> LA MISA DE HOY
PBRO. MARCELO BARRIONUEVO
Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes y dales el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.
Maestro bueno, ¿qué he de hacer para conseguir la vida eterna? (Marcos 10, 17-30) le pregunta un joven rico a Jesús. Puesto que el joven ya cumplía los mandamientos desde su niñez, el Señor, fijando en él su mirada, lo amó con un amor de predilección y lo invitó a seguirlo dejando a un lado lo que poseía. Pedro, testigo de este episodio, recordaría esa mirada de Jesús que también (Juan 1, 42), en el comienzo de su vocación, se había posado sobre él y había cambiado el rumbo de su vida. Y la vida de Pedro ya fue otra.
¡Cómo nos gustaría contemplar esa mirada de Jesús! Sin embargo, el joven rico no correspondió a la llamada del Maestro y una profunda tristeza anegó su alma. Cada uno de nosotros recibe una llamada particular y una mirada llena de amor de Jesús, y la respuesta a esta invitación contiene toda la paz y la felicidad verdaderas. El joven poseía muchos bienes y su corazón estaba en ellos. ¡El gran tema histórico del corazón humano!
¿Cómo bajar a la realidad de hoy lo que nos plantea el Evangelio? Indudablemente, la posesión de cosas ha sido la tentación permanente del hombre de todos los tiempos; constituye una gran ansiedad del corazón humano. Pero justamente es lo que le hace perder el horizonte al hombre llamado a una riqueza eterna superior a los bienes temporales.
La pobreza injusta
Esto no implica ocultar la injusticia de la pobreza que se vive hoy en amplios sectores de la sociedad y del mundo. La pobreza es virtud espiritual en orden al Reino de los Cielos, pero sufrir carencias de bienes fundamentales es injusto. Argentina tiene el 30% de las personas bajo la línea de la pobreza e y así ninguna Nación se levanta. Un ajuste que empobrece cada día mas hace perder posibilidades y tiempo de crecimiento, en la sociedad y en las personas. Un país rico en valores y riqueza natural con muchos pobres no conduce a nada. Se ha banalizado la crisis y se nos entretiene en un orden que hace que algunos crezcan financieramente frente a otros que viven ajustados, aprisionados en la angustia de no lograr llegar a fin de mes y sobrevivir.
En los momentos difíciles el hombre debe ayudar al hombre; los cristianos estamos llamados a ser imperiosamente solidarios y a procurar un camino fuerte de ayuda los unos por los otros.







