lo que pasó y lo que puede pasar, como en esta serie”, revela Sosa, hoy presidente y técnico en función del club de lo vio nacer: Ñuñorco.

A Mar del Plata pueden decirle “La Feliz”, pero cuando se trató de enfrentar al “Xeneize” Puentedura lejos estuvo volverse a casa contento. “En uno de esos clásicos de verano llegamos tarde al estadio, culpa de un embotellamiento. Había que cumplir sí o sí con el horario por imposición de la TV, así que nos fuimos cambiando en el colectivo. Buscando ponerme a clima, ya en partido, iba y venía hacia el punto penal. A los cinco minutos de juego, Roberto Pasucci se aviva y me tira un pelotazo desde mitad de cancha: la pelota se clavó dentro de arco. Me quería matar, sobretodo porque el que me había hecho el gol no le hacía goles a nadie”, se ríe Puentedura.

Sosa, más analítico, se anima a exponer cuán valioso para los dos clubes puede ser el partido de ida en La Boca. “Si alguno de los dos logra sacar una ventaja el sábado, llegará con tranquilidad a la revancha. Los dos técnicos se conocen bien y no querrán dar ventaja a la hora de plantear los partidos”, considera Sosa, que también festeja por aparte estar con su “Tigre” monterizo entre los semifinalistas del Anual liguista. Con la mirada y unos gestos, Puentedura, apoya lo dicho por Sosa.

En donde también se ponen de acuerdo los dos es en lo que sucederá con el ganador y el perdedor. “El que gane,entrará en la historia grande de su club. En cambio, el que pierda recibirá un duro golpe en lo anímico que será difícil de superar en lo inmediato”, dicen casi a coro los dos. “Si Boca y River llegaron a esta instancia es por algo. Serán encuentros atrapantes que se jugarán con el cuchillo entre los dientes”, agrega Sosa.

“Bajo ningún aspecto se pueden comparar los clásicos de hoy con los que me tocaron jugar a mí en la década del ’80. El ritmo que se le da al juego es otro hoy. También la intensidad con lo que lo vive la gente. Ahora se organiza todo como un espectáculo que se vende a al mundo entero, con la presencia de turistas”, ejemplifica Puentedura, y remata con una frase que lo dice todo: “el sentimiento del hincha por su club perdura a través del tiempo. Es verdad cuando se dice que uno puede cambiar de novia, de sexo, pero de club nunca vas a cambiar. La vida me dio la chance de jugar varios clásicos: River-Boca, Huracán-San Lorenzo, Colón-Unión y San Martín-Atlético, y con conocimiento de causa puedo decir que el fanatismo que tiene el hincha argentino es inigualable en el mundo. Uno sabe que a esos partidos se juegan dos veces al año y tenés que prepararte para responderle a tu hinchada”.

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