El monopatín prolifera en las calles de Rusia para ir a trabajar, a hacer compras o pasear

28 Jun 2018 Por Guillermo Monti
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la gaceta / fotos de guillermo monti (enviado especial)

Al contrario de lo que sucede en otros países de Europa, en las grandes ciudades de Rusia la bicicleta corre en desventaja. Tal vez se deba a que, además de intenso, el tráfico es heterogéneo a partir de la convivencia de distintas clases de autos de alquiler (taxis, taxis VIP, remises, Uber), líneas de ómnibus y tranvías, además de los vehículos particulares. Sobresalen las motos de alta cilindrada, pero lo llamativo es la ausencia de scooters, un clásico de España, Italia y Francia. Con este panorama se entiende que en Moscú, en San Petersburgo y en Nizhni no haya rastros de ciclovías.

No obstante, para los amantes de la actividad física y del cuidado del medio ambiente se percibe una notoria proliferación de usuarios del monopatín. Lo que en Argentina se reduce a la categoría de juguete, en Rusia lo emplean personas de todas las edades, por las calles y por las veredas, en los parques y en las plazas. Y pese a que la variedad motorizada figura entre las opciones, a la partida la ganan los monopatines clásicos, de metal -pintados de distintos colores-, que pueden ser de dos, de tres o de cuatro ruedas. Para ir a trabajar, para hacer las compras o para pasear, junto a los monopatines crece el uso del skate. En el radio céntrico, a bordo de ellos se ve a jóvenes de traje.

El alcoholismo es un problema de salud pública muy serio en Rusia y uno de sus lógicos efectos es el deterioro de la condición física de la amplia porción de la ciudadanía que padece la adicción. Pero a la vez es un país reconocido por la difusión de las prácticas deportivas y por la cantidad y calidad de sus atletas. El uso de estos pequeños vehículos no contaminantes y tan beneficiosos para la salud es una política alentada por el Estado, sobre todo entre los niños. El efecto contagio que genera la presencia de un monopatín en la casa -explican- provoca que empiecen a usarlo todos los miembros de la familia.

De todos modos, por más que el uso de skates y monopatines crezca de manera exponencial, la del tránsito caótico es una de las cuestiones que más lejos están de resolverse, al menos en Moscú. Los embotellamientos están a la orden del día, tanto en la zona céntrica del Kremlin como en las avenidas y en las autopistas que comunican con los barrios periféricos. El subte transporta a millones de moscovitas, pero tampoco proporciona una solución definitiva. El resultado: estrés y polución.

El sistema de alquiler de bicicletas está demasiado enfocado al turismo y rinde los mejores resultados en los parques, pero no cuando se trata de recorrer las zonas históricas o comerciales. No hay dónde dejarlas, por más que esté claro que el índice de robos es bajo. No se trata de inseguridad, sino de incomodidad. De allí que, para quienes se animen, lanzarse por las calles rusas en monopatín sea un plan que vale la pena intentar. Y, mejor aún, puede que la práctica entusiasme para exportar el modelo.

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